PARRESHÍA

La ausencia de piso histórico de Sheinbaum

La ausencia de piso histórico de Sheinbaum

Foto Copyright: X

No es de extrañar que Sheinbaum se sorprenda y enajene cuando en lugar de adoración recibe reclamo.

A finales de los ochentas el mundo experimentó procesos de desilusión respecto a las expectativas del futuro, en Norteamérica el sociólogo Christopher Lasch observó el surgimiento de un narcisismo expresado en un repliegue en el yo ante un futuro “turbio e incierto”, y un pasado que simplemente dejaba de tener sentido. Lasch decía: “Vivir el momento es la pasión dominante: vivir para nosotros mismos, no para nuestros antepasados o la posteridad. Estamos perdiendo el sentido de la continuidad histórica, el sentido de pertenencia a una sucesión de generaciones”.

“Vivir para nosotros” sin importar nada más, en un egoísmo encerrado en el bienestar propio, la seguridad psicológica y física, y el auge por la preocupación terapéutica en una lógica puramente individual" (Dosse).

Esta lógica sigue imperando y hoy se expresa en la exigencia de derechos individuales sin obligaciones sociales ni consideración de costos pagaderos por todos, incluidas las generaciones futuras, como son las consecuencias del cambio climático que afecta a la humanidad en su conjunto y futuro, o, en México, la muerte por atracón populista clientelar de la Hacienda pública nacional que sufrirán innúmeras generaciones por venir.

Una vida sin solidaridad ni responsabilidad para con otros es la negación misma de la política: todos agarran los apoyos del bienestar, muchos sin necesitarlos, pero pocos se preocupan de su naturaleza finita y su componente suicida por autofagia. Lipovetsky observa que “la seducción se refiere a nuestro mundo de gamas opcionales, estantes exóticos, entornos psíquicos, musicales e informativos, donde cada persona puede componer a la carta los elementos de su existencia”, dando supuestamente a todos la sensación de poder satisfacer sus deseos ilimitadamente sin importar quién pague y menos sus consecuencias sobre terceros y futuros.

El espacio público perdió su componente público y se convirtió en un ámbito más de búsqueda de intereses personales y explotación de bienes y costes compartidos.

En este contexto del yo hedonista y bulímico de sensaciones efímeras de poder y exposición, la invasión del aparato político por los bárbaros obradochairos desquició su voracidad de alarde propio e idolatrización de terceros; de dominio, riqueza, venganza, petulancia y megalomanía. Las estampas más perfeccionadas de ello son el trío López Beltrán, ajenos al sentido de continuidad histórica del que hablaba Lasch, ciegos a la realidad y a su devenir, incapaces, en su repliegue narcisista, de percatarse que no basta con que cada uno se mire al espejo, sino que su autoestima requiere la mirada de los demás, pero que ésta no necesariamente es siempre de amor. El mundialmente famoso Andy, quien ya entró a la historia sin que se le conozca trabajo, beneficio o capacidad alguno, lo mostró al pretender convertir la cancelación de su visa en un asunto de soberanía nacional y propicio para cartearse de tú a tú con Donald Trump.

No es de extrañar, pues, que Sheinbaum se sorprenda y enajene cuando en lugar de adoración recibe reclamo, forma parte de ese repliegue en sí mismos por el que se creen fuera del tiempo, resilientes al desgaste e incapaces de errar. La falta de sentido de continuidad de generaciones lo pudimos observar este pasado fin de semana cuando la presidente dijo que en México nunca había existido democracia, sin darse cuenta que, al negar el pasado o solo usarlo como costal de box, niega su propio origen, legitimidad política y triunfo. Su narcisismo le impide ver al otro y se espanta cuando éste se le aparece fuera de guion en los montajes por los que la enloquecen; porque López nació desquiciado (delirante), pero a ella la trastornan homeopáticamente quienes la tienen capturada en la irrealidad y posiblemente medicación.

Por nuestra parte, necesitamos acabar con ese repliegue al yo y recuperar el sentido de nosotros en devenir que nos obliga para con el pasado y para con el futuro, y principalmente para con nosotros todos, morenistas incluidos. A eso que llamo, se llama ciudadanía, ¡para que tomen nota!


#LFMOpinion
#Parreshia
#Narcisismo
#Repliegue
#Pasado
#Futuro
#Generaciones
#Obligacion
#Andy


Comentarios



Luis Farias Mackey

Luis Farias Mackey

Ser o no ser, preguntó Hamlet. ¿Soy éste que soy?, preguntó Quetzalcóatl. ¿Vivo yo todavía?, preguntó Zaratustra. La primera es una opción binaria: sé es o no sé es. La segunda es la trama de la vida misma: ser lo que sé es. La tercera es descubrir si, siendo, efectivamente aún sé es. Vivir es un descubrimiento de lo que sé es a cada instante. Porque vivir es hurgar en el cielo y en las entrañas, en los otros -de afuera y de adentro-, del pasado y del presente, de la realidad y la fantasía, de la luz y de las sombras. Es escuchar el silencio en el ruido. Es darse y perderse para renacer y encontrarse. Sólo somos un bosquejo. Nada más paradójico: el día que podemos decir qué somos en definitiva, es que ya no somos. Nuestra vida es una obra terminada, cuando cesa. Así que soy un siendo y un haciéndome. Una búsqueda. Una pregunta al viento. Un tránsito, un puente, un ocaso que no cesa nunca de preguntarse si todavía es.

Sigueme en: