PARRESHÍA

Permanecer

Permanecer

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La singularidad de ser mexicano, en tanto forma de ser, no puede ser de uno o de unos cuantos, no admite derecho de admisión. En otras palabras, no puede ser de un partido ni de un movimiento.

Una manera de ser es un estado de per-manecer tal y como sé es, permanecer es persistir en una manera de ser, “estar todavía de cierta manera”. Para Agamben “la manera no es ni género ni individuo: es un ejemplar, esto es, una singularidad cualsea”, entre todas las posibilidades de ser, los mexicanos decidimos y deseamos ser de una que no es de todos ni de ninguno en especial, pero que por igual nos singulariza, aunque entre nosotros mismos nos distinga.

Un ejemplo “vale para todos los casos del mismo género y, en conjunto, incluso entre ellos (…) es una singularidad entre las demás” (Agamben), por tanto no es un individual ni un universal, es una singularidad que se expresa singularmente: una cosa es ser mexicano por nacimiento o naturalización, ese es un hecho y una condición, y otra una manera de ser mexicano que es algo mucho más ambiguo, y que corresponde no tanto a ser jurídicamente, cuanto a expresar mexicanidad; no tanto ser formalmente mexicano, sino expresar lo mexicano como manera de ser.

Por más que duela, tan mexicanos son Noroña y Brugada, como Salinas Pliego y Loret, por supuesto son diferentes y hasta antagónicos, pero no por ello dejan de singularizarse mexicanos.

En el medievo se hablaba de “una manera manantial” como la de aquel ser “que es el modo de ser propio, y por tanto, aun siendo singular y no indiferente, es múltiple y vale para todos” (Agamben) y tal es la manera de ser del mexicano, no por condena ni por accidente ni por necesidad, sino por regenerar constantemente su propia manera por considerarla indicada y mejor. Nuestra manera de ser mana de nosotros, no nos es impuesta, es autogenerada y sin duda aprendida a lo largo, quizás, de milenios de años.

Y aquí viene lo más paradójico, nuestra manera de ser no nos es sin embargo propia, porque no es apropiable, como dice Agamben es un ejemplo y una singularidad; no esencia, propiedad ni exclusividad. La singularidad de ser mexicano, en tanto forma de ser, no puede ser de uno o de unos cuantos, no admite derecho de admisión. En otras palabras, no puede ser de un partido ni de un movimiento.

Una manera de ser siempre es con otros, sin el concurso de los demás la manera de ser mexicano no podría ser y menos per-manecer. Por tanto, todos aquellos que se llenan la boca gritando por consigna traidores no tienen idea de lo que dicen, la manera de ser mexicanos no puede serlo en un devenir secuestrado por un monopolio faccioso.

Sin embargo, todo lo humano es finito: civilizaciones, imperios, naciones y colectividades caminan sobre cadáveres, y entre esos cadáveres se cuentan los de muchas maneras de ser que dejaron de per-manecer.

Nuestra forma de ser y per-manecer, por origen y destino, son abiertas y sincréticas, lo nuestro es el vivir en Nepantla (Uranga), en el medio, entre lo que ya fue y lo que está por ser, somos en esencia gerundio y guerra en la sangre (contradicción), en nosotros el permanecer no es algo estático porque nuestra manera de ser es una abierta al cambio y a la contradicción: ser y permanecer son lo mismo en nuestra manera de ser deviniente. Nunca dejaremos de ser pasado, por más que lo quiera reescribir La Chaira en su ignorancia, pero tampoco dejaremos de ser hambre de mañana, somos el crisol de Noroña y Salinas Pliego, de Brugada con Loret, de Moctezuma con Cortés. Tal es nuestra riqueza y tal nuestra miseria.

Quienes se asumen hoy como la verdadera manera de ser México, no entienden la manera de permanecer siendo México, de hecho, y eso es lo grave, no entienden que no entienden ni entienden entender.

El mundo posmoderno fenece, con él una época y civilización, Sheinbaum hace de la nacionalidad única un hito cuando el país se le escurre entre las manos, el mundo está por implosionar y por el planeta migran millones de mexicanos y pronto migraran más, posiblemente sean presidentes de los países a que han migrado por falta de oportunidades y derechos en su patria, antes que aquí se llegue a aplicar la demagógica Ley de Sheimbaun. ¡Qué manera de gobernar quimeras!

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Luis Farias Mackey

Luis Farias Mackey

Ser o no ser, preguntó Hamlet. ¿Soy éste que soy?, preguntó Quetzalcóatl. ¿Vivo yo todavía?, preguntó Zaratustra. La primera es una opción binaria: sé es o no sé es. La segunda es la trama de la vida misma: ser lo que sé es. La tercera es descubrir si, siendo, efectivamente aún sé es. Vivir es un descubrimiento de lo que sé es a cada instante. Porque vivir es hurgar en el cielo y en las entrañas, en los otros -de afuera y de adentro-, del pasado y del presente, de la realidad y la fantasía, de la luz y de las sombras. Es escuchar el silencio en el ruido. Es darse y perderse para renacer y encontrarse. Sólo somos un bosquejo. Nada más paradójico: el día que podemos decir qué somos en definitiva, es que ya no somos. Nuestra vida es una obra terminada, cuando cesa. Así que soy un siendo y un haciéndome. Una búsqueda. Una pregunta al viento. Un tránsito, un puente, un ocaso que no cesa nunca de preguntarse si todavía es.

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