RAÍCES DE MANGLAR

El hueco bajo los ojos

El hueco bajo los ojos

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Mirate.

Mírate, detenida en un segundo, tan llena de ti misma, tan sobrada de sospechas. Mírate allí, entretenida con un durazno, conocedora imperturbable de mi deseo. Escúchate a lo lejos, apenas con el roce de las palabras, incipientes, poderosas. Háblame antes de que reviente.

Mírate, en tu pequeño capullo, introspectiva, en la noche y sin letras. Sólo tú y tu efecto coronario, intransigente. Me voy dando cuenta que mi amor es sólo suspiros y promesas efímeras. Si acaso pudieras aceptar mis instantes, mis demonios.

Ten piedad de mi atribulación, ten coraje, elimina el asco, aprende de mí, préndete a mí. Coloca tus dulces y suaves piernas en mí, rodéame con ellas. Toca mi rostro, míralo sin vergüenza porque somos iguales.

Observa mis años, mis manos, las arrugas, las patas de gallo, los huecos bajo los ojos, el espejo, tú y yo, lo convexo y lo cóncavo. Besa mi boca belfa, siente mi aliento en tus comisuras y derrámate sobre mí.

Acepta lo prohibido, que encarne. Eso que llevas y que palpita en tu bajo vientre. No lo niegues, es tu tristeza y una vuelta a lo inevitable. Las mariposas en el estómago, el suspiro contenido, por favor, una vez más, antes de que reviente.

Confirma mis pensamientos, haz de mí el momento, el culpable, el cuento y la noche, la ráfaga impetuosa, el sueño abominable. Quiero ser tu terror nocturno, la razón, el porqué vaporoso de tus celos.

Toma el bestiario y búscame, mi erosionado y triste parecer. Olvida lo que te enseñaron, y por un instante hazme el “difunto vivo” tuyo. Porque en el beso quiero volver a temblar. Inténtame, sacerdotisa secreta, antes de que reviente.

Atrévete y vuelve realidad aquel paseo por el jardín botánico, por el lugar de las esculturas, la hierba seca y la piedra de volcán. Regálame mi sonrisa original, aquella que me arrebató el tiempo. Se la felicidad y el descubrimiento de un nuevo yo, el mejor yo: la valse à mille temps.

Escucha mi súplica, que toque tu anhelo y lo transmute en aspiraciones ciertas. Adivina el sabor de mis labios, el ardor al centro de mis manos tocando la punta de tus senos. Dame sin pensarlo la ternura máxima que guardas y acepta la mía, antes de que reviente.

¡Oh, mujer tibia! ¡Falsa Eva escrupulosa! Comete el crimen, el sacrilegio oculto. Se la herida y la sanación. Que llegue algún día nuestro aroma combinado, la mezcla de la culpa y el amor. Hombre y mujer, juntos y eternos en un segundo, amantes completos y sanos.

Voy siendo tierra y suciedad. Como una especie de Midas roto, todo lo que toco se vuelve recuerdo o polvo. Hambriento es el adjetivo exacto, el no objeto de deseo, piel temblorosa y ansiedad. Tócame, ámame, antes de que reviente.

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