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ELECTOGRAMA

Medro electorero con Bancos de Alimentos

Foto: lfmopinion.com


Otra triquiñuela del Verde

Si un empresario circula una carta contra los riesgos del populismo, el INE vela armas en espera de las quejas de los partidos; pero si un partido hace un uso propagandístico, electorero e indebido de un asunto que involucra a más de 4 mil empresas organizadas en una obra altruista, éstas se estrellan con el muro que separa lo ciudadano del coto de caza y cuarto de juego reservados para los partidos políticos.

La historia se inserta en la ya larga lista de las triquiñuelas del Partido Verde Ecologista, que ni es partido, ni es ecologista, ni es verde.

Desde allí empieza el ardid.

¿Quién puede estar en contra del desperdicio de alimentos? Nadie. ¿Quién de su rescate y distribución a la población en condiciones de pobreza alimentaria? Ninguno. Luego entonces, hagamos del concepto banco de alimentos medro electorero y ¡Zas¡ campaña habemus.

Que todos los supermercados estén obligados a donar los alimentos que no vendan; no importa que ya no sea donación: “traspasar graciosamente a otra algo o el derecho que sobre ello tiene; ceder voluntariamente.”

Que el gobierno pague el transporte a los bancos de alimentos. ¿Cuáles? Los que por ley van a tener que crear y operar todos los municipios del país. ¿Aunque la mayoría no pueda ni recoger la basura o cambiar una luminaria? No importa, qué no ves que es propaganda.

Y que repartan el alimento recolectado entre la gente. ¿Cuál, cómo, dónde, cuándo, con qué? Caracho, si vas a estar jorobando con esas nimiedades te vamos a mandar a hacer campaña con Ochoa Reza.

La plataforma electoral del Verde habla de impulsar diversas reformas legislativas, pero su propaganda hace uso de un mensaje engañoso y confuso de instalar y operar, uniformados con delantales verdes, bancos de alimentos. Una especie de institucionalización de la despensa clientelar.

Les asiste, por supuesto el derecho a la libre expresión, el modelo de comunicación política, las reglas de la propaganda electoral y, no podían faltar, las prerrogativas pública y privada y los tiempos oficiales del Estado.

Nada más que la libertad de expresión no tiene más cortapisa, entre otras de especial envergadura, que el ataque a los derechos de terceros.

Y en este caso son dos los terceros afectados en sus derechos. Por un lado están los hombres y mujeres que desde hace más de 30 años operan todos los días bancos de alimentos como un esfuerzo de la sociedad civil, no como una coartada electorera. Son más de 54 bancos de alimentos, que atienden a más de 4 mil doscientas comunidades proporcionando apoyo alimentario a más de un millón doscientas mil gentes con el apoyo y en alianza de más de 4 mil empresas y 10 mil voluntarios, en una causa apartidista y sin fines de lucro. Lucro que, por cierto, no puedo dejar de señalarlo, sí constituye el ADN del Verde Ecologista.

¿Cómo se afectan los derechos de los bancos de alimentos? Asociando a su labor y organización altruistas a los fines partidistas propagandísticos y electoreros del Verde; lo que ha significado en los hechos reclamos y desconfianzas de sus benefactores (donadores), población beneficiada y voluntarios, que con razón dudan de la nobleza de su causa y cuestionan los posibles compromisos que, desliza la propaganda, pudieran existir entre los bancos de alimentos y el partido anunciante.

Afectan también sus derechos ante el riesgo de verse insertos en denuncias electoreras que pudieran imputarles apoyos indebidos al Verde Ecologista, derivado todo de una propaganda política que aviesamente los relaciona con él.

Pero hay un tercero más atacado en sus derechos: el elector, llamado a confusión por una oferta electoral poco clara y manipuladora, que, además, se beneficia del trabajo y prestigio ajenos.

Esta confusión que consiste en no saber con precisión de hasta dónde llega la oferta electoral del Verde que, repetimos, se concreta a reformas legales; y dónde empieza la realidad de organizar y operar toda la cadena de un banco de datos que implica a los donadores, la recolección oportuna del producto in situ, su concentración y organización para distribuirlo, y su distribución oportuna, toda vez que estamos en la mayoría de los casos ante productos perecederos, entre una población en verdadero estado de pobreza alimentaria y no entre posibles votantes.

Esta confusión, y aquí está el ardid y la mentira que el INE se obstina en no ver, genera inequidad en la contienda, toda vez que el Verde se presenta a ella haciendo gala de una obra altruista que no le corresponde y ostenta méritos que le son ajenos; además de torturar el principio de certeza, habida cuenta que el elector no sabe a ciencia cierta el contenido, naturaleza y alcances de la oferta política que estaría votando.

Caravana y propaganda con sombrero ajeno, abuso de confianza y ataque a derechos de terceros.

Estamos ante lo que se conoce publicidad engañosa, que llama a error, que juega con medias verdades, que tuerce la realidad, que falsea, que oculta, que, finalmente, describe al partido anunciante. Otra vez.


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