PARRESHÍA

Un cáncer llamado Chavéz

Un cáncer llamado Chavéz

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Quien haya pensado que Andrea Chavéz aprendería algo de mesura con su más que aplaudida derrota no conoce nada de la locura del poder.

Es más fácil que un elemento de primera abandone un partido que uno pernicioso, porque el primero no tiene una relación parasitaria con la organización política y el segundo sí. Quien haya pensado que Andrea Chavéz aprendería algo de mesura con su más que aplaudida derrota no conoce nada de la locura del poder. Es como el virus que aprende de y se hace resistente al veneno.

Ahora la hicieron candidata a Ciudad Juárez sin convocatoria, proceso, competencia ni encuestas, por su capricho y ensuciando al ya de suyo estercolero en casa. Todos sus compañeros candidatos a gobernador la han de estar odiando mil veces más de lo que ya la vomitaban.

Lo que acaba de hacer Andrea Chavéz fue acabar con la legitimidad de Ariadna Montiel (no se ría) y la honorabilidad (se vale reír pero no echar cuchufletas) de Citlalli Hernández. Pero si le pusieron un salón de belleza en el Senado, ¿quiénes son ellas para negarle que Ciudad Juárez pague a Drácula lo que ha invertido en ella?

El PRI murió por estos personajes insaciables, lo que hoy llaman así son unos locos apoderados del manicomio. Con una diferencia, al PRI le tomó décadas que los deschavetados se hicieran de la dirigencia, a Morena lo fundó uno que, dicho sea de paso, ya había perfeccionado sus destrozos en el PRI y en el PRD.

¡Felicidades Andrea, no te distraigas, vas muy bien!

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Comentarios



Luis Farias Mackey

Luis Farias Mackey

Ser o no ser, preguntó Hamlet. ¿Soy éste que soy?, preguntó Quetzalcóatl. ¿Vivo yo todavía?, preguntó Zaratustra. La primera es una opción binaria: sé es o no sé es. La segunda es la trama de la vida misma: ser lo que sé es. La tercera es descubrir si, siendo, efectivamente aún sé es. Vivir es un descubrimiento de lo que sé es a cada instante. Porque vivir es hurgar en el cielo y en las entrañas, en los otros -de afuera y de adentro-, del pasado y del presente, de la realidad y la fantasía, de la luz y de las sombras. Es escuchar el silencio en el ruido. Es darse y perderse para renacer y encontrarse. Sólo somos un bosquejo. Nada más paradójico: el día que podemos decir qué somos en definitiva, es que ya no somos. Nuestra vida es una obra terminada, cuando cesa. Así que soy un siendo y un haciéndome. Una búsqueda. Una pregunta al viento. Un tránsito, un puente, un ocaso que no cesa nunca de preguntarse si todavía es.

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