PARRESHÍA

Impotencia e imposibilidad

Impotencia e imposibilidad

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Lo peor que le puede suceder a una sociedad es tener pensamientos pequeños y pequeño el pensamiento.

Nos hemos vuelto una masa -iba a escribir Nación, pero aquello fue solo un sueño de doscientos años-, una masa, digo, irascible, perezosa, crédula, ignorante, desconfianda pero puerilmente candorosa, escindida.

Somos también una masa con una adicción consumista de odios y rencores; nuestro paladar saborea enfermizamente la colisión, hace mucho dejamos de apostar por la concordia para gozar de la rivalidad que mientras más artera mejor.

Nos disgusta que nos hablen con la verdad y seguimos ciega y febrilmente al que sabemos nos miente, pero bonito.

Políticamente nos encanta chapotear en el escándalo, solazarnos en la diatriba, hacer buches con los detritus, la domesticación clientelar y la bufonería de moda. Reclamamos que no haya “oposiciones”, pero nadie en doscientos años se ha preguntado qué es ser ciudadano.

Paradójico a cuál más, no hay oposiciones, pero hay partidos de oposición con presupuesto público y presunción de inteligencia.

Hemos perdido el sentido de grandeza, hoy es una hazaña propia del Olimpo cambiarle el nombre de un paraje y hacer de la gobernación un festival diario de retrasados mentales. Lo peor que le puede suceder a una sociedad es tener pensamientos pequeños y pequeño el pensamiento, decía Nietzsche que es mejor hacer algo mal que pensar algo pequeño, pero nuestra realidad es cada vez más diminuta y vacía.

Una cosa al menos permite una brizna de optimismo: el obradorato se retuerce como almeja en limón por conservarse tal como es y atornillarse a la silla del poder, sin darse cuenta que la subsistencia de todo ser no radica tanto en conservarse cuanto en superarse. Es su urgencia de conservación la mejor expresión de su impotencia e imposibilidad.

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Luis Farias Mackey

Luis Farias Mackey

Ser o no ser, preguntó Hamlet. ¿Soy éste que soy?, preguntó Quetzalcóatl. ¿Vivo yo todavía?, preguntó Zaratustra. La primera es una opción binaria: sé es o no sé es. La segunda es la trama de la vida misma: ser lo que sé es. La tercera es descubrir si, siendo, efectivamente aún sé es. Vivir es un descubrimiento de lo que sé es a cada instante. Porque vivir es hurgar en el cielo y en las entrañas, en los otros -de afuera y de adentro-, del pasado y del presente, de la realidad y la fantasía, de la luz y de las sombras. Es escuchar el silencio en el ruido. Es darse y perderse para renacer y encontrarse. Sólo somos un bosquejo. Nada más paradójico: el día que podemos decir qué somos en definitiva, es que ya no somos. Nuestra vida es una obra terminada, cuando cesa. Así que soy un siendo y un haciéndome. Una búsqueda. Una pregunta al viento. Un tránsito, un puente, un ocaso que no cesa nunca de preguntarse si todavía es.

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