A Cuauhtémoc Cárdenas, un mexicano ejemplar
La tableta y el celular están inundados de Inteligencia Artificial. Promesas de chicas inexistentes que quieren hacer cosas prohibidas. Sin embargo, hay que pagar para avanzar, lo que quita todo el romanticismo a la ocasión. Me niego a pagar y las borro. Al rato reaparecen como si hubieran ido a dar una vuelta al parque. Mientras más las borro, más reaparecen y quieren cobrar más y más. Es una típica pesadilla capitalista.
Parece que estoy reescribiendo un capítulo de esa telenovela que caracterizó uno de mis personajes femeninos favoritos. Mientras sufría más se encaprichaba con el galán hasta que le propuso ante lo inevitable morirse juntos por no poder ser felices aquí. Ella lo engaña y el galán es quien sale para siempre de escena.
Me he divertido viendo cortos de películas clásicas en blanco y negro del siglo pasado, Ingrid Bergman, Rita Hayworth, Betty David, Katherine Hepburn, Vivien Leigh, Ava Gardner… como son unos años más jóvenes que yo, me miran desde la pantalla con deseo y curiosidad. ¿Quién será ese mozalbete de la tercera edad que nos mira con insistencia? No es John Wayne, no es Tom Cruise, ni James Stewart, Cary Grant, ni Montgomery Clift, o Burt Lancaster, ni el gran Humphrey Bogart. Ah, es el famoso artista maestro de nada y aprendiz de todo. El que admira a Cortázar, a Vallejo y a Borges. El que vive enamorado. Corrige el guion y hace más interesantes los diálogos. Es del tiempo que nos tocó vivir.
Que terrible frustración no estar ahí en la pantalla y no sentir salvo vicariamente los labios carnosos y apetitosos de las estrellas mientras nos abrazan más allá de la orden de corte del director. Insolente metiche. Me gustó por ello Cinema Paraíso, la colección de besos prohibidos es admirable, formidable. Un acto Revolucionario.
En eso me interrumpen y me dicen que Cuauhtémoc ha muerto.
Y a todo esto ¿qué es un beso? ¿De qué color es un beso? Se puede besar a la bandera y a la Nación y la Libertad, y tenerlas de día y de noche junto a uno como inspiración. Las tres en paños menores al alcance del deseo. Eso sí hizo Cuauhtémoc. A tal grado que inspiró a la Nación para recuperarse ella misma, su razón de ser, semidestruida al través de los siglos.
Es un sentimiento que inunda con pasión, el querer y el amar. Que manda a volar a los santurrones. Que impide la traición. Cada beso es el cielo.
Como si fueran los primeros besos. De cómo nos inculcaron el amor a la Patria, a los 3 colores de la bandera, a la tierra, a la naturaleza.
Recuerda la joven en televisión nacional cómo los recibió en Apatzingán cuando metieron a la cárcel a su padre, a Heberto. Con dignidad y apoyo.
Todo el sueño está mezclado de realidad y de girones inconfesos de deseos; de protestas, de cómo los buenos se van y nos vamos quedando los malos. Hay que comparar.
Los mediocres se refugian en las faldas de los Epstein. Quieren acabar con palestinos y abusan de su poderío militar. Los otros, aunque les falte un dedo, luchan por la libertad. Son los primos de la verdad.
Serio, estoico, sin palabrería hueca, cruzó su camino el hijo del General.
Será recordado como un primer actor que no quiso lucirse en el oropel. Que prefirió la discreción y el amor de todo el pueblo. Que se cubrió de gloria aun diciendo que No. Lástima que No llegó a la presidencia, este mexicano ejemplar.
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