PARRESHÍA

La pirómana

La pirómana

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Incendia para tapar sus ineptitudes y cadáveres en el clóset.

Los periodistas son muy chismosos, así que mi padre se enteró muy pronto de la llegada a Monterrey de una de las grandes periodistas de la época, que entonces cubría la fuente de la presidencia desde un periódico nacional de gran circulación.

El día siguiente era primero de mayo y lo lógico es que estuviera en la Ciudad de México; no tenía familiares ni asuntos personales en Nuevo León y había llegado directo a los cafés y cantinas donde solían reunirse entonces los periodistas, en pocas horas ya había hablado con los principales. Mi padre ordenó a su equipo sacar las antenas y en breve tiempo localizaron al menos a tres periodistas nacionales más en la ciudad.

Habló con los líderes sindicales y todos le reportaron no tener novedad alguna, salvo el de la CTM que era muy su amigo que le dijo “no había nada Luis, pero que algo hay”. Mi padre entendió que esto venía orquestado y de arriba.

Durante la noche se detectaron camiones de otros estados con dirección a Monterrey y camiones urbanos de la CTM moviendo gente de los municipios conurbados al centro de la ciudad, así como el robo de carritos de supermercado en varios establecimientos. Para la madrugada se tenía detectado un grupo de 400 personas en las inmediaciones de la ruta del desfile con motivo del Día del Trabajo.

Mi padre reforzó la seguridad de la ruta, de Palacio y plazas públicas, y giró instrucciones de no responder a provocaciones ni hacer nada sin orden directa de sus respectivos jefes.

El desfile empezó sin problemas, a la mitad del contingente se reportó el bloqueo del desfile a unas calles de Palacio para dar acceso a un grupo desconocido con carros de supermercado repletos de piedras, botellas y palos.

El grupo al no verse desde un principio reprimido moderó su violencia, pero al llegar a Palacio le lanzó todo el parque que llevaban sobre ruedas. Hubo vidrios rotos y dos o tres descalabrados, ninguno de gravedad. La policía, la primer lapidada, aguantó la embestida sin responder a la provocación.

Mi padre había visto pasar cualquier cantidad de gobernadores caídos por conflictos artificialmente armados, a Manuel Bartlett, padre del Manuel de la caída del sistema, cayó en Tabasco por un conflicto estudiantil por el precio del transporte público, bajo similares métodos, vio caer gobernadores en San Luis Potosí, Michoacán, Guerrero y muchos otros estados.

Le hervía la sangre, pero supo contenerla. Entrevistado llamó a la cordura y concordia de todos los neoloneses, sin mayor aspaviento. Los enviados de la prensa nacional se regresaron sin nota publicable.

A Lemus le avisaron el golpe desde la semana pasada, que la presidente se desentendió del tema del agua en la zona conurbada de Guadalajara y lanzó a sus jilgueros a carroñear sobre un tema que involucra la administración de toda una cuenca y río a cargo de la federación.

Es difícil juzgar desde lejos, pero era obvio, no sería la primera vez, que el domingo pasado iban a infiltrar al Bloque Negro en la protesta, también que Lemus supiese de su traslado y presencia en la entidad, lo que no sabemos es cómo se le salió de las manos el conflicto y, ahora, además de único responsable del problema de agua, es un represor y blanco de todo el aparato de comunicación del Estado.

Lo más grave que es el distractor del problema que enfrenta Sheinbaum en el sector salud, más lo que se les adhieran en horas.

El problema es cuántos Lemus y estados más está dispuesta Sheinbaum incendiar para tapar sus ineptitudes y cadáveres en el clóset.

Por cierto, saludos a Rocha y Almilcar.

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Luis Farias Mackey

Luis Farias Mackey

Ser o no ser, preguntó Hamlet. ¿Soy éste que soy?, preguntó Quetzalcóatl. ¿Vivo yo todavía?, preguntó Zaratustra. La primera es una opción binaria: sé es o no sé es. La segunda es la trama de la vida misma: ser lo que sé es. La tercera es descubrir si, siendo, efectivamente aún sé es. Vivir es un descubrimiento de lo que sé es a cada instante. Porque vivir es hurgar en el cielo y en las entrañas, en los otros -de afuera y de adentro-, del pasado y del presente, de la realidad y la fantasía, de la luz y de las sombras. Es escuchar el silencio en el ruido. Es darse y perderse para renacer y encontrarse. Sólo somos un bosquejo. Nada más paradójico: el día que podemos decir qué somos en definitiva, es que ya no somos. Nuestra vida es una obra terminada, cuando cesa. Así que soy un siendo y un haciéndome. Una búsqueda. Una pregunta al viento. Un tránsito, un puente, un ocaso que no cesa nunca de preguntarse si todavía es.

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