La usurpación de los sin voz
En 68 se gritó, no necesariamente ellos, por los que no tenían voz y la tuvieron, aunque nada más ellos y para ellos: no solo se hicieron del control de la cultura y de los sindicatos magisteriales, de las becas y de la victimización mítica; poblaron el Congreso y monopolizan la conversación pública a cada paso e instante. Se adjudicaron el monopolio del pasado y hoy son gobierno, pero callan toda disonancia, acaparan los espacios de comunicación, incluso penalizan con cárcel el sarcasmo, la caricatura y la risa; por alguna esquizofrenia inexplicable dicen seguir representando a los sin voz, cuando ellos son los silenciadores de toda palabra, hasta la de los suyos; porque dar apoyos electoreros clientelares no es dar voz. Pero quien hoy calla no se llama Díaz Ordaz, se apellida Sheinbaum… aunque nadie lo sabe de cierto.
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