Violencia política de género
Noviecitas empoderadas siempre han existido en política, como también mujeres preparadas, capaces, inteligentes y brillantes. Una cosa y otra no están peleadas, la Gordillo fue novia de Jongitud y logró construir un liderazgo magisterial férreo, que le haya roto la madre a la educación es otra cosa; Rosa Luz Alegría fue un personaje del movimiento estudiantil y de tres sexenios, casóse con el hijo del secretario de Gobernación y luego presidente, Luis Echeverría, cautivó a un candidato y también presidente, López Portillo, al que mandó al diablo el día que dejó el poder, fue una física eminente y brillante, por lo demás capaz. No es el caso de Andrea Chávez.
Pero hoy quiero hablar de la violencia política de género, esa figura noble en sus propósitos y prostituida en su implementación, como casi todo lo que toca Morena (saludos a Dato Protegido y Gutierritos), más no desde la perspectiva de la violencia a la mujer por razones políticas, sino de la violencia propia de la mujer por apetitos y voracidades políticas.
La ambición de poder es común a ambos géneros, cómo se despliega esa ambición de poder en el caso de la señora Chávez es digno de ser analizado.
Subió como la espuma y se sobredesarrolló desmandadamente hasta la locura, ¡claro!, mucho tuvo que ver el hombre maduro que, en lugar de formarla y guiarla, en los términos de salvación de Séneca, la convirtió en lo que es.
Una cosa es aspirar legítimamente a una gubernatura y otra es demandarla hoy y aquí al costo que sea y por encima de todo y de todos, presidente incluida. No hay nada que haga más daño a alguien cercano al poder que la cartera abierta y el cerebro cerrado. El hecho es que las posibilidades, remotas de suyo, de alcanzar la gubernatura de Chihuahua la llevaron a ejercer violencia política de género, ¿contra quién?, contra todos. No solo se peleó con los adversarios políticos de Morena y analistas de la vida pública, sino con sus propios compañeros de partido, dirigentes y hasta con la misma presidente.
Gran daño, además (ya hemos hablado de ello), hacen hoy las capacidades de distorsión del entendimiento de sí mismo que hacen las redes en un circuito perverso de autoexposición, popularidad y adicción de espejo. El cero votos y Chávez son hoy desechos de esa locura.
Chávez, como Ícaro no hizo caso de volar a la altura del alcance de sus alas y se cayó de la nube en que andaba.
Andrea Chávez es un libro abierto de lo qué no debe de hacer para quien quiera ir lejos (piano, piano si va lontano). Su carrera fue (en tiempo pasado) fulgurante y le hizo más daño a Morena que La Barredora, Noroña, Epigmenio y Andy juntos.
Finalmente la violencia política de género de Chávez terminó alcanzándola a sí misma. Saludos a Adán Augusto.
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