PROHIBIDO PROHIBIR

Los frentes de batalla

Los frentes de batalla

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Maremágnum.

En el país del mañana, la vida y la muerte van de la mano.

El horizonte está cada vez más color de hormiga, de tan rojo que ya parece morado. Son las hormigas arrieras de tierra caliente que cuando muerden dejan ronchas escarlatas.

Dios reparte sus dones… y también enfermedades, sanaciones, plagas y pandemias. Tragedias y buenaventuras. Lamentos y alegrías. Su manto protector invoca siempre el “cuídate que yo te ayudaré”.

Así como a Italia le dio El Vaticano y un papa polaco, un alemán y un argentino. Así como a los EUA los gobernó por ocho años un Obama y los castigó con Truump, en un inclemente juego de equilibrio entre aptos e ineptos, entre buenos y malos, como si quisiera decir: ¡para que aprendan! Así como en México hemos padecido las últimas administraciones con Foxito y Martita, Calderón, Peña y hoy, a contracorriente, un presidente distinto, predicador, misionero. Protegido por un detente milagroso.

Este famoso Peje que venera a Juárez y a Madero, da la impresión de ser un mártir en potencia.

Tal vez quiere convencerse a sí mismo de que la intención es primero, aunque los buenos resultados estén aún a años luz de las metas de abatimiento generalizado de la pobreza, sensible reducción de la violencia y la inseguridad y desarrollo económico y social, que se requieren.

Empeñado en acabar con la corrupción, que parece estar enquistada en el DNA nacional, promueve programas sociales de combate a la inmensa pobreza, con esfuerzos del tamaño de sólo algunas gotas de agua para apenas empapar los labios de los millones de sedientos del desierto del desempleo, la impunidad, la informalidad, el crimen, la violencia y las enfermedades. En contra, abraza la inevitable lucha, terca, tozuda, para cada mañana volver a empezar, sin rendirse nunca, comprometido con el método y la buena fe. Es un esfuerzo digno de programas y objetivos mejor planeados para lograr mejores resultados.

Cada vez más odiado por opositores, periodistas y medios tradicionales, y con un equipo de apoyo y gabinete de altibajos que ha dejado mucho que desear, dejándolo medio sólo, en su propio estilo y sin capacidad de poder decirle NO, por más buenos deseos que compartan.

En efecto, pocas veces en la historia nuestro país, ha enfrentado una crisis en tantos frentes y de tan complicada naturaleza como el día de hoy. Desde luego, reconozco que toda la vida hemos afrontado crisis grandes y pequeñas y que ya somos expertos en su administración. Como los buenos toreros, hemos dado muchas muestras de que sabemos capotear el temporal.

Hoy se trata de la pandemia del coronavirus, (ver ¡Ay nanita!… la pandemia! en Prohibido Prohibir del 12 de febrero/2020), el ‘virus chino’ según Truump, que ha significado privaciones, enfermedad y muerte en casi todo el mundo y ahora toca las puertas de nuestra casa como reclamando su tiempo para contagiar y poner a prueba nuestras capacidades.

Como si fuera una sinfonía de calamidades, habrá que enfrentar también la recesión, la informalidad, quiebras y cierres de empresas, miseria y pobreza, en este país agobiado centenariamente por la escasez y las diferencias abyectas en la distribución del ingreso y la riqueza.

Habrá que sumar la caída en el precio internacional del petróleo que significarán menores ingresos por exportación y una situación aún más agobiante para Pemex.

La crisis económica y financiera se expresará asimismo en menores remesas enviadas desde los EUA, menor crecimiento del producto, retrasos y encarecimiento en la concatenación de las cadenas productivas, inflación, devaluación de nuestro peso, caída en los niveles de ahorro y de consumo, mayor dependencia, incertidumbre, escasez. Como en las ruedas de molino de la Edad Media, retorno al punto de partida, concentración del ingreso, diferencias, injusticias, discriminación.

Y, además, habrá que sumar que el país está profundamente dividido entre liberales y conservadores, como en el siglo antepasado y nos agobia un vecino del norte prepotente al que diplomática y políticamente, se le tiene que agradecer que no insista en mayores agresiones porque se trata de rescatar lo más por lo menos.

Tal vez algún día tendremos la fuerza suficiente para convencer con la razón. Por lo pronto, entrecerramos los ojos, que más se perdió en la guerra del 46. Hoy apenas se clausuraron en forma parcial las fronteras a su conveniencia y oficialmente lo agradecemos.

En la epidemia ya estamos en fase 2, rumbo al 3, con sólo cinco muertos; aunque el odio permea el ambiente y como el virus se mete en las mucosas, cada quien siente lo que puede y se separa la gente de la primera regla fundamental en la crisis: luchemos todos unidos, juntos, contra el mismo mal.

En cambio, unos van a la derecha, los otros a la izquierda, arriba, abajo, atrás, adelante. Los expertos e infectólogos de temporal aparecen como humedad en las paredes y todos opinan convencidos de su verdad inapelable.

En este maremágnum de contradicciones, la estrategia factible y exitosa es a partir de la calidad, experiencia y trabajo de los científicos, médicos, enfermeras y otros trabajadores de la salud.

Habrá que dejarlos hacer su labor con las menores distracciones y con el mayor apoyo posibles, para contar al final del día, con el menor número de muertos. En efecto, todo lo demás se puede reponer.

Es tiempo de dejar de improvisar. ¿Águila o sol?




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Arturo Martinez Caceres

Arturo Martinez Caceres

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