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PARRESHÍA

Es la gente, no es conmigo

Foto: lfmopinion.com


¿Permiso para agredir?

El viernes 12 de abril se presentó en primera fila del Salón de Tesorería de Palacio Nacional el periodista Jorge Ramos de Univisión y preguntó a López Obrador sobre los índices de violencia en México. Aquél contestó con su consabido “tengo otras cifras”.

Lo inaudito fue que el periodista persistió en su cuestionamiento hasta que quedó claro el descontrol y diversidad de cifras sobre la inseguridad de este gobierno y las debilidades del Presidente para sostener una deliberación seria, informada, ordenada y consistente.

Los “fifís” festejaron el evento como el “principio del fin” de la 4T y las redes, a ella favorables, se descosieron en epítetos contra el periodista. Significativa fue salida del Padre Solalinde, que perdió en este lance de infiernillos politiqueros la pólvora de su merecida tarea humanitaria: “La agresividad y altanería de Jorge Ramos, escribió en twitter, no se puede repetir. La insolencia con la que trató a nuestra legitima y máxima autoridad nos ofendió a mexicanos y mexicanas que luchamos por un cambio. Porqué(Sic) no le habló así a los presidentes corruptos anteriores? Admirable AMLO!”

Pues bien, este lunes López Obrador acusó el golpe mostrando lo delgado de su pellejo y dándole un spin adicional a la nota y evento. Para ello utilizó a un periodista de nombre Marco Antonio Olvera, acreditado como corresponsal de “Radio Latino”, un sitio que en twitter cuenta con 77 seguidores, que casualmente trabajó para Bejarano y que aprovechó su pregunta para llamar cirquero a Jorge Ramos. Curioso que mentara el circo estando en uno.

Tras tan abyecto cuan oportuno planteamiento, el Presidente de la República señaló: “El otro día vi con motivo de esta entrevista, vi a un columnista diciendo que los que venían aquí no eran buenos periodistas, que Jorge Ramos sí era muy buen periodista. No. Yo pienso, con todo respeto discrepo, creo que ustedes no sólo son buenos periodistas, son prudentes, porque aquí los están viendo y si ustedes se pasan, pues, ya saben lo que sucede, no. Entonces, pero no soy yo, es la gente; no es conmigo, es con los ciudadanos, que ya no son ciudadanos imaginarios. Hay mucha inteligencia en nuestro pueblo, antes se menospreciaba a la gente” (15 v 19).

Antes de analizar el dicho presidencial algunas acotaciones: Imposible acceder al salón de Tesorería sin conocimiento y autorización de la Presidencia; de allí el Presidente voló a Mérida a una reunión con inversionistas norteamericanos, a donde llegó mansito prometiendo “santidad” en el cumplimiento de los contratos (remember NAIM). ¿Impusieron sus patrones a Ramos en la entrevista para domar las ansias toreras de López previo a Mérida? O bien, como sostiene Osiris Cantú, Ramos se prestó para mostrar un López Obrador democrático, frente a un Maduro autoritario. Chi lo sa. Finalmente, discrepo de Solalinde, no vi altanería, agresividad ni insolencia de parte del periodista, aunque coincido con Olvera únicamente por lo que hace a Ramos: sí es un cirquero a quien le gana el protagonismo de ser él siempre la noticia, paradójicamente la escuela de los paradigmas informativos de López: Aristegui y Gutiérrez Vivó.

Vayamos ahora a la hermenéutica del dicho presidencial. Empieza el Presidente planteando el tema del buen periodismo, para ello aprovecha a un columnista (que no cita) y que lo niega en quienes acuden y participan mayormente en las mañaneras y lo sostiene en el proceder de Ramos. De allí desplanta López Obrador su mensaje. Por desgracia no nos ilumina con su concepto de buen periodismo y nos deja en la incertidumbre sobre si Ramos lo ejerce o no, ya que sostiene: “No. Yo pienso, con todo respeto discrepo, creo que ustedes no solo son buenos periodistas…”, sin entrar en pormenores, repetimos, de por qué lo son y aceptando tácitamente que Jorge Ramos también lo es. Tal indefinición, dicho sea de paso, deja a Solalinde y las legiones morenas en redes en entredicho.

Bien, lo primero es que para López su fuente mañanera sí hace buen periodismo, lo cual no deja de ser ilustrativo ya que, como lo acredita Olvera, son adeptos a su causa utilizados como tramoya en el performance mañanero nuestro de cada día, sembrados en las primeras filas del Salón Tesorería por su oficina de comunicación para preguntar a modo, sin espíritu periodístico ni rigor profesional.

Lo importante vino después: “no sólo son buenos periodistas, son prudentes”. Detengámonos en el término. Prudencia tiene dos acepciones atingentes: “templanza, cautela, moderación”. Es decir, contención, precaución, cordura. La segunda acepción es “sensatez, buen juicio”.

Ahora bien, ninguna de estas acepciones se ajusta al empleo del vocablo utilizado por el Presidente, que solo es equiparable al de miedo.

En efecto, para López Obrador su fuente mañanera hace buen periodismo y es, además, prudente “porque aquí los están viendo y si ustedes se pasan, pues, ya saben lo que sucede”.

El buen periodismo no responde, para el Presidente, al proceder profesional del periodista, ni su prudencia a la cordura, sensatez y buen juicio de su actuar, cuanto a su exposición pública y consecuencias posibles. Sé es buen periodista y, además, prudente por comportarse ante un público que tiene por encomienda juzgar si “se pasan”.

El dato, más que ilustrativo es admonitorio: en palabras del propio Presidente, la mañaneras no son un espacio informativo, cuanto tribunal punitivo: “aquí los están viendo y si ustedes se pasan, pues, ya saben lo que sucede”.

La sola exposición, el ser vistos no hace prudencia ni buen periodismo, sino la conducta mostrada. No importa el contenido, ni la calidad, ni la oportunidad informativa, cuanto el buen comportamiento ante su público. Un público que está allí para verificar y, en su caso, sancionar a quienes “se pasan”.

Qué entiende López Obrador por “pasar”. La acepción conducente a su razonamiento sería: “ir más allá de un punto limitado o determinado”; “pasar la raya”, algo así como robarle el circo, restarle reflector, arruinarle el performance, subirse al templete (púlpito o símbolo de poder). El buen periodismo y la prudencia no están en informar, cuanto de hacerlo brillar.

Ahora bien, qué es lo que “ya sabemos” que les “sucede” a quienes “si se pasan”: Solalinde y las redes morenistas en cacería abierta.

Tan grave es su admonición que él mismo se apresuró a deslindarse de ella: “pero no soy yo”. No corresponde a él “lo que sucede” a quienes “se pasan”. Como siempre: “no es conmigo”; “lo que diga mi dedito”.

Él sólo señala, expone un posible comportamiento popular, advierte sobre el pueblo sabio y justiciero. “No es conmigo” con quien se meten, no es mi raya la que traspasan, “es con los ciudadanos”, así en genérico: Fuenteovejuna, la turba sin nombre y sin cara de la época del terror tras la Revolución Francesa, la masa desbocada, el rencor suelto y sediento, las redes en jauría.

Esos que “ya no son ciudadanos imaginarios”, los antes inexistentes, los nunca vistos ni oídos, los hasta ayer descastados, que gracias a la 4T hoy son reales, escuchados y arropados en el seno materno de la patria recuperada desde la conquista al neoliberalismo. Por eso hoy “hay mucha inteligencia en nuestro pueblo”, a ése que “antes se menospreciaba” y hoy se le consulta o se le suelta en perrería. Ese pueblo que sabrá vengar la ofensa de quienes sí “se pasan”.

Esta última parte es la que me parece más lamentable y ominosa. Pareciera decir: quien se mete conmigo se mete con los desheredados a quienes he dado el paraíso aquí y ahora. Sépase que lo que le pasó a Ramos en redes puede convertirse mañana en violencia física porque “es la gente, no es conmigo”.

A López Portillo lo crucificaron por decir “no pago para que me peguen”, pero nadie había dado el banderazo para cazar a imprudentes que se pasan.

Hablando de pasar, quiera Dios no pase de allí.

PS.- Y sigue enredándose, para sostener que había sido malinterpretado dijo: “si un periodista se excede, la misma gente lo pone en su lugar, lucen mal y cuando es de mala fe pues enseñan el cobre y una recomendación. Solo les voy a dar una recomendación: no hay que hacer el ridículo” (16 iv 19). Sin comentario.




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APOSTILLA

Ninguna acepción se ajusta al empleo del vocablo utilizado por el Presidente, que solo es equiparable al de miedo.

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