PARRESHÍA

El secreto mejor guardado

El secreto mejor guardado

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La presidente insiste en la doble nacionalidad como algo punible; entiendo su urgencia por exacerbar un patrioterismo barato para tapar los desatinos de su gobernación, pero ha sido tal y pedestre su insistencia sobre el tema que me veo forzado a preguntar por el secreto mejor guardado de su gobierno: su padre.

Todos conocemos a la progenitora de la presidente, pero nadie sabe gran cosa del señor Sheinbaum. Presumimos su existencia, presente o finada, dada las declaraciones de los interesados. Así que partiendo de esa presunción tenemos que preguntar: ¿Quién fue?, ¿cuál su primer nombre?, ¿cuándo y dónde nació?, ¿vive?, ¿a qué se dedica o dedicó?, ¿dónde estudió?, ¿quiénes fueron sus padres y cuáles sus orígenes?, ¿tuvo hermanos?, ¿hay testimonios conocidos de su existencia?

Todas son preguntas atingentes a determinar la verdadera ascendencia de Claudia Sheinbaum en atención al cargo que ocupa y en razón al hermetismo que al respecto prevalece. El porqué del secretismo no es nuestra incumbencia ni interés.

Habida cuenta que para ella es tan importante esto de la doble nacionalidad y sostiene que quien la tienen jura a dos banderas, bien valdría que nos aclarara, tan solo por lo escazamente prehispánico y castizo de su apellido, quién es o fue su padre y su circunstancia.

Por su atención, Señora presidente, gracias.

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Luis Farias Mackey

Luis Farias Mackey

Ser o no ser, preguntó Hamlet. ¿Soy éste que soy?, preguntó Quetzalcóatl. ¿Vivo yo todavía?, preguntó Zaratustra. La primera es una opción binaria: sé es o no sé es. La segunda es la trama de la vida misma: ser lo que sé es. La tercera es descubrir si, siendo, efectivamente aún sé es. Vivir es un descubrimiento de lo que sé es a cada instante. Porque vivir es hurgar en el cielo y en las entrañas, en los otros -de afuera y de adentro-, del pasado y del presente, de la realidad y la fantasía, de la luz y de las sombras. Es escuchar el silencio en el ruido. Es darse y perderse para renacer y encontrarse. Sólo somos un bosquejo. Nada más paradójico: el día que podemos decir qué somos en definitiva, es que ya no somos. Nuestra vida es una obra terminada, cuando cesa. Así que soy un siendo y un haciéndome. Una búsqueda. Una pregunta al viento. Un tránsito, un puente, un ocaso que no cesa nunca de preguntarse si todavía es.

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