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PARRESHÍA

Incertidumbre y credibilidad

Foto: lfmopinion.com


Incertidumbre como método.

“Se puede engañar a todo el mundo algún tiempo… se puede engañar a algunos todo el tiempo… pero no se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo”.

Abraham Lincon



La incertidumbre es un elemento imponderable siempre presente, los temblores son imprevisibles; la temporada de huracanes fija un plazo de probabilidad, pero no una fecha precisa y menos la intensidad del fenómeno; la salud y la vida nadie las tiene compradas y los accidentes sorprenden porque tocan a alguien en particular, no por su surgimiento.

Pero la incertidumbre también puede ser generada por el hombre; la primera regla de la guerra es nunca hacer lo que espera tu enemigo; toda negociación se construye sobre una dosis importante de incertidumbre y la mejor de las relaciones está sometida a sus caprichos.

Hay, sin embargo, quien hace de la incertidumbre método, no estrategia o táctica, sino constante; lo único cierto es lo incierto; la única estrategia es la no estrategia: el caos como plan y hábito. Todos conocemos a personajes de esta estirpe, nada hay que toquen y no compliquen, hacen de lo simple complejo y lo complejo imposible. Trump, por ejemplo, es altamente previsible en su imprevisibilidad; de lo único que estamos ciertos es que va a llevar a su límite toda situación para sacar raja brincando sobre la cuerda de violín que hace de todo lo que toca.

Porque la incertidumbre hecha método es una especie de control y poder; en tanto que nadie sabe qué prever ni qué esperar, el hacedor de reglas y decisiones reina a sus anchas.

El Estado de Derecho surgió precisamente para acotar al poder; todo derecho es un límite que sujeta a la norma la arbitrariedad de quien lo ejercita y por eso es tan odiado por los hombres de poder, sea éste político, empresarial, mediático, social, religioso o de otro tipo. El propio padre de familia suele ser muchas de las veces un sujeto imprevisible en su ámbito de poder.

La incertidumbre como método abre tal campo a la arbitrariedad de quien detenta el poder, que deja en estado de indefensión a los sujetos a éste.

Hitler y Stalin se distinguían por su imprevisibilidad, no solo en lo militar, sino como gobernantes, al grado de llegar a la enajenación social, toda vez que la incertidumbre tensa toda relación y hace insoportable la convivencia.

En principio la incertidumbre como método podría ser aquilatada como un proceder de gran eficacia, más cuando se observa con detenimiento, encontramos una sociedad sujeta a niveles intolerables de estrés y hasta estados de pánico. La incertidumbre como método es en realidad una forma de ejercer el poder por el poder, como imposición y sometimiento, no para concitar voluntades en una unidad de acción efectiva y menos durable.

La incertidumbre como método se agota en sí misma, es entrópica, no concita, no construye, no mueve; simplemente confunde, espanta, desencanta y enfada, todo a la vez.

Toda colaboración y organización requiere un mínimo de certeza, la incertidumbre como método desgasta las organizaciones y termina por agotar las voluntades y volar por los aires las lealtades. La fijación de las reglas del juego y de sus métodos para cambiarlas genera en toda organización certidumbres elementales y facilita la construcción de compromisos y seguridades duraderas.

No hay organización ni sociedad que pueda sobrevivir sin un mínimo de certidumbres. Toda convivencia implica un permanente, aunque dispar, intercambio de incentivos; en otras palabras, no hay actor menor, el más débil de la cadena tiene un espacio de acción, por más mínimo que sea; anular éste por la incertidumbre como método termina por derruir desde dentro cualquier organización, genera un acelerado desgaste de lealtades y termina por agotar cualquier relación.

La incertidumbre, pues, debe ser utilizada quirúrgicamente; en tanto que la certidumbre debe ser una construcción renovada cotidianamente. La convivencia se basa en la confianza y no hay confianza sin un mínimo de reciprocidad y seguridad en las reglas del juego de la interrelación.

Siempre es más costoso y desgastante para quien ejerce el poder manejar la incertidumbre que la certidumbre. A la larga la incertidumbre termina por hundir en sus redes a quien de ella hace método.

La primera víctima de la incertidumbre como método es la credibilidad, la segunda la cohesión, la tercera la organización o relación misma, según se trate.




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En principio la incertidumbre como método podría ser aquilatada como un proceder de gran eficacia, más cuando se le observa con detenimiento, encontramos una sociedad sujeta a niveles intolerables de estrés y estados de pánico. La incertidumbre como método es una forma de ejercer el poder por el poder, como imposición y sometimiento, no para concitar voluntades en una unidad de acción efectiva y menos durable.

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