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PARRESHÍA

Obnubilada capacidad de asombro

Foto: lfmopinion.com


Habilidad, sagacidad y disimulo.

La diplomacia, si me permiten, es saber llevar buenas relaciones en los más enconados problemas.

Nadie le ha pedido al Presidente que tenga malas relaciones con los Estados Unidos, pero sí que, llevando relaciones “diplomáticas” defienda la dignidad de México y de los mexicanos.

Actuar con dignidad y como Jefe de Estado no es, y menos implica, tener que llevar malas relaciones, pero sí entraña respetar su investidura y al pueblo que representa. Es cierto, lo cortés no quita lo valiente, pero tampoco impone sumisión.

Si bien, por un lado, es correcto no caer en el juego de lavadero de Mr. Trump, ansioso de tener una verdadera crisis migratoria con México para aderezar su discurso electorero e imponer su muro de la ignominia; habrá que saberlo hacer exigiendo el respeto que nos merecemos como Nación soberana, como vecino y como principal socio comercial.

Por no faltarle el respeto a Trump, se nos falta a los mexicanos.

Ahora bien, si quiere llevar buenas relaciones no debió abrir de par en par la frontera sur e invitar a todo centroamericano a venir a México a encontrar empleo y felicidad; tampoco debió mandar a su Secretaría de Gobernación a recibirlos en la línea fronteriza ni disponer patrullas para escoltarlos hasta la frontera norte y transporte para moverlos.

Nada podría ser más paradójico: las medidas hasta hoy implementadas por este gobierno abonan a crear la crisis de emergencia fronteriza que alega el Presidente vecino en favor de su política, muro y campaña, al tiempo de generar una bomba de tiempo en los municipios y estados fronterizos convertidos en campamentos de migrantes en espera de resolución de su situación migratoria en Estados Unidos. ¿Y su situación en México, no debiera importarnos desde antes?

Más regresemos al proceder de nuestro Presidente este fin de semana.

Ha de ser muy lamentable tener vocación diplomática, cursar licenciatura en relaciones internacionales, quemarse las pestañas leyendo historia y geopolítica, haber escalado pacientemente un servicio de carrera en el servicio exterior, y observar los dislates y procesamiento de decisiones en nuestra política exterior hic et nunc.

Y sorprende, a cual más, el silencio de nuestro Senado, corresponsable de nuestra política exterior.

La diplomacia no solo implica dignidad, también inteligencia, conocimiento y valoración de situaciones y efectos. No en balde, además, unas de sus acepciones son: habilidad, sagacidad y disimulo.

Por ello sorprende que el Presidente haya decidido montar uno más de sus teatros para así pretender zafarse de un problema que amenaza en convertirse en el punto de quiebre de su gobierno.

La propia Secretaria Sánchez Cordero ha admitido que la migración centroamericana se salió de cauce, que los servicios de inteligencia, por ellos desmantelados, no están operando para detectar migrantes con fines delictivos o de otro tenor aún más peligroso, que los munícipes fronterizos han prendido las alarmas por el hacinamiento fuera de control de los migrantes y, por si fuera poco, estamos quedando mal con los migrantes extranjeros, con los mexicanos repatriados y también migrantes intra y extra territorio nacional, con el loquito del norte y con nuestros vecinos del sur, ahora ofendidos por el poco tacto diplomático para con ellos.
Sumémosle la misteriosa visita del yerno de Trump y la beligerancia recuperada en el discurso electoral del suegro.

A todo ello el Presidente López Obrador no pasa de decir amor y paz, “zafo”, así como de “performar” una más de sus demagógicas consultas al pueblo sabio: “¿Verdad, pregunta, que debemos llevar buenas relaciones con el gobierno del presidente Donald Trump? La pregunta es de Perogrullo, como si se le preguntara a un niño si se va a portar bien para que Santaclos le traiga regalos.

¿Cómo llevar esas buenas relaciones: sumisos o dignos? ¿Qué entiende por buenas relaciones: aceptar todo tipo de ofensa y amenaza, o exigiendo el elemental respeto entre naciones?

¿Quién le va a contestar en sus cabales que no, que tenemos que llevar las peores relaciones con un personaje como el de marras?

“¿Verdad que el pueblo es sabio?”, pregunta a la muchedumbre. La engañifa no podría ser más demagógica y populista. Ni modo que el pueblo diga que no.

“¿Le debo de contestar, concluye sus preguntas, o debemos actuar con prudencia?” Otra pregunta tramposa que enfrenta dos términos que no son en sí contradictorios. Contestar y prudencia no son extremos irreductibles, al contrario, hasta un niño de pecho le diría que conteste con prudencia, como debe ser la diplomacia.

Las relaciones entre México y Estados Unidos son mucho más complejas que los dimes y diretes y twitters de sus dos mandatarios; son relaciones de larga historia e interdependencia. Reducirlas a contestar o a ser prudentes, cuando se puede y deben las dos cosas a la vez, es hasta falto de respeto a los mexicanos, así engañados.

Ahora bien, el “perfomance del Presidente, creo yo, salió más caro que benéfico. El mundo entero sabe ya cómo se toman las decisiones en la Cuarta Transformación. Aunque más bien es cómo no se toman decisiones en México, cómo se “performa” gobernar sin gobernar, cómo la Cuarta Transformación se zafa de la realidad y la responsabilidad.

El Papa Francisco y el Rey de España, sin duda, serán más benévolos para con los mexicanos, después de conocer la superficialidad en el análisis, estudio, ponderación y prospectiva con que se toman las decisiones diplomáticas en este gobierno.

Trump ha de estar de manteles largos; no solo no se le contesta digna, responsablemente y “prudentemente”, sino que, además, se le siguen acopiando caravanas en la frontera para que pueda argumentar su estado de crisis de seguridad nacional tan ansiado.

Los mexicanos seguiremos siendo objeto de la burla de las consultas populares que, a este paso, serán el hazmerreir nacional y global, sin que ello nos salve de ocurrencias, decisiones de "botepronto" y “zafadas”, y, por supuesto, de sus consecuencias.

Las políticas públicas y las decisiones del acto de autoridad tomadas al calor del mitin podrán ser muy “populistas”, pero carecen del debido rigor de conocimiento, procesamiento y valoración. Su cocción placera y a mano alzada condena sus efectos “populistas” a lo efímero del evento multitudinario, y a las resultas en la realidad efectiva de carácter político, económico, social y geopolítico al rigor del tiempo y de la historia. La mayoría de ellas irreparables y todas con altos costos en la calidad de vida de México, de los mexicanos y de su futuro.

En fin, es probable que cuando esto se publique ya haya un escándalo mayor y nuevo que ocupe nuestra obnubilada capacidad de asombro.


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“¿Le debo de contestar, pregunta, o debemos actuar con prudencia?” Una pregunta tramposa que enfrenta dos términos que no son en sí contradictorios. Contestar y prudencia no son extremos irreductibles, al contrario, hasta un niño de pecho le diría que conteste con prudencia, como debe ser la diplomacia.

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