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Happening.

Una vez al año, durante 4 días, hombres y mujeres de casi todas las edades y aldeas del globo, se dan cita en el centro de convenciones de San Diego y alrededor del llamado Gaslamp para sentirse vicariamente superhéroes de historietas juveniles, muchos inspirados en la cinematografía hollywoodense, en sus actores y actrices, en su música y personajes. Otros asisten para hacer negocios en el fascinante mundo del espectáculo y dirigir la trama.

Este año dominaron los caracteres femeninos, desde la Super Chica (sesión 5ª hacia los cien episodios): joven, blanca, bella, de pelo dorado (but of course), poderosa, sexy, inalcanzable hasta Batwoman, cuyo personaje en la realidad declaró: “me levanto y siento gratitud y emoción por lo que pasará durante el día”. Una vez que se enfunda en la piel de murciélago, se transforma.

Se trata de dar pausa a la rutina, a la monotonía, tal vez a las pequeñeces del mundo contemporáneo. A los problemas de la vecindad con México y la consuetudinaria contaminación de las playas por los desagües de Tijuana y las corrientes marinas hacia Imperial Beach, hasta la enloquecedora rutina del ‘month to month pay check’. O las barbaridades del twittero veleidoso que insulta sin ninguna educada consideración a negros, latinos, musulmanes, asiáticos, a cualquier ciudadano que sea diferente, a ellos mismos, los verdaderos mortales engañados por la élite realmente poderosa, multimillonaria.

Se trata de olvidarse, si acaso, de la desagradable culpa social sobre los niños en jaulas. En fin, poner de lado las atrocidades de la campaña de reelección, que ya comenzó hace años. A los chantajes y amenazas. Cerrar los ojos a los problemas de migración y al agolpamiento de solicitudes de visas, a los slogans que ofenden, a la creciente utilización lúdica de mariguana, (o el mínimo paraíso foxiano aunque con pago de impuestos).

Se trata de olvidarse del “alimony”, del pago de la hipoteca o de la renta y de los exámenes o certificados académicos para ganar más y escalar. Aunque sólo sea por unas horas. Yo seré el poder, pero hay que pagar boleto, para que los otros lo reconozcan.

Poder ser por cuatro días totalmente súper poderosos y súper felices en el mundo indoloro de la virtud generalizada, de las pantallas, como si pudiéramos de pronto meternos para siempre en esa realidad virtual, donde los gobiernos y políticos no existen, o son ignorados y ridiculizados. Donde la fuerza del mal es siempre derrotada y se celebra con Coca Cola y hamburguesas. Donde los niños no lloran, no son necesarias las vacunas y jamás se defeca.

Aquí, se diluyen los gritos anónimos de fanáticos y cantos discriminatorios de “regrésalos a casa”; en cambio se escuchan parlamentos remasterizados de viejas obras maestras de Katherine Hepburn y Cary Grant en blanco y negro, cuando La Meca del cine tenía algo que decir más allá de las fantasías de héroes con orejas alargadas, máscaras obscuras, animales humanizados, vívidos seres de laboratorio, robots con alma y generadores de ruidos extraños, naves espaciales que nunca volaron, kriptonita que es espinaca molida con ponzoña y espadas luminosas hechas en China que han cautivado a los niños, a los jóvenes, a los adultos, en todos los mercados del mundo.

En este tiempo fantástico de gratificaciones aceleradas, instantáneas, sin compromiso, prevalece siempre la victoria del Capitán América y sus socios. Todos los demás son los débiles y ¡recordar! Vietnam, Siria, Irán, por ejemplo, está prohibido. Las conversaciones son cuasi monosilábicas y todo es acción ultrarrápida. La victoria es por predestinación de acuerdo al guion establecido y la fuerza del personaje escogido, mientras se consulta permanente el celular.

Por mucho prevalece el ‘In God we Trust’ quien está siempre de nuestro lado, junto al poderoso caballero que realmente manda. No hay suciedad ni pobreza. El pelo es verde permanente, naranja, morado. Enfundados en trajes siempre a la última moda participan gregariamente en concursos, rifas y karaoke en un caminar incesante sin rumbo fijo sin salirse del cuadrante establecido.

Muchos aplauden este ‘happening’, esta puesta en escena futurista con actores espontáneos de alma infantil, adolescente.

¡Oh tiempo extrañado que te fuiste casi sin darme cuenta, en un abrir y cerrar de ojos, para nunca jamás volver!

Acaso necesitamos protegernos inconscientemente de los excesos, de la competencia feroz, ¿por qué nunca podemos parar y seguimos acumulando más y más, intentando descubrir nuevos placeres, más intensos, incluso más allá de los límites humanos? ¿Por qué vivimos vicariamente el sentirnos súper poderosos? ¿Diferentes a los demás? ¿Por qué parecería que nunca estamos satisfechos, acaso nunca tenemos lo suficiente? Y en el camino de la súper carretera dejamos salud, amores y tal vez la verdadera felicidad. Ya lo dijó el Bardo: ‘to be or not to be… that is the question’

En tanto, he visto respetabilísimos académicos vestidos de lobos marinos bufando como focas y paupérrimos limosneros enfundados en trajes de tigres de Bengala, todos unidos al son de la música electrónica.

¿Qué nos hace regresar a la infancia? ¿Cuánto decepciona la adultez?

Mientras tanto, como de costumbre, los comerciantes hacen su agosto. Es un tianguis donde todo se vende y todo se compra: gadgets, comida de plástico, cerveza artesanal muy buena, fresas con chocolate, dulces, sombreros con plumas, esclavas con el nombre grabado, novedades electrónicas, fotografías, posters, discos, música enlatada, películas, ‘previews’ de próximos estrenos, encuentros inimaginables … “you name it”. Todo por 4 días de poder con cargo a la tarjeta de crédito.

Conforme avanza la tarde los superhéroes caminan hacia afuera del cuadrante, como lémures, en busca de transporte público (los ‘parking’ cobraron 50 dólares por unas horas), algunos muestran signos inequívocos de agotamiento y sus disfraces ya manchados, sudorosos, expiden olores humanos, las medias están rotas y los rímeles corridos. Son trofeos de la batalla.

Muy pocos, los más jóvenes, son los únicos convencidos de su verdadera identidad con poderosos superhéroes; quieren brindar por un mejor futuro, aunque mañana tengan que enfrentar a un jefe insensible y prepotente.

Que más da, nada es para siempre. Otra aventura galáctica les espera.



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