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DE LO COTIDIANO A LO CLÁSICO

Octavio Paz

Premio Nobel

Hace poco al hacer limpieza de closets me encontré con cosas que ya sabía que estaban ahí pero no sabía qué hacer con ellas; saqué cajas que contienen cartas y recuerdos, me entretuve leyendo las cartas y después las volví a guardar; saqué cajas con muñecas que guardé de cuando mis hijas dejaron de ser niñas; desempolvé álbumes impresos con fotos de las generaciones de mi marido, de mis hijas y míos, y finalmente decidí deshacerme de los trofeos, de plano los tiré y me quedé con los demás recuerdos.
¿A quién le ha pasado que cuando su hijo/hija o uno mismo recibió o recibe una distinción o un premio, como un diploma, un trofeo, una medalla por haber cruzado la meta en una carrera, una beca que se ganó con esfuerzo, un mejor puesto en el trabajo o un abrazo de agradecimiento, se siente feliz por el reconocimiento del esfuerzo logrado?

De los premios que más me asombran y aplaudo, es el honorífico Premio Nobel, que es otorgado por el gobierno Sueco a quienes hayan sido elegidos por un comité especial sueco-noruego; dicho galardón internacional fue instituido en 1895 por Alfred Nobel (inventor de la dinamita), quien en su testamento especificó que su fortuna se empleara para crear una institución que cada año premie a aquellas personas que lleven a cabo (cito textual): “…el mayor beneficio a la humanidad en los campos de la física, química, fisiología o medicina, literatura y la paz”. Este importante galardón se entrega, por ejemplo en el caso del Premio Nobel de Literatura, no por una obra escrita sino por la trayectoria del escritor premiado.

De 1914 a 1916 se suspenden los Premios Nobel debido a la Primera Guerra Mundial. En 1917 se vuelve a instituir, siendo el Comité Internacional de la Cruz Roja el ganador al Premio Nobel de La Paz. De 1939 a 1943 tampoco se entregan debido a la Segunda Guerra Mundial. En 1944 lo vuelve a ganar el Comité Nacional de la Cruz Roja. Como atributo al asesinato de Mahatma Gandhi, en 1948 no se entregó el Premio Nobel de la Paz pues se consideró que no había merecedor vivo a dicho premio. En 1963 vuelve a premiarse al Comité de la Cruz Roja. Otros de una larga lista que han recibido este galardón: Martin Luther King, UNICEF, Amnistía Internacional, Madre Teresa de Calcuta, El XIV Dalai Lama, Rigoberta Menchú, Malala Yousafzai, etcétera.

Los mexicanos que han sido galardonados con este premio internacional, son:
Alfonso García Robles, diplomático nacido en Zamora, Michoacán en 1911, quien recibió el Premio Nobel de la Paz en 1982, por la firma del acuerdo de Tlatelolco sobre la no proliferación nuclear, y por su importante papel en la ONU para promover el desarme armamentista.

Mario Molina, nacido en la Ciudad de México en 1943, quien recibió el Premio Nobel de Química por su aportación sobre el peligro del adelgazamiento de la capa de ozono.

Para cerrar con broche de oro el tema de los Premios Nobel, cito a este gran escritor, poeta, ensayista y diplomático, guapo e intelectual mexicano: Octavio Irineo Paz Lozano, que recibió el Premio Nobel de Literatura el 11 de octubre de 1990 por su trayectoria y por (cito textual palabras que se le dijeron) “…su escritura apasionada y de amplios horizontes, caracterizada por la inteligencia sensorial y la integridad humanística”. Este mexicano es considerado como uno de los grandes poetas hispanos y uno de los más influyentes escritores del siglo XX.

Paz: Me cuesta trabajo leerte sin embargo te admiro.
Han pasado más de 100 años desde el nacimiento de Octavio Paz, 31 de marzo de 1914, Ciudad de México. Debido a que durante la Revolución mexicana el padre de Paz se ve obligado a trasladarse a Los Ángeles, California, porque era abogado de Emiliano Zapata, no tuvo más remedio que dejar a su esposa e hijo a cargo de su padre, Irineo Paz, quien era un soldado retirado de las fuerzas de Porfirio Díaz, a quien Paz verdaderamente quería y admiraba, y a quien veía como a un abuelo-padre. Tiempo después, finalmente Paz y su madre se mudan a Los Ángeles, pero la estancia dura únicamente un par de años ya que siendo un niño, Paz no podía comunicarse con sus compañeros pues no sabía inglés; además fue blanco de burlas, siendo fuertemente golpeado por sus compañeros de escuela en más de una ocasión. En fin, Octavio Paz tuvo una larga historia vivida entre parientes porfiristas y zapatistas, ideales izquierdistas y lecturas poéticas que influyeron en su carácter de escritor y romántico comprometido; sin embargo la experiencia más devastadora que tuvo, motivo por el cual se cree que contrajo cáncer, fue el shock que sufrió con el incendio de su departamento, hecho dramático en el que perdió algunos de sus mayores tesoros, como: apuntes, recuerdos, obras de arte y, sobre todo, parte de la biblioteca que heredó de su querido abuelo Irineo. En 1997, muy enfermo, se muda “con el alma rota” a la Casa de Alvarado. Muere unos meses antes de cumplir 84 años, el 19 de abril de 1998 en dicha casa, ubicada en la calle de Francisco Sosa, en Coyoacán, domicilio que actualmente es Fonoteca Nacional.

Me parece que el título de “El laberinto de la soledad” es uno de sus libros más conocidos. Es su primer ensayo en el cual trata el tema de la influencia que han tenido los acontecimientos históricos sobre el comportamiento del mexicano, de su moralidad, de sus valores o anti valores y de las causas de sus conductas individuales y de su proceder en sociedad (en ocasiones pesimista), al que Paz llama (y yo llamo la típica…) mentalidad del mexicano, que pone pretextos a su identidad o que no la encuentra. Octavio Paz se pregunta en este libro: ¿Qué hace diferentes a los mexicanos? Con estos temas busca que el mexicano “haga conciencia”. Algunos de los acontecimientos que Paz sugiere, son: las consecuencias de la Revolución Mexicana, el Capitalismo, el Socialismo, así como las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial.

Otro de entre los ensayos que escribió, se titula “La llama doble. Amor y erotismo”. Cito algunas líneas: “Fusión de ver y creer. En la conjunción de estas dos palabras está el secreto de la poesía y el de sus testimonios: aquello que nos muestra el poema no lo vemos con nuestros ojos de carne sino con los del espíritu. La poesía nos hace tocar lo impalpable y escuchar la marea del silencio cubriendo un paisaje devastado por el insomnio. …los sentidos sin perder sus poderes, se convierten en servidores de la imaginación y nos hacen oír lo inaudito y ver lo imperceptible. ¿No es esto, por lo demás, lo que ocurre en el sueño y en el encuentro erótico?...”

“Decir, hacer” de Octavio Paz.
Entre lo que veo y digo,
entre lo que digo y callo,
entre lo que callo y sueño,
entre lo que sueño y olvido,
la poesía.
Se desliza
entre el sí y el no:
dice
lo que callo,
calla
lo que digo,
sueña
lo que olvido.
No es un decir:
es un hacer.
Es un hacer
que es un decir.
Para mí el escribir poesía es como darle libertad al alma que con veladuras pone en manifiesto los sentimientos, los gustos y las pasiones.

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APOSTILLA

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