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Crecimiento y Desarrollo

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Fiducia.

En ciencias sociales, Crecimiento es el aumento de bienes y servicios que una sociedad produce, generalmente en un año. Se trata de aumentar las reservas para garantizar que el aumento poblacional, o su nueva reconfiguración encuentre a precios competitivos de mercado el equilibrio entre oferta y demanda. Se refiere a acumulación y aumento del producto interno bruto para consumir, invertir y poder intercambiar con el resto del mundo.

Desarrollo es en términos económicos, políticos y sociales la óptima utilización de esos bienes y servicios que la sociedad produce e importa, no sólo para satisfacer el consumo, sino para generar nuevas inversiones productivas, hacerlo de manera que influya en el bienestar de la población, sin excesiva desviación en la concentración del ingreso y la riqueza, con mejores oportunidades educativas, culturales, de salud y laborales. En fin, Desarrollo se refiere al logro de una mejor calidad de vida para los habitantes de cualquier nación. De ahí la tradicional división entre países desarrollados o subdesarrollados o en proceso de desarrollo, que a veces puede durar una eternidad.

En este tema, se ha puesto de moda aceptar sin conceder los sermones mañaneros, algunos lúcidos, provocativos, interesantes; otros muchos repetitivos, monótonos, insulsos y aplaudidos por reporteros y periodistas que desde el púlpito jalan para su santo sin consideración al respetable. Además, nos chupamos clases de historia popular, con algunos asertos marcadamente teledirigidos o direccionados para las redes. Se confirma que, en efecto, el medio es el mensaje. Que el cuarto año de primaria es el promedio educativo nacional.

En este hablar lento y pausado hay mensajes subliminales provocadores de gritos de la oposición, que sigue llorando, que nos reiteran que el peligro aún está por venir. El Apocalipsis postmañanero.

Parece que la mejor opción estaría en un término medio entre el hedonismo y la filosofía intuitiva de Manesca/ Ollendorff, donde cada quien dice y entiende lo que quiere, pero con certero aprendizaje, lo que sus intereses guían para lograr la tasa máxima de ganancia posible, o lo que cada quien aspire lograr, como la reducción de la corrupción y la pobreza.

Como escribí antes, en política económica lo esencial es la fiducia, la certidumbre para generar credibilidad y confianza. Los agentes económicos lo saben y actúan en consecuencia, casi siempre en busca de su propio beneficio e interés.

Los factores de la producción: trabajo, tierra y capital más organización, se combinan para el óptimo logro de metas, objetivos y estrategias ganadoras. El éxito.

En México, esta cuestión se complica cuando la mitad de la población activa trabaja en el sector informal, se calcula que al menos medio millón de personas está vinculada al crimen organizado, alrededor del 50% vive en pobreza y 20% sobrevive en extrema pobreza.

Mientras las calificadoras de riesgos reducen las posibilidades y expectativas de crecimiento e insisten en afectar e influir las decisiones de inversión y realización de nuevos proyectos, que a su vez provocarían mayor demanda y trabajo, con el llamado efecto multiplicador; desde el púlpito mañanero se insiste con frecuencia que para la 4T es más importante el desarrollo que el simple crecimiento.

En efecto, así debe de ser, teóricamente, salvo que ningún desarrollo puede ser sostenible en la línea del tiempo sin el beneficio y acumulación del crecimiento, ya que se requiere de inversión productiva para enfrentar crecientes demandas de la población, máxime con atrasos significativos que han derivado en pobreza y escasez acumulada y crecientes necesidades insatisfechas.

Se trata de mitigar o resolver estas contradicciones dinamizando los motores de la economía para el apoyo de la economía del bienestar, a saber:

La economía popular, vía el aumento del consumo, por los apoyos a población de adultos mayores, especialmente a grupos indígenas y de discapacitados, becas a estudiantes, apoyos para el campo y programas de siembra. Así como los 35 mil millones de dólares de remeses enviadas este año a las familias desde el extranjero, que hoy son la mayor fuente de ingresos del país.

Beneficiar a los más pobres, generar más trabajo, promover que los ricos paguen más impuestos, asegurar jubilaciones decorosas, mejorar la calidad de la educación; en general, combatir el subdesarrollo y fomentar la igualdad tiene, sin embargo, costos en el modo de producción dominante, que retrasan su dinamismo y lo encarecen.

Habrá que apuntalar al sector público, con sus empresas como Pemex, la CFE, los bancos de desarrollo como Nafinsa, Banobras, el Banco de Comercio Exterior y el Banco de México que, como banco central, debe de ser sujeto a una renovación en cuanto al uso y destino flexible de reservas internacionales y ampliación para el fomento y desarrollo de sus objetivos y metas, no sólo alrededor del control de precios, como desde hace décadas se ha propuesto en los cursos de Programación Financiera del CEMLA y otras instituciones académicas, sino en cuanto al fomento de la citada fiducia financiera hacia tasas más competitivas y promoción del capital semilla y recurrentes programas crediticios de bienestar financiero desde el sector bancario en México.

La inversión privada es fundamental para crecer y desarrollar al país, su valor es significativamente mayor que la inversión pública. Se estima, según la SHCP, que es casi 7 veces más que la inversión pública, de ahí su importancia y trascendencia.

En forma comparativa cabe recordar que, en México, ha habido tradicionalmente empresarios dueños multimillonarios y empresas con crecimiento limitado, mientras que, en el Japón, por ejemplo, ha habido a partir de la segunda mitad del siglo pasado, un desarrollo sobresaliente de empresas multimillonarias y empresarios dueños de riqueza relativamente limitada, subordinados al interés general.

En México, con la cantaleta de las garantías, se detienen o posponen nuevos proyectos de inversión, se mantienen recursos en bolsa o en el extranjero, en espera de condiciones que promuevan las multicitadas “garantías” o de contratos millonarios por asignación directa, que no son otra cosa adicional que menores impuestos, otros beneficios y exenciones fiscales, créditos blandos, áreas de influencia oligopólicas en el mercado, protección arancelaria y comercial, negocios de tanto por ciento más en comisiones.

De tal manera que nunca pierden y cuando lo hacen, arrebatan, o aparecen programa de rescate como los de Banobras a Alfa. Lo que no se pudo hacer con Mexicana de Aviación por compromisos ineludibles en el mercado reconfigurado después del famoso 9/11. Víde: Aspe, Alemán, Alcántara y socios.

Un comentario especial merece la inversión extranjera directa (IED), ya que nuestro país es de los más abiertos en la comunidad internacional y que ha crecido hasta alrededor de 26 mil millones de dólares, según cifras oficiales, al tercer trimestre de este año.

Cabe señalar, sin embargo, que la citada IED está concentrada en áreas de capital foráneo tradicional y de exportación con altas tasas comparativas de retorno.

El programa económico del régimen actual, ya con el nuevo presupuesto de egresos aprobado por los diputados en la sede alterna y el presupuesto de ingresos correspondiente, contendrán marcas únicas en austeridad, sin nuevos impuestos, sin nuevo endeudamiento en términos reales, con énfasis sobresaliente en los programas de bienestar, con recortes a entidades y organismos autónomos y reducción de publicidad oficial. Con énfasis en apoyos directos a la población y la amenaza de algunos gobiernos panistas como el de Chihuahua de salirse del pacto fiscal federal.

En efecto, la campaña antipeje va duro y tupido, también en las benditas redes sociales y el país parece tan dividido como hace un año.

Por tanto, el costo para crecer será más oneroso para todos, en tanto que no se reduzca la violencia y la inseguridad. En tanto que no se asegure el beneficio generalizado a la población en su conjunto y se promuevan garantías de estabilidad y ganancias para todos, aunque sea con pago de impuestos y en forma equilibrada.

Y en tanto no se logre la aprobación del nuevo tratado trilateral México-EUA-Canadá, que sería una muestra de confianza y que absurdamente se ve más lejano que antes ya que estamos en la vorágine de la reelección de Mr Truuump y todo puede decirse otra vez.

Una especie de Déjà Vu, o campaña reloaded, con todo y niños encarcelados y escándalos al por mayor. En resumen: es el costo de la dependencia.







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