INTERNACIONAL

La Embajada Estadounidense en Jerusalén.

La Embajada Estadounidense en Jerusalén.

Foto Copyright: VOA news

Un regalito de Trump para su aliado especial.

Durante la ceremonia de inauguración de la embajada norteamericana en Jerusalén se borró por completo la separación entre Estado e Iglesia, el suceso fue mitad un acto político y mitad una celebración religiosa, y completamente un lamentable momento histórico.

Entre los himnos nacionales y las canciones de alabanza desfilaron en el podio pastores, rabinos y políticos de ambas naciones. Sobraron las bendiciones, las oraciones, las alabanzas, los aleluyas y los amenes. Las invocaciones al dios de Abraham y del rey David se mezclaron reiteradamente con alusiones a Lincoln y Regan. Todos parecían ser de la opinión de que los políticos involucrados, sobre todo Trump y Netanyahu, están haciendo el trabajo de “Dios”; y aún más alarmante: que la voluntad de “Dios” y las voluntades de Washington e Israel son una y la misma.

Bienvenidos a la edad media en pleno siglo XXI, por algo será que algunos dicen que la creación del estado israelí representa la décima cruzada.

La risible pretensión de vestir de legalidad la nueva embajada, cuya reubicación es un movimiento completamente unilateral que viola varias resoluciones de la ONU, se vio totalmente eclipsada por el entusiasmo religioso de los oradores. No cabe duda cómo va a interpretar el mundo musulmán la ya de por sí polémica reubicación.

Se dejaron llevar en su festejo y su actitud sólo le confirma al Medio Oriente la teoría del choque de civilizaciones.

Le da la razón a las voces que califican al conflicto como una guerra religiosa.

No cabe duda de que Israel y Estados Unidos ya no pueden seguir pretendiendo no ser Estados teocráticos, este lunes manifestaron serlo orgullosamente. Los oficiales norteamericanos que hablaron, todos ellos fanáticos religiosos, olvidaron su papel y, llevados por la euforia del momento, pronunciaron discursos cuyo tono fue prácticamente indiferenciable del de los representantes de las fes.

Los argumentos dados para justificar el traslado de la embajada fueron mitad teológicos y mitad políticos. El documento en el cuál se sustenta la legitimidad del suceso, no fue la ley internacional ni los acuerdos logrados en el supremo órgano internacional, sino el antiguo testamento. Con decir que Netanyahu y los israelíes fueron los más ecuánimes y laicos lo decimos todo.

Aunque en Estados Unidos se practican muchas fes, sólo pastores baptistas evangelistas fueron invitados a participar en la celebración, lo que resultó, por decir lo menos, extraño ¿por qué, nos preguntamos muchos, no estaba representada la iglesia católica (que es la congregación más grande de Norteamérica) o la anglicana o la presbiteriana o la luterana o la mormona? ¿Por qué no estaban representados los ciudadanos musulmanes, budistas o hindús? De los ateos mejor ni hablamos. Al parecer esta embajada no trabajará para ninguno de ellos. Tampoco parece particularmente interesada en cultivar las relaciones con la minoría musulmana de Israel. Ni siquiera parece preocupada por mantener las apariencias. La cosa se pone todavía más grave si tenemos en cuenta que los dos pastores que bendijeron la embajada en realidad son tele predicadores sureños y que ambos son famosos por sus opiniones xenofobicas y sus profecías apocalípticas.

El primero en hablar fue el pastor Robert Jeffress que en otras ocasiones ha dicho que el islam es la religión de satán y que cree que para que Cristo pueda regresar y este mundo pueda terminar, es necesario que los cristianos ayuden a los judíos a construir el tercer templo en el sitio donde hoy, por cierto, se encuentra el tercer sitio sagrado más importante para el islam. Destruir la mezquita Al Aqsa y sobre sus ruinas construir un templo judío, en realidad, quizás sea la única cosa que pueda hacer que chiitas y wahabitas olviden sus diferencias y se unan contra occidente.

Las ideas de estos pastores son verdaderamente peligrosas. Su presencia en la ceremonia no fue cualquier cosa.

El segundo, el pastor texano, John Hagee, ofreció una emotiva bendición de despedida. Hagee es un personaje difícil de clasificar, su organización es en parte una mega iglesia, la CornerStone Church de San Antonio, y en parte una corporación, la Global Evangelism Television (GETV). Hagee es en parte predicador y en parte CEO. Es el típico personaje con el que los ateos se deleitan cuando critican a la religión por ser un mero negocio. Su postura sobre el cambio climático es alarmante, principalmente porque es igual a la de Trump y porque es una reverenda locura: para ellos el cambio climático es una conspiración ideada por los enemigos de Estados Unidos para manipular su economía e impedir su crecimiento. Por si esto fuera poco, Hagee también cree que los cristianos deben de operar políticamente en el medio oriente para propiciar la segunda venida del mesías y que el eclipse lunar de abril de 2014 fue, de hecho, la señal que dio comienzo al apocalipsis. No es broma.

Queda claro que la selección, por parte de la cancillería estadounidense, de estos pastores para bendecir la celebración no fue una casualidad, sino una decisión cargada de significado. Para ambos teleevangelistas la inauguración de la embajada es un suceso sagrado, algo escrito por su dios antes incluso de la creación del mundo. Pero no nos engañemos, esto no quiere decir que sea un suceso que vaya a tener beneficios a corto plazo. Hagee, que igual que Jeffress presume tener dotes de profeta y que tiene ya varios bestsellers bajo el brazo, en su libro del 2005 “Cuenta regresiva Jerusalén: Una advertencia al mundo” escribe que Rusia y los países islámicos atacaran a Israel y serán vencidos por “Dios”, pero que el anticristo, que será líder de la Unión Europea, provocará que China se involucre causando así la guerra del fin del mundo entre oriente y occidente (si no fuera tan preocupante sería cómico, pero quizás esto explique las reiteradas agresiones levemente veladas que ha hecho la administración Trump a Ángela Merkel, la mujer más poderosa de Europa).

A pesar de las visiones apocalípticas de los pastores, todos los oradores se dijeron convencidos de que la nueva ubicación de la embajada es un paso definitivo hacia la solución del conflicto árabe-israelí, pero lo que demostraron al celebrar la inauguración de la embajada como un acto religioso fue una absoluta insensibilidad, una hipocresía descarada y, sobre todo, un etnocentrismo enceguecedor que entorpece fatalmente las negociaciones y tensa al máximo la relación entre los dos lados. En gran medida con esto la solución de los dos Estados, que prometía ser la más humana, está muerta. De las 86 naciones invitadas al evento sólo 33 se presentaron. Los grandes aliados de Norteamérica e Israel estuvieron ausentes. Faltó Alemania obviamente, falto Francia y España (que los acompañaron a la invasión de Irak y Libia), pero sobre todo falto Gran Bretaña. La decisión no ha sido bien vista por el mundo. Sólo Guatemala ha movido su embajada a Jerusalén siguiendo el ejemplo de los norteamericanos. El líder de la iglesia católica incluso dijo que no podía mantener en silencio su profunda preocupación y pidió que se respetara el estatus de la ciudad conforme a las resoluciones de las Naciones Unidas. Les falló, o mejor dicho les valió, la campaña de relaciones públicas; Estados Unidos quedó, si no lo estaba aún, totalmente descalificado como un mediador legítimo para las negociaciones de paz en tanto se mostró abierta y completamente, incluso cínicamente, parcial. Más que parcial: religiosa y fervientemente comprometido con uno de los lados. La causa del lado israelí es su causa y está orgulloso de que así sea. Por si quedaran dudas, la inauguración de la embajada en el preciso día del festejo del 70 aniversario de la fundación de estado israelí tuvo toda la pinta de ser un regalo de cumpleaños.

Estados Unidos no sólo no tiene legitimidad, ni mucho menos autoridad moral, para guiar un proceso que realmente pueda traer paz a la región, todo lo contrario: mientras Washington esté involucrado podemos estar seguros que las cosas en el medio oriente sólo van a ir peor. La reubicación de la embajada, a escasos días de la anulación del acuerdo nuclear con Irán, no va a fortalecer la postura de los moderados en el mundo árabe.

El mediocre tacto diplomático que mostraron los americanos y los israelís sólo seguirá favoreciendo a los musulmanes radicales y extremistas.

Esperemos no se cumplan las profecías de Jeffress y Hagee, pero todo parece indicar que desde la oficina oval se está haciendo todo lo posible para que sí.


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Luis Rodrigo Farias

Luis Rodrigo Farias

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