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Foto: lfmopinion.com


Rosario Ibarra

La medalla de honor Belisario Domínguez, es el mayor reconocimiento, la más alta distinción que otorga el Senado de la República. Se llama así en recuerdo del médico y político chiapaneco Belisario Domínguez que desde la tribuna del Congreso denunció la usurpación de Victoriano Huerta, acto que le costó la vida en 1913, después del asesinato de Madero y en plena Revolución.

El doctor Belisario Domínguez estudió medicina en París, Francia. Al regresar a México fue alcalde de su ciudad natal, Comitán, llegó al Senado como senador suplente y al morir el propietario electo, Domínguez ocupó una de las curules asignada al estado de Chiapas.

Transcribo parte de su histórico texto leído en el Congreso.

“… no solamente no se hizo nada de bien en la pacificación del país, sino que la situación actual de la República es infinitamente peor que antes (…) nuestra moneda está devaluada, nuestro crédito en agonía, la prensa de la República amordazada o cobardemente vendida al gobierno y ocultando sistemáticamente la verdad; nuestros campos abandonados; muchos pueblos arrasados y, por ultimo, el hambre y la miseria en todas sus formas amenazan extenderse… ¿A qué se debe tan triste situación? (…) A que el pueblo mexicano no puede resignarse a tener por Presidente de la República a don Victoriano Huerta, al soldado que se apoderó del poder por medio de la traición y cuyo primer acto al subir a la presidencia fue asesinar cobardemente al presidente y al vicepresidente legalmente ungidos por el voto popular (…) ha dicho don Victoriano Huerta (…) (que) está dispuesto a derramar toda la sangre mexicana, a cubrir de cadáveres todo el territorio nacional (…) La representación nacional debe deponer de la presidencia de la República a don Victoriano Huerta (…) que es un soldado sanguinario y feroz, que asesina sin vacilación…”

Después lo apresaron, lo torturaron, le cortaron la lengua y lo mataron.

La legislatura actual ha decidido entregar la medalla Belisario Domínguez este año a doña Rosario Ibarra de Piedra, una luchadora incansable. En 1974 desapareció su hijo Jesús, quien fue secuestrado y torturado por militares, acusado de participar en el secuestro y asesinato de don Eugenio Garza Sada.

La madre cambió su vida y la dedicó desde entonces a buscar a su hijo. Encontró muchos desaparecidos de otras madres y fundó Eureka como institución de lucha, de protesta contra la injusticia, el desdén y la prepotencia, en busca de más desaparecidos, de torturados, de asesinados, de presos sin juicio.

La medalla de honor creada por el Senado se otorga desde 1954 para premiar a los hombres y mujeres mexicanos que se hayan distinguido por su ciencia o su virtud en grado eminente como servidores de la Patria o de la humanidad.

Entre los laureados destacan en los últimos años: Julia Carabias, bióloga de la UNAM; Miguel Ángel Granados Chapa, periodista de Uno más Uno, La Jornada y Reforma principalmente; Antonio Ortiz Mena, exsecretario icónico de Hacienda durante el llamado desarrollo estabilizador, también director del Seguro Social; Javier Barros Sierra, rector de la UNAM en 1968, quien izó la bandera nacional en el campus universitario a media asta en señal de luto; Luis H Álvarez, líder panista, opositor ejemplar y promotor de los primeros gobiernos estatales de Acción Nacional en Baja California, Chihuahua y Guanajuato; Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, fundador del PRD, exsenador de la República y ex gobernador de Michoacán, excandidato a la presidencia de la República y despojado de la victoria, según muchos analistas políticos e historiadores; Ernesto de la Peña, sabio maestro lingüista, especialista en estudios de literatura, música y filosofía; Manuel Gómez Morín, fundador del PAN, abogado de la UNAM, presidió el Banco de México y fue rector de la UNAM en el bienio de 1933-34.

Rosario Ibarra de Piedra, incansable, persistente, ex candidata a la presidencia de la República, será una digna portadora de la medalla de honor del Senado, seguramente en su discurso en sesión solemne se recordarán algunas frases que la definen, como por ejemplo esta: “Vamos a luchar, nunca a olvidar” y asimismo deberá estar presente el heroísmo y sacrificio del senador Belisario Domínguez.

¡Qué diferencia de la condecoración otorgada al yerno del vecino arrogante, a cambio de protección, negocios y muros! Al Águila Azteca, desde entonces, le urge un exorcismo.




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