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Informe para apabullar, vender libro y hacer campaña de una ratificación que no existe en la Constitución

Informe para apabullar, vender libro y hacer campaña de una ratificación que no existe en la Constitución

Foto Copyright: lfmopinion.com

Emético

Hace muchos años, en el recinto de Donceles, en los informes presidenciales sentaban en primera fila a los miembros del gabinete legal, relegando a los miembros del Congreso —diputados y senadores—, representantes electos por el pueblo, ante quienes se debe rendir el informe por mandato constitucional, a un segundo lugar.

Mi padre siempre dijo que el presidente se hacía acompañar de sus cómplices, los secretarios de Estado, como invitados VIP y escudo.

Cuando la Cámara de Diputados mudó su sede a San Lázaro, el gabinete ya no fue colocado en este evento al frente de los representantes populares, sino a los extremos de la mesa de la mesa directiva del pleno de la cámara, acuerpando al presidente.

Se dirá que el cambio es menor, pero el significado no. Los secretarios de Estado y directores de empresas descentralizadas no iban allí a ser informados, sino a rendir solidariamente informe con el presidente. Informe del que son corresponsables.

Escribí, “iban”, porque desde hace muchos años este instrumento de rendición de cuentas entre poderes de la Unión se ha convertido en una simple oficialía de partes y porque hoy el “informe” fue una especie de reunión en familia, o, si se me permite, entre el pastor y su congregación. En pandilla, pues.

Así, el presidente López Obrador informó a su gabinete legal, a la jefa de gobierno de la Ciudad de México y a su señora esposa del estado que guarda la administración pública y la política a su cargo.

Nada de lo ahí escuchado es nuevo para los presentes y para cualquier persona que haya escuchado, al menos una vez, a López Obrador en los últimos tres años. En otras palabras, nada nuevo bajo el sol de la Cuarta Transformación. Las mismas frases y lemas, los mismos razonamientos y estigmas, la misma negación de la realidad, la misma segmentación de temas abordados desde sus facetas cómodas para el gobierno.

La seguridad bien, sin tocar número de muertos, presencia del narco en elecciones, poblaciones extraídas de la soberanía nacional, gobiernos criminales paralelos, extorciones y cobros de piso, y delitos en carrera desbocada.

De la crisis sanitaria la mejor cara evitando, al menos, repetir que la curva está aplanada.

De la crisis económica se hizo un rosario de hechos históricos que no se corresponden con la realidad del bolsillo de millones de familias y nuevos pobres, pero presentadas como hitos históricos fuera de marca conocida.

En materia de relaciones exteriores, trato amistoso y respetuoso con todas las naciones, aunque se agradezca en primer lugar a Cuba por su apoyo a México en vacunas contra el COVIT y al último a Estados Unidos, sin importar el volumen de apoyos recibidos. Habrá que esperar la nueva conversación telefónica de Kamala Harris, interlocutora designada para con López Obrador.

De los desencuentros con España y el Vaticano, ni asomo de memoria.

Y ya que de memoria hablamos, se hizo una apología de la historia como enseñanza de vida y nación, sin parar mientes en los ejercicios de amputación histórica para acomodar ésta a un modelo definido desde el poder y no a los hechos acontecidos en el pasado, sin importar su signo y significado.

Las remesas volvieron a ser apropiadas como parte de la política y programas de bienestar a cargo del gobierno, sin importar su origen particular ni las circunstancias que orillaron a quienes las envían a migrar de México por falta de oportunidades.

Destaca del informe, sin embargo, la charamusca de acciones, propósitos y críticas al pasado —del todo conocidas— sin ningún orden, sistematización, racionalidad, ni prioridad; como si quien escribió el texto buscase apabullar con datos y repeticiones al oyente, saltando de un tema a otro, regresando a él varias veces bajo distintos o los mismos ángulos, alargando así una lista interminable de logros en presunción.

No en balde el “tengan para que aprenda, tecnócratas” dicho a "los cuatro vientos". Actitud y expresiones que hablan por sí solas.

Para los anales de la historia —de aquella que narra acontecimientos y no preferencias— quedará este Tercer Informe de Gobierno como el primero y —esperemos—último en que se promueva la empresa particular de un libro —puesto a la venta dos días antes, también desde Palacio Nacional en otro acto de gobierno— (ambas conductas prohibidas desde la propia Constitución y penadas por las leyes) y en hacer abierta campaña proselitista para una consulta popular inexistente de ratificación de mandato, toda vez que la Carta Magna lo que dispone es la revocación de mandato, por más que desde el Salón Juárez, inventado para el evento, se tergiverse lo contrario.

Publicado en The Búnker.


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Luis Farias Mackey

Luis Farias Mackey

Ser o no ser, preguntó Hamlet. ¿Soy éste que soy?, preguntó Quetzalcóatl. ¿Vivo yo todavía?, preguntó Zaratustra. La primera es una opción binaria: sé es o no sé es. La segunda es la trama de la vida misma: ser lo que sé es. La tercera es descubrir si, siendo, efectivamente aún sé es. Vivir es un descubrimiento de lo que sé es a cada instante. Porque vivir es hurgar en el cielo y en las entrañas, en los otros -de afuera y de adentro-, del pasado y del presente, de la realidad y la fantasía, de la luz y de las sombras. Es escuchar el silencio en el ruido. Es darse y perderse para renacer y encontrarse. Sólo somos un bosquejo. Nada más paradójico: el día que podemos decir qué somos en definitiva, es que ya no somos. Nuestra vida es una obra terminada, cuando cesa. Así que soy un siendo y un haciéndome. Una búsqueda. Una pregunta al viento. Un tránsito, un puente, un ocaso que no cesa nunca de preguntarse si todavía es.

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