DE LO COTIDIANO A LO CLÁSICO

Jaime Sabines

Jaime Sabines

En determinado momento o época de nuestra vida nos podemos identificar con algo que verdaderamente nos guste, como una actividad que realicemos a solas, en pareja, en equipo o en grupo; por ejemplo los que corren solos o los que lo hacen en grupo; los que cocinan en un grupo pero lo hacen solos; los que arman rompecabezas solos pero en ocasiones llega alguien y pone una que otra pieza; los que leen a solas o únicamente cuando asisten al Club de libro o capacitación, junta o congreso; los que meditan solos pero en grupo; los que practican algún deporte en equipo pero solos; en fin, un sinfín de actividades diversas que a cada quien llena. Por ejemplo, siempre me han gustado los juegos de mesa que se juegan en equipo o solo pero en grupo, y los juegos de palabras porque los veo como un reto que me entusiasma y me rompe la cabeza, como por ejemplo recuerdo cuando de niña me encantaba jugar ahorcado y/o basta; Scrabble y Yatzee de adolescente, y resolver crucigramas, paradojas, sopa de letras y Sudoku.

Dicen que todos estos juegos de palabras favorecen el lenguaje, la redacción y la ortografía, además de mantener una mente activa.

Hay un juego de palabras que en gramática se llama Calambur, que es un juego que resulta de un error al modificar una palabra que se asemeja en sonido a otra pero se escribe de forma diferente; para explicarlo mejor, está la famosa anécdota de cuando Francisco de Quevedo llamó coja a la reina doña Isabel de Borbón (que sí era coja), al recitarle un poema, pues en lugar de decir: “Entre el clavel blanco y la rosa roja, su majestad escoja”, recitó: “Entre el clavel blanco y la rosa roja, su majestad, es coja”.

Otro juego de palabras es un anagrama, que consiste en cambiar el orden de las letras para crear otra palabra; un ejemplo claro es la palabra amor, que al cambiar el orden creamos las palabras: Roma - ramo –mora - armo y Omar; también tenemos ejemplos como: japonés por esponja; frase por fresa o Silent-listen-enlist. ¿A quién le ha pasado que repite muchas veces la palabra jamón y termina diciendo monja? ¿Recuerdan esta graciosa bobada? Porque yo recuerdo que repetía jamón con tal concentración para no decir monja.

También me gustaba repetir trabalenguas como: “How much wood would a woodchuck chuck if a woodchuck could chop wood” o esto que me gusta escribir sin pensar, usando únicamente la misma vocal para ver qué sale: “No lo conozco por loco o por solo, sólo lo propongo como con los otros dos mocosos poco zonzos ” o “A Carla Blanca Abascal Aranda la casa mamá Ana a la mañana; para mala pata da la cara a la afamada catalana amargada Paca Barragán Alcántara” o se me ocurre intentarlo como un estilo de algo así como una especie de lecto-escritura japonesa o “en chino”, pero obviamente en español, juego que es verdaderamente forzar a mi cerebro a hacerlo al revés: sarbalap sal noc raguj atnacne eM. ¿Alguien descifró cómo leerlo? Lo difícil no es leerlo sino escribirlo como lo hacía Leonardo da Vinci que siendo surdo en ocasiones escribía, no al revés pero sí de derecha a izquierda para no correr la tinta china al escribir. Hay personas que por ejemplo para todos los nombres compuestos de sus hijos, utilizan un nombre en común: Juan Andrés, José Juan y Juan Carlos. También hay que recordar que en algunos países no se pueden registrar a los bebés con nombres que a la larga les causen problemas, como por ejemplo prohibido en México: James Bond, Sonora Querida, Lady Di o Harry Potter, entre otros. En Francia: Nutella, Mini Cooper o Prince William. En Alemania: Bin Laden o Hitler. En Suiza: Judas o Channel. En Islandia se prohíben nombres que contengan letras que no son parte de su alfabeto, como Enrique o Willie porque no existen ni la Q ni la W. En Dinamarca no se permite registrar con nombres como Pluto o Mickey o Monkey o Tiger. En Malasia no se permiten nombres con significados tipo: Chow Tow = Cabeza maloliente o Sor Chai = loco.

Me parece que las palabras no siempre son sólo palabras, sino que además de su significado, son algo así como un medio para expresar, por ejemplo “códigos secretos infantiles”: yofo quieferofo ifir afal cifinefe mafañafanafa o hay extrañas palabras larguísimas que significan algo, como esta palabra: Hexakosioihexekontahexafobia, que significa: fobia al número 666, lo cual parece irracional porque en gran parte se trata de superstición del cristianismo popular. O como el largo nombre del compositor mexicano Agustín Lara: Ángel Agustín María Carlos Fausto Mariano Alfonso del Sagrado Corazón de Jesús Lara Y Aguirre del Pino.

En fin, muchas personas juegan con palabras y con nombres. Tal es el caso de uno de mis escritores favoritos, que se casó con Josefa, con quien tuvo cuatro hijos a los que bautizo con los nombres de: Julio, Julieta, Judith y Jazmín. El padre de este poeta era Julio, de origen libanés que aprendió todo el conocimiento de los libros, por tradición oral cuando vivía en Líbano. Los nombres de los hermanos de este escritor mexicano son Juan y Jorge, el nombre de este famoso escritor considerado como uno de los mejores poetas del siglo XX, romántico, extraordinario poeta mexicano reconocido internacionalmente, que nació el mismo día que yo, es, mi querido: Jaime Sabines Gutiérrez (Tuxtla Gutierrez, Chiapas, 25 de marzo de 1926 – Ciudad de México, 19 de marzo de 1999).

Sabines fue un hombre sencillo que trabajó arduamente en diferentes técnicas para redactar, reconociendo esta disciplina como la inspiración que lo llevó a descubrir su propia personalidad dentro de su poesía, como sucede en este poema de su autoría:

“Te desnudas igual”
Te desnudas igual que si estuvieras sola
Y de pronto descubres que estás conmigo.
¡Cómo te quiero entonces
Entre las sábanas y el frío!
Te pones a flirtearme como a un desconocido
Y yo te hago la corte ceremonioso y tibio.
Pienso que soy tu esposo
Y que me engañas conmigo.
¡Y como nos queremos entonces en la risa
De hallarnos solos en el amor prohibido!
(Después, cuando pasó, te tengo miedo
Y siento un escalofrío.)


Recientemente pinté el marco de madera de un espejo, de un tono rojo que me encanta; sobre el rojo pinté de blanco sillas y sillones, y al terminar escribí, también sobre el marco, esta frase de Jaime Sabines, que reitero, es uno de mis escritores favoritos: “Yo no le tengo miedo a nada, pero todavía no me explico por qué tiemblo cada vez que te veo”.

Laura Acosta

Laura Acosta

Desde niña asistí a clases de pintura; de adulta he estudiado en diferentes talleres de arte, técnicas como grabado en placas de acero, monotipo en acrílico, distintas técnicas de pintura y dibujo. En la actualidad pinto, expongo mi obra e imparto clases de pintura. Otra de mis grandes pasiones es la literatura. He estado en diplomados y talleres de poesía, cuento fantástico y clásico y creatividad literaria; en este último aprendí a leer varias de las obras consideradas clásicas, y he colaborado en la elaboración de libros de arte, en el área de dinámicas para alumnos de secundaria. Así mismo doy clases de literatura y lectura de novela y cuento, a adultos.

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