Claudia, la retórica
La retórica es el arte de discursar, para este arte no tiene mayor importancia la verdad o la mentira, tampoco la ética, tan solo importa el discurso. La retórica, en voz de los sofistas, llevó a la muerte a Sócrates.
Hoy, a más de dos mil quinientos años de distancia, la retórica reina, el gobierno vive de ella, es retórica; sus críticos han hecho de su propia retórica dogma y economía (no pensamiento y menos organización y acción política), por su lado la política es cien por ciento retórica, las redes la han llevado hasta la posverdad y las fake news son uno de sus mejores instrumentos, finalmente la IA se envuelve en ella como promesa de nuevo mundo, cuando posiblemente sea el fin del mundo.
Hoy a nadie le importa la verdad ni la eticidad en la palabra. ¡Curioso!, ya no es necesario matar gentes, aunque en México se mate a más personas por pensar y expresar que en el resto del globo terráqueo, basta con ganar la narrativa, ya sea vendiendo paraísos, desplegando cortinas que oculten la realidad, satanizando al adversario, explotando el hedonismo consumista en boga y, hoy, hondeando la bandera anti-injerencista como distractor para toda hora, mal, crisis, susto o desvisado.
El gobierno de Sheinbaum se compone de cuatro elementos, hacer control de daños, defensa y ocultamiento de pifias y desastres propios y heredados; sostener una narrativa rijosa y a la defensiva desde la victimización; mantener una adicción a ser adorada en concentraciones propias de una megalomanía en estado de trance y gobernar el guardarropa. De las cuatro, las tres primeras se sostienen con retórica.
Ayer cerró la presidente un mes de retórica en informes de abierta campaña, pero en continuación de una retórica patriotera que le permite poner por delante un enemigo y amenaza, y fingir una determinación y nacionalismo que no se corresponden con la realidad ni los resultados, pero que como el flautista de Hamelin atolondran el de suyo nulo pensamiento crítico.
Los negocios cierran, los precios crecen, los alimentos escasean, las medicinas no llegan, los médicos se infectan en hospitales y los neonatos mueren en grupo, mientras el crimen impera, el campo es erial, el Maya se vuelve a descomponer y Adán impone candidatos, pero ayer el Zócalo, ahora cuadriculado y con sillería para ser llenado con menos gente vibraba con la sabiduría de Brugada y el carisma de Sheinbaum, mientras México jugaba de su piñata.
Sheinbaum carece de la timbre de Díaz Ordaz, de la cultura de López Portillo y la desfachatez de Obrador, es plana, sosa y vacua, lo cual demuestra que la retórica hoy no requiere como en Grecia preparación ni esfuerzo, hoy la retórica lo que requiere es la fuerza mediáctica del aparato de Estado y la técnica de Goebbels. Ergo, tendremos de aquí al fin de los tiempos mañaneras e informes de gobierno tres veces al día.
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