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Escenarios y elecciones

Escenarios y elecciones

Foto Copyright: lfmopinion.com

Ya solo quedan dos...

Como en la canción infantil, “de los diez que me quedaban, ya nomás me quedan dos, dos dos…”, entre los demócratas ya nada más quedan Bernie y Biden, para definir al candidato oficial a más tardar en la próxima Convención Demócrata en julio próximo en la ciudad de Milwaukee, para enfrentar al poderoso presidente republicano actual, el ineducado, agresivo, muroadicto Mr. Truuump.

Propiamente Biden, vicepresidente con Obama, resurgió de las cenizas al ganar Carolina del Sur y obtener una mayoritaria votación en 9 estados de la Unión, durante el llamado Supermartes; lo apoyaron principalmente afroamericanos, habitantes suburbanos, trabajadores de cuello blanco, muchos viejos retirados y preponderantemente Texas.

Por su parte, Bernie se llevó la joya de la corona, al ganar California, sin embargo, parece no haber aumentado lo suficiente su base tradicional de simpatizantes jóvenes, latinos y recién incorporados al padrón electoral. Su campaña depende ahora de convencer a la maquinaria tradicional demócrata, que el socialismo ‘light’ que pregona, con la garantía por delante de hacer universal el seguro médico y la gratuidad en universidades públicas son carburantes para el sistema de negocios capitalista, lo que asusta a los tradicionales o conservadores y parece, en principio, no ser suficiente para consolidar su ventaja obvia antes del próximo Supermartes, incluso a pesar de la simpatía que genera su presencia refrescante y su discurso en favor de la igualdad, contra la discriminación y el abuso verbal del presidente republicano actual. Sin embargo, muchos votantes lo ven ‘naif’ e incapaz de soportar la maquinaria de descalificación de los estrategas del partido rojo republicano.

Por ello mismo, la mayoría de los analistas coinciden en señalar que el actual presidente se sentiría más cómodo ante la perspectiva de enfrentar a Bernie mas que a Biden en noviembre próximo. A pesar de la notoria simpatía que genera Bernie, los republicanos en general, creen que sería un rival más cómodo que Biden, es decir, más fácil de ridiculizar en la contienda electoral que, como se sabe, de eso conocen un rato los promotores del discurso de odio.

En efecto, Truump usará una estrategia reeditada de la campaña anterior: ¡Make América Great Again! con toda la xenofobia acostumbrada. El desprecio a los hombres, mujeres y niños que buscan residir en los EUA. Más amenazas verbales a México y en ocasiones al resto del mundo, que venden mucho entre sus simpatizantes de la Asociación Nacional del Rifle, promotores de leyes antiaborto, con castigos presupuestales a ciudades santuario que protegen a migrantes y recortes a programas sociales, políticas de aplauso fácil de estadounidenses retirados, de la tercera edad, dueños de casas y apaciblemente esperando que termine la epidemia del coronavirus, si sobreviven, para comprar otro crucero a Hawaii, Alaska o algún exótico lugar en el extranjero al que por primera vez tienen noción de su existencia, aunque no entiendan bien a bien su ubicación geográfica exacta.

Es notorio que también lo apoyan amplios sectores de la población que tienen miedo de perder un milímetro, es decir, 0.0394 pulgadas, de su cómodo status y les aterra la posibilidad de pagar un dólar más de impuestos, aunque pudiera destinarse a mejorar la educación, combatir la pobreza creciente o ampliar las clínicas públicas de desintoxicación de enervantes, por ejemplo.

Cabe subrayar que en las últimas elecciones del llamado Supermartes me invitaron a ser inspector responsable de casilla. Continué así una tradición que empecé en los tiempos del Instituto Federal Electoral (IFE), cuando fui consejero electoral del entonces Distrito Federal.

Ambas experiencias aleccionadoras han sido apasionantes, aunque muy diferentes. Desde luego, yo también he cambiado.

Antes era más joven y entusiasta del valor de la democracia, de su significado para el bien de todos, para la construcción de una mejor ciudad, de un hábitat justo y moderno. Hoy, mucho más práctico que soy, se trata de participar eficientemente en la organización de las elecciones primarias, para ayudar y aprender de primera mano el pulso de 1190 votantes inscritos en la casilla. Se trata de analizar imparcialmente la jornada, aunque mi corazón deseara que surgiera un buen candidato que pudiera derrotar a Truuump en noviembre.

Creo, sin embargo, que ello será mucho muy difícil, dadas las condiciones actuales y expectativas cercanas, por ejemplo: control inflacionario, creación de empleos, publicidad amplia sobre el regreso de plantas industriales a territorio estadounidense, aunque sea más ‘marketing’ que impacto económico real, reducción de impuestos para corporaciones y grandes contribuyentes, establecimiento, muy publicitado, de muros migratorios de control en la frontera sur de México, principalmente, y un discurso diario de agresiones a lo extranjero como factor de riesgo e irrupción de la pax republicana, aunque la guerra siga en Afganistán, por ejemplo, mientras se anuncia un programa a paso lento de retiro de tropas ahí y en Irak.

Apenas Biden surgió como triunfador, recibió el respaldo del retirado Bloomberg y sus millones. Y, casi al mismo tiempo, desde La Casa Blanca se reeditaron las acusaciones de nexos de Biden y su hijo con empresarios y gobernantes de Ucrania, en contra de sensibles intereses estadounidenses. Oiremos más de eso, desde luego. Biden insistirá en la fuerza y necesidad para recuperar las condiciones de progreso de la clase media, su capacidad para promover políticas de prevención de la violencia y control de venta de armas, aunque sin molestar significativamente al gran público consumidor en sintonía con la llamada Segunda Enmienda Constitucional que protege el derecho de los estadounidenses a poseer y portar armas y que es mayoritariamente motivo de orgullo nacional, aunque de cuando en cuando desquiciados, inadaptados, enojados baleen inocentes.

Bernie, por su parte, espera contar con el apoyo de la senadora Elizabeth Warren, tal vez la más articulada de todos los precandidatos demócratas. Con la desventaja de ser mujer en un sistema electoral de fuerza tradicional varonil. Tal vez pudiera ser en un mundo mejor la candidata demócrata, aunque en noviembre, de querer, le ofrecerán ser vicepresidenta en el boleto liberal. También la joven congresista y estrella Alexandra Ocasio Cortez se ha comprometido a apoyar a Bernie, ha insistido en la necesidad de “recuperar el poder por bien de la Nación”, y pudiera ser también otra precandidata a la vicepresidencia en el boleto demócrata, o la relevante senadora Kamala Harris, defensora de políticas liberales y de padre jamaiquino y madre indígena.

Por lo pronto, es tiempo de velar armas que mucho está en juego. Mi pronóstico, aunque no mi deseo, es que Truuump tiene las mayores posibilidades para reelegirse por otros cuatro años más, salvo que ocurra una verdadera revolución por parte de Bernie y sus aliados o una mejora sensible en el discurso de Biden. Ambos con el apoyo de Obama… y de Michelle.

Este país dividido pudiera repetir el escenario anterior cuando el presidente actual perdió la mayoría de votos ciudadanos pero ganó los votos electorales emitidos por los Estados; y así llegó a la presidencia con empujoncitos adicionales como el de la administración Peña, que organizó su triunfal visita a la Ciudad de México y fue recibido como presidente electo, después de haber insultado a los mexicanos como violadores, “bad hombres”, y sus hijos enjaulados y despreciados; visita que causó críticas y el descontento de Hillary.

Hoy la política mexicana de colaboración sin restricción con Mr Truump responde a las amenazas de imposición de aranceles y estrangulamiento económico, aún a pesar del nuevo Tratado, del que aún no sabemos cuando entrará en vigor.

Sin duda, ante este panorama, la suerte de México a corto plazo estará ligada, en gran medida, a la incertidumbre y a la descalificación de los poderosos vecinos del norte, más aún cuando la inversión privada nacional sigue en modo pausa, medio dormida y meditabunda y el impacto negativo del coronavirus en la región puede ser de grave a muy grave.




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Arturo Martinez Caceres

Arturo Martinez Caceres

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