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Feminicidios

Foto: lfmopinion.com


Crimen de odio

Cuando muere un hombre, morimos todos un poco.

Cuando una mujer muere perdemos todos la esperanza de renacer.

El feminicidio según las Naciones Unidas es un crimen de odio por el hecho de ser mujer. Desde luego, ocurre por muchas razones aleatorias, pero se define primero por discriminación y violencia de género.

El eminente detective amante de la ópera T. Perrín (ref. ed. Benma), ha confirmado en sus investigaciones que el asesinato de mujeres es cometido comúnmente con tortura, saña, mutilaciones y violencia sexual. Que muchas veces los asesinos así actúan porque se saben inferiores, impotentes, incapaces frente a la calidad femenina que los parió y el llamado complejo de Edipo no resuelto, en ambientes de carencia o excesiva religiosidad, donde los tabúes y prejuicios machistas se anteponen y generan un sentimiento de inconsecuencia ante otras mujeres en libertad, frente al dolor y la contradicción del abandono paterno.

Sean o no ciertas del todo estas notas sociopsicológico- detectivescas, sin duda intentan explicar para combatirlas, las conductas deleznables que abundan en pleno siglo XXI, aderezadas por discursos racistas de poderosos que incitan al crimen contra sectores desprotegidos de la población.

Las llamadas muertas de Juárez, son un caso destacado de vergüenza nacional. Desde 1993 murieron mujeres y niñas en esa ciudad fronteriza. Alrededor de 400 fueron robadas, violadas y asesinadas de forma ruin.

Según estadísticas oficiales, los asesinatos de mujeres suman más de 3 mil en los últimos tres años y han crecido a más del doble las violaciones a menores de edad, muchas veces vinculadas a familiares y/o autoridades.

Lo anterior confirma que la inseguridad prevalece aún en México especialmente contra las mujeres, que ninguna está realmente segura y menos si se es pobre y joven.

En los EUA ha sido escandalosa la vida y muerte, probablemente por suicidio, del millonario Jeffrey Epstein, acusado de trata de menores de edad y amigo de poderosos políticos desde Clinton hasta Trump y otros.

Condenado como depredador y traficante sexual, empezó su carrera como maestro y más tarde se hizo multimillonario. Son ya memorables las bacanales en Little St. James Island, en las Islas Vírgenes de posesión estadounidense, donde jovencitas de diversas nacionalidades desfilaban con ropa de Victoria Secret, compitiendo por el premio al mejor strip tease. Se dice que las interfectas eran vendidas como modernas esclavas o regaladas a millonarios influyentes, y que muchas terminaron violadas; como juguetes de niños ricos abandonadas tras el rincón, previa firma de convenios de secrecía y confidencialidad.

En las últimas semanas en la capital de la República, principalmente, han aumentado las protestas de grupos feministas contra la inseguridad y el abuso a las mujeres con algunos infiltrados que echan agua a su molino por razones e intereses políticos, partidarios, de negocios ilícitos y a quienes les interesa generar más violencia, de acuerdo con el “río revuelto ganancia de mi partido. Todo contra la doctora”.

Esas protestas, las más de las veces respetables y necesarias se han convertido, por sistema, en manifestaciones agresivas contra funcionarios públicos, transeúntes, periodistas (golpeados), pintas y consignas ingeniosas, graffiti cuasi imborrable en monumentos nacionales y propiedad privada, especialmente dirigidas contra policías acusados presuntamente responsables de violar a mujeres, a una o varias menores, contra la inacción de las autoridades y el adormecimiento de la conciencia social ante la gravedad del problema.

Ciertamente es imprescindible combatir el crimen y la inseguridad en México y a la vez, apoyar el Estado de Derecho para castigar a quienes aprovechando una necesaria protesta y libre manifestación pública cometen desmanes y actos criminales como el cobarde golpeador que captaron cámaras en vídeo y a quien tengo entendido que aún no se localiza, ni por tanto, se presenta ante las autoridades, como una muestra más de impunidad e incapacidad de investigación.

Como diría T. Perrín en la introducción a sus cursos de capacitación de investigación anticriminal: “nada lastima más a la sociedad, que la mezcla de la incapacidad policiaca, con nulos resultados y el discurso discriminatorio que afrenta.”

Una apostilla: sigo en busca de Nador, que dicen que anda en México, un sabio esclavo nombrado gobernador con cualidades de adivinación, ¿será una buena poción mágica para la Guardia Nacional? ¿Dónde anda la Guardia?

Y otra relevante, gracias al maestro Rochín, a propósito de la admirable condición femenina, la siempre oportuna Sor Juana:

“Hombres necios que acusáis/a la mujer sin razón,/ sin ver que sois la ocasión/ de lo mismo que culpáis…

“Combatís su resistencia,/ y luego con gravedad/decís que fue liviandad/lo que hizo la diligencia…

“Bien con muchas armas fundo/ que lidia vuestra arrogancia/ pues en promesa e instancia/ juntáis diablo, carne y mundo.”



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