PARRESHÍA

La muerte de la palabra lo es de la confianza

La muerte de la palabra lo es de la confianza

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Familia, amistad y Estado mueren más seguido por la ausencia de la capacidad de ligazón entre las palabras las cosas y las acciones, que de las guerras.

La palabra no se da en abstracto, siempre nombra algo y liga el nombre con lo nombrado, esa relación crea una liga, una con-fianza, fides; la fe es siempre una correspondencia, entre el nomen y el nomus, entre el nombre de la deidad y la deidad misma, entre el logos y la cosa, y entre el juramento y lo jurado. La liga no es única ni eterna, con cada palabra pronunciada ponemos a prueba la efectividad del nombre, de lo nombrado y de su ligazón. La política es también una liga entre la palabra y la acción, de alguna manera implica un juramento de hacer, de allí que se le defina como discurso (palabra) y acción (comienzo). Cuando en política la palabra y la acción, lo jurado y lo actuado, lo prometido y lo entregado, entre lo afirmado y la realidad no se corresponden se vacía de fide la convivencia, ya nada liga a las personas entre sí, no hay posibilidad de un actuar conjunto, se pierde todo espacio compartido, el significante extravía su significado y la palabra deja de ser instrumento de entendimiento y confidencia. Familia, amistad y Estado mueren más seguido por la ausencia de la capacidad de ligazón entre las palabras las cosas y las acciones, que de las guerras.

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Luis Farias Mackey

Luis Farias Mackey

Ser o no ser, preguntó Hamlet. ¿Soy éste que soy?, preguntó Quetzalcóatl. ¿Vivo yo todavía?, preguntó Zaratustra. La primera es una opción binaria: sé es o no sé es. La segunda es la trama de la vida misma: ser lo que sé es. La tercera es descubrir si, siendo, efectivamente aún sé es. Vivir es un descubrimiento de lo que sé es a cada instante. Porque vivir es hurgar en el cielo y en las entrañas, en los otros -de afuera y de adentro-, del pasado y del presente, de la realidad y la fantasía, de la luz y de las sombras. Es escuchar el silencio en el ruido. Es darse y perderse para renacer y encontrarse. Sólo somos un bosquejo. Nada más paradójico: el día que podemos decir qué somos en definitiva, es que ya no somos. Nuestra vida es una obra terminada, cuando cesa. Así que soy un siendo y un haciéndome. Una búsqueda. Una pregunta al viento. Un tránsito, un puente, un ocaso que no cesa nunca de preguntarse si todavía es.

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