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Odebrecht, otra vez la mano del diablo

Odebrecht, otra vez la mano del diablo

Foto Copyright: lfmopinion.com

Corrupción.

Parece ser cierto que mientras más acumulas, menos libre eres. Mientras más imbricados con perversidad son los compromisos firmados, nunca más la mano del diablo te suelta.

Como el azar está presente, unos llegan a presidentes de la República y otros se dicen filántropos y hasta pagan el desayuno. Otros cubren la cuenta sólo por viajar de a gratis, en un momento inoportuno o de debilidad.

¿Será lo mismo el que roba por hambre, el que tiene al hijo enfermo, el que le falta para la renta? ¿El que vive de engañar a la gente? ¿El enfermo cuentachiles? ¿El que de gula monetaria se empacha?

En otro tiempo, conocí a un viejo marro que podrido en dinero compraba indulgencias en El Vaticano y mientras más pagaba recibía pergaminos cada vez más garigoleados, supuestamente asegurándole su espacio VIP en el más allá. Sin embrago, según dicen los voceros del diablo, pasa la muerte en vela en los apretados infiernos.

En efecto, lo que era en un principio el camino al paraíso, terminó en esta otra ocasión intermedia en una putrefacta cárcel peninsular, en espera de la inevitable extradición. Una trama de delincuencia organizada.

Alrededor de Odebrecht, empresa brasileña, se ha construido una dramática red de corrupción y delación, incluso con tintes de comedia.

Como siempre, poderoso caballero es el dinero, a los hermanos los distancia, a los amigos los convierte en mezquinos enemigos, los imperios avanzan a tambor batiente y roban territorios, mujeres y mercados. El juego es tratar de acumular más y más en un círculo de locura que olvida el ser por el tener.

Odebrecht es un conglomerado de negocios con sede en Bahía y São Paulo, Brasil; especializado en las áreas de ingeniería, construcción, química y petroquímica. Asimismo en actividades aeroespaciales, de infraestructura, defensa y transportes. Tiene presencia en Africa, Europa, América Latina y el Oriente Medio, principalmente.

Cuenta actualmente con alrededor de 60 mil empleados, aunque en 2010 sumó 181 mil en 21 países. Cuenta con un ingreso neto anual de aprox. 210 millones de dólares.

Como se sabe, el gigante brasileño participó en la construcción de proyectos de infraestructura icónicos en Latinoamérica y al mismo tiempo su fama se extendió por su probada participación en casos de enorme corrupción y soborno.

Esta empresa participó, por ejemplo, en la construcción del metro de Caracas, un puerto integral en Cuba, estadios de fútbol e infraestructura anexa para la celebración del Mundial de Fútbol en Brasil en 2014.

Además de negocios con Petrobras, particularmente en la operación de Lava Jato, e igualmente muchos otros contratos adicionales al pagar sobornos para la obtención de obras en otras partes del mundo.

Se calcula que entre 2001 y 2016 el grupo Odebrecht pagó sobornos y dádivas por cerca de 800 millones de dólares

En 2015 Marcelo Odebrecht, nieto del fundador del grupo, junto con una docena de ejecutivos fueron arrestados y encarcelados.

En 2016 las autoridades suizas y estadounidenses impusieron por corrupción confesa a Grupo Odebrecht una multa de $2.6 miles de millones de dólares. Alrededor de 77 directivos hicieron declaraciones juradas a cambio de menores penas legales y bajo acuerdos de colaboración y delación previamente aceptados.

Sus revelaciones han tenido repercusiones importantes en la región.

Se ha sabido de sobornos y corrupción de la empresa no sólo en Brasil, vía donaciones para campañas políticas, extorsión y contratos con la paraestatal petrolera, sino también en otros 10 países, incluidos México, Argentina, Colombia, Ecuador, El Salvador, Panamá, Perú, República Dominicana y Venezuela.

Muchos operadores de Petrobras están hoy cumpliendo sentencias, encarcelamientos y multas. Dilma Rouseff fue acusada y destituida; Lula Da Silva pasó meses en la cárcel falsamente acusado de participar en procesos de corrupción.

El presidente peruano Alan García se suicidó, conforme el cerco acusatorio logró arrestarlo. Asímismo, se giró orden de aprehensión al expresidente Alejandro Toledo, actualmente prófugo de la justicia. Y bajo investigación están el presidente Martin Vizcarra, Pedro Pablo Kuczynski, y Ollanta Humala.

En El Salvador el presidente Mauricio Funes fue destituido acusado de haber aceptado sobornos de Odebrecht por $351 millones de dólares.

El presidente panameño Ricardo Martinelli también ha sido acusado de recibir sobornos por contratos oficiales.

En Ecuador el vicepresidente Jorge Glas está en la cárcel por sus relaciones de corrupción con Odebrecht.

En Guatemala y Colombia también se han procesado a políticos del más alto nivel y continúan los juicios y aprehensiones.

En México se ha investigado y acusado al ex director de Pemex, Emilio Lozoya de haber recibido millones de dólares de Odebrecht para la campaña del presidente Peña Nieto a cambio de contratos y asignación directa de obras de infraestructura. Su abogado penalista, defensor de casos destacados e importantes, con estilo de rudo, ha declarado que su cliente “no se manda solo”, implica que su actuación y resultados fueron conocidos y ordenados tanto por el presidente Peña Nieto, que aunque se disfrace, no pasa nunca desapercibido, como por el entonces vicepresidente de facto, Luis Videgaray, amigo y protegido de Jared Kushner, el esposo de Ivanka Truuump y a quien promovió el otorgamiento del Águila Azteca que, desde entonces, no levanta cabeza.

Hay también investigaciones que señalan que Odebrecht recibió facilidades en México, desde la administración de Felipe Calderón, para la supuesta construcción de una planta de polietileno. Lo anterior agrega mayor discreción forzada a declaraciones públicas de su administración en tanto prosigue el juicio en Nueva York contra Genaro García Luna, su mano derecha en seguridad. Además, le cuentan los votos supuestamente falsificados a Margarita.

Por su parte, Foxito y Martita, ni se mueven ni dicen pio.

En realidad, el país hoy enfrenta una nueva batalla madre contra la corrupción, que por sus resultados pudiera ser, en verdad, de gran alcance y transformación. Como dijeran los clásicos, “ya nada será igual”.

Mientras tanto, en las mañaneras se respiran buenos vientos de éxito, aunque la violencia y la inseguridad persistan, se caiga el PIB, los feminicidios nos avergüencen, la Guardia Nacional sea oficialmente policía migratoria y la lucha contra los oligopolios farmacéuticos se lleve de corbata a muchos enfermos… de pasada venderán el avión, o una parte del avión, o un derecho de apartado.





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Arturo Martinez Caceres

Arturo Martinez Caceres

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