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Los 7 valles y la entrevista

Foto: lfmopinion.com


El vino.

Cuando escribo soy plenamente responsable de mis dichos, de mis palabras y entonaciones. De mis errores e incapacidades. De mis pocos aciertos y emociones.

Cuando entrevisto a los demás, me quedo con el remordimiento de que algo o mucho se quedó en el tintero o en el cuaderno de notas, fuera de la tableta.

Es la entrevista, sin duda, un género literario de dificultad adicional porque no sólo debo provocar, insistir, hacerle decir, sino ser capaz de conducir con diligencia o estirar o cortar el hilo del asunto hasta desmenuzarlo y volverlo a armar en beneficio del interés general y del actor principal.

Muchas veces los entrevistados piensan agradecidos que ellos no dijeron eso o aquello y en otras ocasiones, seguramente, que el entrevistador vive en Babia o es simplemente un inventor de exageraciones y en realidad su amigo de temporal y ocasional enemigo.

Cabe señalar que, a mi parecer, las mejores entrevistas históricas tienen características de ambos asertos.

Vayamos pues a este ejercicio sin mayor preámbulo y sin más, como dijera un buen jugador de dominó cuando alguien le ahorcaba la mula de seis: “les dejo mi reputación, hagan con ella lo que quieran y algo más”.

Los aciertos son mérito del equipo y las fallas del autor.

El tema es apasionante, adictivo, su disfrute está en relación directa, como muchas otras cosas, con la cantidad y medida de su consumo, de su interlocución: se trata, desde luego, de la bebida histórica de los dioses y tambien de la materia prima de la sangre de Cristo.

En México se producen alrededor de 115 mil litros anuales de vino en varias regiones del país, en Baja California de manera sobresaliente, en un clima mediterráneo, conocido como Valle de Guadalupe, aunque en realidad sean 7 valles. Aquí se producen alrededor de 2 millones de cajas al año, principalmente a partir de uvas Nebbiolo, Petite Sirah, Tempranillo, Cabernet Sauvignon, Merlot, Grenache, Chenin Blanc; y algo de Malbec.

Mi amigo Arturo Aguilar, siempre generoso y conocedor de vinos, me invitó recientemente a una cata y ahí descubrí cuánto hay que aprender, cuánto se sabe de esta bebida, como una joven admirable por sus conocimientos en la materia, su pasión por el vino y por sus ideas en el arte del buen beber. Se trata de Romina Mendoza, joven inteligente, de adornada sencillez y buen humor. Es Sommelier certificada por la Corte de Master Sommelier, Wine & Spirits Education Trust Nivel 3 y French Wine Scholar.

Y en un click, mientras conducía la degustación y abría una buena cosecha se me ocurrió invitarla a este espacio.

Se trata de conocer a ojo de águila, o más bien, a ojo de buen vinatero, lo que día a día hacen empresarios vitivinícolas en esta región, aprender y entender el apasionante mundo de la producción de vinos, desde la siembra y cosecha, el tiempo en barrica y añejamiento, hasta el embotellado y distribución; cuando el vino se descorcha y aparece la satisfacción de la experiencia en vista, nariz, en boca, oído y tacto. Y el cuerpo lo agradece.

Ganimedes, el más joven en el Olimpo, tenía por misión, entre otras, escanciar el vino y promover su disfrute. Más tarde Zeus lo ascendió al cielo como la constelación de Acuario.

Romina, con paciencia, va dirigiendo el camino hacia el descubrimiento consciente de los olores y sabores, las reminiscencias del pasado de gratos momentos, como las soletas de Proust y el ambiente de fiesta que se logra siempre que una botella de vino se abre, se comparte y se disfruta.

Un aspecto fundamental es que el vino, como en las culturas tradicionales, debe de considerarse siempre un importante alimento y, en tanto sociedad responsable, debemos trabajar hacia la producción de vino accesible, para popularizar su consumo.

Tanto Romina como mi tocayo insisten en que es preciso revisar los impuestos y gravámenes que parecen excesivos y encarecen la oportunidad de fomentar el consumo popular de buenos vinos y no sólo de vinos baratos y con excesos de químicos.

-¿Romina, para qué es el vino?

-Desde luego para mejor disfrutar la Vida.

-¿Haz tenido algún novio abstemio?

Se ríe, el color rojo en la cara la delata, nos hace cómplices en la conversación y el rompehielos funciona.

-¡Qué pregunta..! Tuve un novio aficionado sólo al Cab, traté de enseñarle otras opciones, pero no funcionó.

Mi amigo también sonríe, pero de lejos reprueba mi insolencia. Pero, en fin, bien sabe que a mi edad todo me permito, hasta disfrutar los errores.

Nada sorprende en este ambiente, he visto beber de vez en vez estos caldos en exceso y a los cuerdos perder el hilo y caer. A otros, el vino provoca ingenio y hasta los refina. A todos alegra. Se firman contratos, se casan los novios; se ríe, se llora, se despide a los muertos y se felicita a los padres de recién nacidos, se hacen amigos, se seduce y comparten secretos. Bien se sabe, el vino abre el camino.

Bebiendo se consolidan alianzas, se evitan guerras y se lanzan ataques y de los que no beben vino la gente generalmente desconfía e incluso teme.

Hay quien prefiere el tinto, el rojo en todos los tonos, otros son de rosados, de blancos pálidos o con más cuerpo e intensos. Para todos los gustos se hace vino y el mérito es encontrar el de cada uno. ¡Y las magníficas burbujas!, que hasta cosquillas provocan.

A nuestros pies, desde lo alto del más elevado edificio de Tijuana, el panorama es triste, la línea fronteriza siempre repleta camina poco a poco, a rodada lenta; el verde lejano en San Diego y aquí tan gris, tanta falta que nos hacen parques y jardines, árboles y plantas, quitarnos lo gris que traemos pegado en la piel y lavarnos la cara, sembrar para cosechar.

Sin embargo, somos un poco menos tristes con una copa de vino en la mano. Somos afortunados a pesar de todo.

Me acordé de Andrés Eloy Blanco: “Dile al que te cuente historias/que el mundo es para querer/ y amar es la misma cosa…

Es haber amanecido/ sin habernos explicado/cómo, sin haber dormido,/pudimos haber soñado… que nadie te quite el vino,/que no te duela en los pies/la limosna del camino…”

Les provoco:

-¿Hay niños trabajando en la vendimia?

-Lo ignoro. Se que faltan hospitales, servicios médicos oportunos.

-Claro que hay, dice Arturo, es una fiesta. Ya viene en octubre.

Agrega:

-Tengo ganas de organizar una cata organoléptica sensual

Ella:

-Eso da el vino. Sirve para disfrutar. Potencia los sentidos.

¿Cómo conservar El Valle sin invasiones de mercachifes, de mafias y comerciantes de antros y comida de plástico; conservar su espíritu?

-Aprovechar la esencia del campo. Cuidarlo.

Arturo:

-Qué privilegio tomar una copa de buen vino viendo los viñedos, sin prisa. Recuperar la fragancia. Sentir los enebros, sentir el romero y las notas sutiles de pétalos de rosa.

-El tuétano.

-Hay que enseñar estilos más que insistir en las uvas, porque hay cerca de 10 mil variedades en el mundo.

-¿Y los concursos y premios internacionales?

-Muchos no valen la pena, dice ella, pero otros son muy serios como Decanter Wine Competition, International Wine Challenge e International Wine and Spirit Competition. Y ahí han ganado vinos mexicanos.

-También es importante la calidad de la denominación de origen, ligada al nombre y al prestigio. A la honradez de hacer vino. En este rubro estamos aprendiendo mucho con muy buenos enólogos extranjeros y algunos mexicanos que trabajan en El Valle.

-Y confiar en la calidad de nuestros vinos es confiar en nosotros mismos.

-Hay vinos cuyas etiquetas son verdaderas obras de arte. Se pueden leer por varietal, por región y por nombre.

-¿Es cierto que el mejor vino es el que se toma entre amigos?

-Que cada quien juzgue. Lo que importa es que aprendamos a disfrutar.

-¿Que recomiendas ?

-Symetría , un espumoso espléndido. Kruger en tintos. De rosados compren Relieve y en blancos los de Chenin Blanc o la producción de Querétaro,

-Además, los vinos de Baja tienen en general muy buena barrica.

-De Santo Tomás: Dueto y Único.

-También los vinos de Urbina porque son bien hechos y son de un buen amigo.

-Y los Casta Tinta, de Sergio Castañeda y Claudia Horta, que reflejan su presencia y su estilo.

-Sin duda, será un buen reto para el nuevo gobierno de Jaime Bonilla, sea de 2 o 5, el trabajo de promover El Valle.

-Turismo lo estaba haciendo.

-A veces parece que no les importó lo suficiente.


-No hay dinero que alcance. Pero se debe invertir bien en la promoción y en el apoyo a esta industria.

-Cierto, es apasionante esta actividad y sus resultados dependen no sólo del trabajo, sino de la tierra, del tiempo y cantidad de lluvia, de la cosecha, del clima, de la calidad de las uvas, de los enólogos, del azúcar, del ácido tartárico, todo, eso mismo lo hace tan diferente, tan apasionante.

Valle de Guadalupe está a 20 kilómetros de la costa de Ensenada y a 115 de Tijuana. Fue fundada por dominicos alrededor de 1834. Los rusos fueron de los primeros habitantes entre 1904 y1910 y la cultura rusa se enraizó en la región. Actualmente hay alrededor de 100 casas vitivinícolas; hay españoles, italianos, franceses, estadounidenses, rusos. Y todos conviven en paz.

Sobresalen LA Cetto, Monte Xanic, Santo Tomás, El Cielo y Las Nubes.

El restaurante y el hotel de Javier Plascencia, además Finca Altozano y el Hotel Valle de Guadalupe son muy famosos.

En su próxima visita dese tiempo de visitar los museos de la Vid y el Vino y el Comunitario. Descubra usted el buen vino y la historia de esta tierra de migrantes.

Si tiene usted, estimado lector, la suerte de encontrar a Romina Mendoza o a Arturo Aguilar, no los deje ir, verá que afortunado será su viaje de degustación con estos anfitriones, embajadores honorarios del magnífico Valle de Guadalupe.

En efecto, recuerde: “el vino alegra el ojo, limpia el diente y sana el vientre”.

¡Salud!

Más información: winefolly.com ; wine-searcher.com ; valledeguadalupe.com ; Principles and Practices of Winemaking ; Understanding Wine Chemistry ; The Oxford Companion to Wine ; Gambero Rosso’s Italian Wine ; La Ruta del Vino en Baja California, José de Jesús Quiñones Ramírez et al; Los vinos mexicanos y su historia, Lorena Centeno.




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