DE LO COTIDIANO A LO CLÁSICO

Juguetes de infancia

Juguetes de infancia
Imaginación millonaria

Antes de la era de las tabletas, los niños jugábamos con plastilina, con cubos para forman torres para derribar, con cochecitos que daban arrancones y chocaban, con dinosaurios, matatenas, palillos chinos, juegos de química con goles y guantes de seguridad, raquetas y pelotas de goma, balones, muñecas, brincábamos cuerda y resorte, hundíamos submarinos en un tablero, etc. Sería extraordinario que los papás de estas generaciones desaparezcan las tabletas de las manos creativas de sus hijos, para que le den la oportunidad a la imaginación ilimitada que la mente nos regala todos los días y en cualquier momento. Me acuerdo que de niñas mi hermana y yo montábamos nuestro negocio en la casa, detrás de la reja que daba a la calle; colocábamos una mesa con dulces y un juguete que nos encantaba que era una caja registradora de color rojo, que al apretar un botón sonaba una típica campanita de caja registradora, cuando se abría de sopetón el cajón con el dinero. Mientras vendíamos nos comíamos uno que otro dulce, y al entrar a la casa nos repartíamos la ganancia, la cual reinvertíamos en nuestro negocio. Cuando en la tarde llegaban mis primas, volvíamos a montar la tiendita pero en mi recámara, esta vez simulando que era una tienda departamental, entonces acomodábamos por todos lados montoncitos de plumones, cepillos de pelo, maquillaje y bolsas de mi mamá, perfumes, cuadernos para colorear, juguetes y, por supuesto, la caja registradora, que estaba asignada al puesto más importante de la tienda, pues era emocionante escuchar la campanita que anunciaba otra venta… ficticia. A las que les tocaba el papel de clientas se les repartían billetes que tomábamos prestados de la caja del juego llamado “Turista”. La tiendita, la caja registradora, la plastilina, los “pancholares”, así como los juegos que cada quién tenga guardados en su archivo de recuerdos, forman parte de una infancia donde la imaginación volaba en una escoba mágica o ganaba una carrera de F1 en patines de cuatro ruedas.

Otro de mis juguetes consentidos que usé muchísimas veces sola hasta que de tanto uso se descompuso, consistía en un aparatito como tornamesa, al que se le insertaba una hoja blanca de papel que al “spinear” o girar o centrifugar se le iba echando pintura que salía al apachurrar hacia abajo, los botecitos de plástico que contenían la pintura; mientras el tablero giraba y la pintura caía se iba formando una obra abstracta similar pero diferente en cada ocasión, en la que observaba cómo de los colores primarios: azul, rojo y amarillo, se fusionaban como por arte de magia, para formar los violetas, naranjas y verdes. Mientras me acordaba de mí de niña realizando tantas veces “spin art”, recordé a Damien Hirst, quien es un empresario multimillonario y coleccionista de arte, de nacionalidad inglesa, considerado como uno de los artistas más famosos de la actualidad, que entre otras cosas busca inconformar, provocar y escandalizar al mundo entero con sus excentricidades. Por ejemplo, tiene pensado registrar como propias dos formas de realizar arte: una es precisamente el “Spin Art”, el que yo realicé tantas veces, forma que Hirst está tomando como un género artístico propio; la segunda forma que busca registrar a su nombre, son puntos o círculos de colores, pintados de forma ordenada, por sus ayudantes; ¡No es broma! Hirst quiere registrar a sus artistas empleados pero no sólo registrar como suyos los círculos de colores y el nombre del artista empleado sino también el hecho o la realización o la acción que realiza ese empleado al pintar los puntos de colores. Perdón pero mi humilde opinión es que ya no saben ni que inventar, esto me parece soberbia no imaginación.

¿A quién le ha pasado que tiene muchas ideas en común con una persona y que las mismas ideas las tienes cero en común con otra persona? Es como toda una diversidad de ideas de las distintas personalidades de los millones de seres humanos que somos en el planeta, y es esto lo que me llevó a realizar esta comparación que resultó tener casi nada en común entre lo que piensa y busca Hirst y lo que pensaba y hacía yo:
1.- Mi hermana y yo montábamos la copia de una tiendita, Hirst montó y expuso en un museo, una farmacia tamaño natural, que se vendió en un precio alzado.
2.- De niña siempre me gustó snorquelear en el mar de la Isla de en medio en Veracruz, aunque solamente en lo bajito por aquello de la fama de los tiburones en aquellas costas, sin embargo una vez estando mi hermana y yo en el muelle, pescando con un pequeño anzuelo que colgaba de un hilo de nylon, pescamos un cazón o pequeño tiburón (que nosotras veíamos gigante), que nos asustó al saltar del agua y que con lágrima escurrida desenganchamos (con ayuda de un adulto) y devolvimos como todas unas heroínas valientes muertas de miedo y tristeza, al temeroso pequeño tiburón para que continuara su vida. “La imposibilidad física de la mente de algo vivo” (1991), título cruel que a mi parecer se refiere a un condición de discapacidad, es el nombre que le dio a una escultura que el millonario Steve Cohen le compró a Hirst en 9,5 millones de euros, y que consta de un precioso tiburón blanco que se mantiene en formol en una pecera transparente para que todos veamos la imposibilidad física de la mente de algo vivo.
- Las únicas esculturas que he intentado fueron en mi infancia; unas eran de papel maché, otras de yeso y otras de plastilina. “The virgin mother” o “La madre virgen”, es una escultura de Hirst, obra que me parece grotesca.
- Los diamantes más grandes que he visto son los que usaban mis hijas de niñas, una con uno rojo y la otra con uno azul, que chupaban hasta que se les pintaba la lengua, misma que sacaban una y otra vez frente al espejo para comprobar que el color seguía ahí. “Diamonds Are a Girl´s Best Friend” es una famosa canción y, “Diamonds are for ever” es una famosa frase. Confieso que me encantan los diamantes pero esto si es una mentada: “For the Love of God” (2007) de Hirst, es probablemente la escultura actual más cara del mundo pues consiste en el cráneo de un humano de 35 años de edad, del siglo XVIII, que le sirvió de molde para su escultura de platino en la que se le incrustaron 8,601 diamantes sin defectos, incluidos un par de diamantes rosa incrustados en el centro de la frente, parte del cráneo a la que se le nombró “Skull Star Diamond”. También los dientes incrustados en la escultura son auténticos. El costo de producción de esta obra fue de 14 millones de libras esterlinas y el precio de venta en la galería londinense “White Cube” fue de aproximadamente 50 millones de libras esterlinas, precio más alto jamás antes pagado por la obra de un artista vivo. Se cree que esta obra está inspirada en una pieza de origen Azteca que se encuentra en el British Museum. Hirst refleja dicha obra con estas palabras: “Es una celebración de vida al cubrir el símbolo primordial de la muerte con el símbolo primordial de la lujuria, el deseo y la decadencia”.
- Siempre me han gustado las vacas porque me parece un animal tan pacífico que no lastima ni molesta a nadie, simplemente come, da leche y se le ve pastando ¿será que medio que soy de rancho? Mis hijas saben que si tuviera una vaca se llamaría Josefina, me parece un nombre noble y elegante para mi vaca pinta consentida, que no existe y que quiero tanto. “Mother and Child (Devided)” es el nombre de otra escultura de Hirst que trata de una vaca y un becerro que han sido separados y que cada uno está resguardado en su caja con formol.
- “Beautiful revolving sphincter” es el nombre de una de las obras abstractas de Hirst, de su dizque género por registrar: “Spin Art”.

Me fascina el arte porque transmite tantas y tantas cosas y porque refleja tantos y tantos sentimientos, pensamientos, épocas, cambios, situaciones, en fin, es toda una forma de expresión. Estoy convencida de que es uno de los géneros con mayor diversidad a nivel mundial y que históricamente está constantemente cambiando, sin embargo me cuesta mucho trabajo entender algunas de las obras como las de Hirst o las que vi en un reconocido museo en México: una era una gran torre (como si tomáramos arena y despacio la volviéramos a vaciar en la playa y se forma una torre en forma de pirámide) hecha de miles de paletas idénticas; la otra era una hilera de focos rotos sobre el piso, acompañada de un video que mostraba a una joven caminando y caminando sola y sin rumbo y sin moverse de lugar. What!? Otra que vi en otro museo, eran unos guantes de piel que el artista se quitó y dejó “ahí” para exponerlos como obra de arte en su museo.

Y así miles de exposiciones que aun no entiendo, sin embargo atraen público. Poco y selecto tan heterogéneo como en el mundo del arte, porque en gustos… se rompen géneros.

Laura Acosta

Laura Acosta

Desde niña asistí a clases de pintura; de adulta he estudiado en diferentes talleres de arte, técnicas como grabado en placas de acero, monotipo en acrílico, distintas técnicas de pintura y dibujo. En la actualidad pinto, expongo mi obra e imparto clases de pintura. Otra de mis grandes pasiones es la literatura. He estado en diplomados y talleres de poesía, cuento fantástico y clásico y creatividad literaria; en este último aprendí a leer varias de las obras consideradas clásicas, y he colaborado en la elaboración de libros de arte, en el área de dinámicas para alumnos de secundaria. Así mismo doy clases de literatura y lectura de novela y cuento, a adultos.

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