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DE LO COTIDIANO A LO CLÁSICO

Mi Patria

Foto: lfmopinion.com


Sabor y color de México.

La primera vez que escuché en vivo “Carmina Burana”, cantata del compositor Carl Orff, éramos 2,229 personas incluyendo a la Orquesta Filarmónica de la Universidad Nacional Autónoma de México, y el coro, en la Sala Nezahualcóyotl. En los conciertos de música clásica, en cuyas salas la acústica es de primera, me encanta percibir en mi algo particularmente característico que es lo que uno siente, en SILENCIO ABSOLUTO, al escuchar el concierto en turno mientras vemos a estos maravillosos músicos interpretando las melodías en completa armonía (Armonía musical es la combinación de diferentes sonidos o notas que se emiten al mismo tiempo). La Sala Nezahualcóyotl fue fundada en 1976, como sede de la Orquesta Filarmónica de la UNAM; es una sala mexicana de primera, en donde el pasado domingo al terminar el concierto, dijo al embajador de España en México y a los demás presentes, el joven español de guitarra clásica que escuchamos con la Orquesta Sinfónica de Minería: “Dicen los españoles que para México la Madre Patria es España, pero para mí México es mi Madre Patria”. Y ¡Olé!

De México me gustan muchas cosas y muchos lugares de los cuales podría hacer una extensa lista; e inclusive dentro de esos lugares maravillosos que disfruto al cien, tengo lugares específicos favoritos, como por ejemplo en Veracruz: la isla a la que íbamos, el malecón (que visité recientemente) donde estaban las esculturas de Leonora Carrington, los numerosos ríos que cruzan el estado y, por supuesto, Tlacotalpan, lugar pintoresco donde estuvo Porfirio Díaz, donde nació Agustín Lara y en donde mientras uno bebe una cerveza fría a la orilla del río Papaloapan, algún heladero cuenta alguna anécdota de cuando Juan Gabriel visitaba el lugar. Amo la Huasteca Potosina donde pasé gran parte de mi infancia; también me encanta visitar el centro de arte “La Aurora”, sentarme a leer en la banca de un callejón en específico que está de paso a la Parroquia de San Miguel Arcángel, los restaurantes y los alrededores de San Miguel de Allende. Me da curiosidad por qué lo diferente de las ruinas de Cacaxtla en el estado más pequeño de México: el bello Tlaxcala, la pirámide de Cacaxtla muy diferente a las de Teotihuacán, Tajín, Palenque, Monte Albán, Bonampak o Chichén Itzá, entre muchas otras. Guanajuato es pintoresco, lleno de balcones e historia, con sus callejoneadas y leyendas; también tenemos lo amarillo de Zacatecas aunque se le conoce como la ciudad rosa; igualmente disfruto estar parada en puntos a gran altura desde donde se ven los distintos verdes en los campos, selvas, bosques o bosques tropicales, o las transparencias en el agua o los distintos tonos de azul o de verde en ríos, mares, cenotes, lagos y lagunas, o los pequeños pueblos escondidos en cada estado; así mismo me gustan las carreteras de México que me llevan a muchísimos destinos, las catedrales, los colores mexicanos que se ven en fachadas, los paisajes, los cientos de museos y la gastronomía.

¿A quién le ha pasado que llega a un restaurante y pide el platillo típico del lugar? Yo he comido Chiles en nogada en Puebla, bebido café en “La Parroquia” y probado Pescado a la veracruzana en Boca del Río en Veracruz, enchiladas potosinas en San Luis Potosí o queretanas en Querétaro, Pan de cazón en Campeche, Pescado a la talla en Guerrero, Cecina de Yecapixtla, Pescado Tikin Xic, Papadzules, Sopa de lima, cochinita, etc. en Yucatán y Quintana Roo, entre otros placeres culinarios mexicanos que me encantan por ser ricos en variedad y sabor. Me enorgullece decir que conozco prácticamente toda la república mexicana, sin embargo me falta mucho por visitar. Otro de mis lugares favoritos es Oaxaca con sus siete diferentes moles, sus indígenas, sus museos, galerías, restaurantes, edificios coloniales; con su clásico colorido mexicano, sus textiles y mezcalerías en donde he visto algunos de los diseños más bonitos de estructura de barandal de madera y de bronce, diseños del maestro Francisco Toledo, también cien por ciento mexicano como el mezcal y el tequila y el mariachi de Jalisco, que recuerdo con sombreros negros con adornos plateados, que les quitamos las graduadas, en la comida de cuando felices festejamos cantando tras haber terminado prepa.

Francisco Toledo es un artista plástico mexicano, activista de izquierda, de raíces zapotecas, maestro de todos y de sus consentidos: sus alumnos indígenas oaxaqueños. A su vez es un gran filántropo que se interesa siempre en talleres de grabado, artes plásticas y gráficas, Toledo es un impresor, ceramista y dibujante, a quien se le han otorgado diversos premios nacionales e internacionales, sin embargo se ha opuesto a reconocimientos públicos y prácticamente no concede entrevistas. Parte de su obra se encuentra expuesta en muchos de los museos de México, así como en museos en Nueva York, París, Alemania y Londres, entre otros en los que ha expuesto en exposiciones colectivas.

Una muy buena amiga mía que se fue a vivir a Europa desde que terminamos prepa, se dedica a la fotografía y expone en galerías europeas; lo que me llama la atención de su obra es lo que en alguna ocasión me explicó, y que yo entendí e interpreto así: “Lo vanidoso no necesariamente es lo que representa algo bonito o estético para los demás; la vanidad de algo estético lo represento en los “close ups” de mis fotografías, demostrando que por ejemplo en los filamentos del moho de un producto “vivo” como una hoja de lechuga o la yema de huevo en proceso de descomposición, se puede ver la representación de algo estético o vanidoso, como en las distintas manifestaciones de la vida y de la naturaleza, precisamente en proceso de descomposición”. Es complicado, sin embargo de esto entiendo que el proceso en descomposición de algo vivo, también es perfecto. De forma parecida lo ha hecho Toledo, pues él muestra repetidamente en su obra, animales que no precisamente son los más estéticos, como: sapos, murciélagos, cocodrilos e insectos, pero él ha escogido estos temas para representar la cercanía que hay entre los hombres y los animales, animales que hemos visto constantemente en sus grabados y litografías.

El maestro que me enseñó a grabar y a usar el tórculo (prensa específica para grabados), a trabajar, entintar y quemar las placas de metal y las de cobre; que me enseñó lo que es el trabajo con punta seca, agua fuerte, aguatinta, así como a hacer monotipia a gran escala para imprimir en liberón, es mi humilde amigo el maestro René, de canosos pelos que le llegan arriba del hombro, que mientras se tomaba una caguama y de repente se fumaba un porro, colocaba el papel en una tinaja con agua, ponía tintas en paletas y trabajaba como hormiga; escogía música bonita para que yo trabajara a gusto, y me platicaba de la época en la que trabajó con Rufino Tamayo y de cuando jugaba ajedrez con Rufino o con Olga, en el patio de su casa. Mientras estuve en el taller, Renecito (como le digo), se ausentó varias veces porque lo llamaban del taller de Toledo para que le ayudara con las impresiones de su obra, o se iba al taller de Rafael Coronel, también para trabajar en el tema de sus grabados o litografías, poco tiempo antes de que este gran artista mexicano, muriera. A Renecito lo buscan porque es de los mejores en su trabajo.

Para cerrar con el tema de México y de los artistas grabadores mexicanos, lo hago con este famoso grabador, ilustrador y caricaturista nacido en Aguascalientes en 1852, que falleció en la Ciudad de México en 1913. Me refiero a José Guadalupe Posada, famoso sobre todo por sus ilustraciones de calacas o calaveras y, por supuesto, por su maravilloso legado coleccionable, la mundialmente famosa: “La Catrina”. Hay muchas cosas famosas que son típicamente mexicanas, pero uno de los emblemas más característicos nuestros, es la ceremonia y el altar de muertos, con la cual los mexicanos nos identificamos, y la Catrina tan bonita, elegante y presumida, nos engalana en nuestra tierra y en el extranjero, también.



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Francisco Toledo es un artista plástico mexicano, activista de izquierda, de raíces zapotecas, maestro de todos y de sus consentidos: sus alumnos indígenas oaxaqueños.

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