RAÍCES DE MANGLAR

World of Pain: Eric Clapton y la injusta convalecencia

World of Pain: Eric Clapton y la injusta convalecencia

Foto Copyright: lfmopinion.com

Honor a quien honor merece.

La neuropatía periférica diagnosticada y anunciada en 2016 para Eric Clapton fue un fuerte golpe no sólo para sus incondicionales, sino para todo aquel que goce de sus sonidos de babel , de la guitarra plácida y de los arranques de euforia bluesera a las que nos tenía acostumbrados el “Mano Lenta”. Después de la pérdida física de personajes insustituibles como Prince o David Bowie (que el Olimpo roquero los tenga bien guardados), la enfermedad crónica y el reciente anuncio en una entrevista de la BBC por el propio Clapton de padecer tinnitus, lo cual eventualmente lo dejará sordo, son hechos sumamente amargos que vienen a dar al traste en unos años llenos de inevitables maldiciones rocanroleras cumplidas.

Por todo lo mencionado, es necesario retomar su último álbum en estudio titulado I Still Do ( Surfdog, 2016) como lo que desde hoy a la posteridad será: un evento significativo. ¿Es este disco un digno broche de oro para la carrera del oriundo de Surrey, Inglaterra? En mi opinión no sólo es digno, es todo un triunfo dentro de la larga discografía claptoniana y eso ya es decir demasiado.

I Still Do nos muestra a un Clapton en la cima de la madurez bluesera, sin mascaradas, despertando sensibilidades sin recurrir a la nostalgia barata. Desde el más puro blues a la Chicago con “Spiral”, pasando por coqueteos bossa nova en la magnífica “Catch the Blues” hasta la reinvención de la clásica folk “I Dreamed I Saw St. Augustine” de Bob Dylan, no hay pretensiones vacuas ni intentos glamurosos para consagrar lo ya consagrado. Sólo un anciano con una guitarra tocando lo mejor que puede en una vida que le ha jugado chueco una vez más. Porque si alguien sabe de sufrimiento, descalabros, dolor y, por supuesto, de blues, sin duda es él.

El sonido de I Still Do es de altos vuelos, debido sin duda a la colaboración del mítico productor Glyn Johns. Sus doce tracks contienen el espíritu de todos los tiempos, las vibraciones en sus notas provocan un sentimiento de calidez y añoranza que por momentos dan la impresión de siempre haber estado ahí, flotando, esperando a ser acogidos por el rasgueo perenne del más grande guitarrista inglés, aquel que publicitaban los muros londinenses como el mismísimo “Dios”. Clapton demuestra por qué es y será uno de los mitos musicales más importantes de la historia.

Es por todo lo anterior y por el esfuerzo realizado en estos últimos meses por este legendario ejecutante de las seis cuerdas, como el anunció de un evento en conmemoración de su compañero de armas recientemente fallecido, Ginger Baker, para febrero de 2020 en el Eventin Apollo de Londrés, que debemos reconocer el lugar común: honor a quien honor merece.

¿Qué más podemos pedirle a este veterano? Nada, que no pierda la lucha con sus enfermedades y padecimientos quizá, que no olvide que su público lo respeta y venera también. En fin, él tiene el blues y nosotros sus canciones, eso es un trato que ningún “Crossroad” puede superar.

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Francisco  Cirigo

Francisco Cirigo

En su novela Rayuela, Julio Cortázar realiza varios análisis sobre la soledad, exponiéndola como una condición perpetua, absolutamente fatal. Dice que incluso rodeándonos de multitudes estamos “solos entre los demás”, como los árboles, cuyos troncos crecen paralelos a los de otros árboles. Lo único que tienen para tocarse son las ramas, prueba inequívoca de la superficialidad de sus relaciones. Las personas somos como árboles y nuestras relaciones son ramas, a veces frondosas y frescas, a veces secas y escalofriantes, pero siempre superficiales. Nuestros troncos son islas sin náufragos posibles.

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