PARRESHÍA

Tan poderosa y tan débil

Tan poderosa y tan débil

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Observo a Claudia en el Zócalo, triunfal, adorada, poderosa, patriótica, aplaudida; al morenismo exaltado hasta la enajenación y a sus sacerdotes refulgentes y con aureola. El mundo es de ellos, qué digo mundo, ¡el universo! y por siempre. En su espejo no ven más que laureles y glorias; la oposición no existe, mientras haya de donde para pagar a las mascotas del bienestar y acaben con los memes y las parodias no tienen nada de qué preocuparse.

Solo hay un factor que en su caminar sin tocar el suelo no alcanza a ver, y no, no es de fuera, es de casa, en las entrañas mismas de su movimiento y en el territorio de su mentada soberanía hay un poder fáctico que no depende ni de sus becas, ni de su poder, ni de su ¡"carisma"!, ni de sus concentraciones: el crimen organizado en todas sus expresiones, ése que aprovecha para revestirse de patriotera mientras cercena derechos de nacionales.

Esa ecuación no aparece en sus mítines ni en sus mañaneras, pero todos los días mata, desaparece, enardece al vecino del norte y corrompe todo lo que toca, no lo deseo, pero a veces pienso que toda esa parafernalia guinda tiene un dueño que en cualquier momento puede convertir su gozo en pozo y en horror.

Tan fuerte como débil, tan poderosa como atrapada.

Y no es que aspire a un poder salvífico que nos libere de esta lacra, lo que veo un poder sanguinario que se harte de tanta locura y cambié de títeres.

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Comentarios



Luis Farias Mackey

Luis Farias Mackey

Ser o no ser, preguntó Hamlet. ¿Soy éste que soy?, preguntó Quetzalcóatl. ¿Vivo yo todavía?, preguntó Zaratustra. La primera es una opción binaria: sé es o no sé es. La segunda es la trama de la vida misma: ser lo que sé es. La tercera es descubrir si, siendo, efectivamente aún sé es. Vivir es un descubrimiento de lo que sé es a cada instante. Porque vivir es hurgar en el cielo y en las entrañas, en los otros -de afuera y de adentro-, del pasado y del presente, de la realidad y la fantasía, de la luz y de las sombras. Es escuchar el silencio en el ruido. Es darse y perderse para renacer y encontrarse. Sólo somos un bosquejo. Nada más paradójico: el día que podemos decir qué somos en definitiva, es que ya no somos. Nuestra vida es una obra terminada, cuando cesa. Así que soy un siendo y un haciéndome. Una búsqueda. Una pregunta al viento. Un tránsito, un puente, un ocaso que no cesa nunca de preguntarse si todavía es.

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