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Se desploma el acuerdo de paz entre las dos Coreas

Se desploma el acuerdo de paz entre las dos Coreas

Foto Copyright: NYpost

Washington con las manos sucias de nuevo.

Hace unas semanas cuando un reportero le preguntó al presidente Trump si creía merecer el Premio Nobel de la Paz por los avances en las negociaciones entre las dos coreas, la respuesta dada, con una enorme sonrisa, fue que todo el mundo pensaba que sí, pero que él jamás lo diría. En ese momento todo parecía ir en dirección hacia la solución del conflicto: la reciente reunión histórica entre los mandatarios de Corea del Norte y China, luego la de los mandatarios de las Coreas y el anuncio de un posible encuentro entre Trump y Kim Jong Un hicieron que muchos cantaran victoria de manera prematura.

Tristemente desde ese día los acuerdos se han ido desmoronando y el principal culpable de ello ha sido Washington nuevamente. Lo que no es de sorprender desde que la oficina oval puso las negociaciones bilaterales en manos de quizás el hombre menos pacifico de todo Estados Unidos, John “el muyahidín” Bolton, famoso por su confianza en la habilidad de las bombas de su país para solucionar cualquier tipo de problema internacional. La única paz que Bolton reconoce es la Pax Americana, la paz de los misiles.

Todos los años en primavera se lleva a cabo un ejercicio conjunto entre la fuerza aérea norteamericana y el ejército de corea del sur. Durante un par de semanas más de dos mil elementos simulan en la cercanía de la frontera una invasión a Corea del Norte, haciendo siempre un gran despliegue de su arsenal por mar y tierra. Pyongyang ha reiterado año tras año que considera lo considera como una agresión en su contra y Washington sabe ya muy bien que estos ejercicios son un obstáculo para la paz en la región y que mientras continúen Kim Jong Un no estará dispuesto a sentarse a negociar.

Teniendo en cuenta los avances recientes en las negociaciones y la buena nueva de la cumbre entre el mandatario norcoreano y el americano, uno hubiera esperado que el ejercicio militar se hubiera, por lo menos, postergado unas semanas hasta ver qué resultaba del encuentro. Hubiera sido una señal de buena fe, de una disposición verdadera a llegar a acuerdos. Pero las operaciones comenzaron hace unos días y Pyongyang, como se esperaba, se retiró de la mesa asegurando que reconsideraría la reunión planeada para el próximo 12 de junio entre los dos mandatarios.

Por si esto fuera poco, Washington le exige a Corea del Norte su desnuclearización completa: que sus armas nucleares sean entregadas a Estados Unidos en no más de seis meses. A cambio le prometen que van a ser muy buena onda con ellos. Pero con la ruptura del acuerdo nuclear con Irán aún fresca en la memoria parece poco probable que Kim Jong Un vaya a aceptar intercambiar sus armas por promesas americanas.

El presidente Trump, temerario al grado de parecer estúpido, respondió a la amenaza de cancelar la reunión por parte de los norcoreanos diciendo que si Pyongyang no toma el trato que le ofrecen le espera un destino similar al de Libia.

Pero los dos casos no podrían ser más diferentes. Muammar Gaddafi no tenía armas nucleares, como sí las tiene ya Kim Jong Un. Tenía un programa de investigación nuclear y unas cuantas plantas de energía nuclear con tecnología rusa arcaica. Aún así, en el 2003 Libia llegó un acuerdo de desnuclearización con los americanos, 8 años después Gaddafi fue encontrado, por rebeldes financiados por los aliados, escondido en un drenaje. Lo arrastraron de los pies, lo lincharon, lo violaron con una bayoneta mientras lo videogrababan y lo mataron de un tiro a la cabeza.

Queda claro que el ejemplo de Trump no podría haber sido más desafortunado. Sí Kim Jong Un tiene en mente a Libia jamás tomará la mano de los americanos, tendría que estar loco. En realidad sus armas nucleares son lo único que lo protege de un destino como el de Gaddafi.

No nos engañemos, Estados Unidos no está buscando un acuerdo de paz, le está pidiendo su rendición incondicional a los coreanos. Parece poco probable que esto vaya a suceder, en realidad el acuerdo ofrecido por Estados Unidos es una bofetada a Pyongyang.

El reportero que preguntaba entonces si Trump creía merecer el Nobel no sólo pecaba de optimismo respecto al proceso de paz, sino que también había demostrado estar muy mal informado. Incluso si hipotéticamente por alguna extraña razón Kim Jong Un aceptara la propuesta americana, el mérito sería para Xi Jinping, el mandatario chino que hecho todo esto a andar al acercar a las partes. Estados Unidos, en cambio, no ha hecho más que entorpecer el proceso en cada instancia. Si de milagro se lograra un acuerdo no sería gracias a los norteamericanos, sino muy a pesar de ellos. No nos engañemos, Washington no quiere paz. El dialogo promovido por China está siendo saboteado por los americanos.

La mañana siguiente al día que Moon y Kim Jong se reunieron, cuando parecía que la paz estaba al alcance, las acciones de las empresas de armamento norteamericanas, como Lockheed Martin tan cercana al gabinete de Trump, se desplomaron. Afortunadamente para estas empresas la Casa Blanca adelantó su decisión sobre el acuerdo nuclear con Irán y sus acciones se recuperaron, luego, el lunes pasado, movió su embajada a Jerusalén y las acciones subieron todavía más. Hoy con el desplome de las negociaciones entre las dos Coreas los valores de la industria del armamento en la bolsa de Nueva York despegan el vuelo una vez más.

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Luis Rodrigo Farias

Luis Rodrigo Farias

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