Pobres Robertos
La madre regañó al joven, lo que ya venía siendo casi un mantra: “enderézate niño, ¡no camines jorobado!”
El ortopedista que lo revisaba la paró en seco: “no le reclame por algo que no es su culpa y que no va a resolver con exigencias”.
La mamá puso cara de “What”.
-Roberto no anda jorobado porque quiera hacerlo, ni puede mantenerse permanentemente erecto, aunque lo quiera, y ello no es un problema de dejadez, torpeza o flojera. Su hijo está creciendo aceleradamente, de la última consulta a hoy creció seis centímetros, mejor dicho, sus huesos crecieron, pero los músculos no lo han hecho aún. Roberto anda jorobado porque su musculatura no puede cargar aún su esqueleto y eso no se resuelve con regaños, se soluciona con ejercicio: haciendo músculo.
-¿Roberto, preguntó el doctor, quieres que tu mamá te deje de fastidiar?
El joven, como quien ve la luz al final del túnel contestó afirmativa y entusiastamente.
-Pues ponte a hacer ejercicio mano. Y usted señora y su marido, ya no lo regañen por favor, mejor impúlsenlo al deporte y van a verlo enderezarse en meses.
Pues bien, el otro día escuchaba a uno de esos que se las dan de analistas políticos de los muy acá que, orondo, decía: “es el momento que los ciudadanos den un paso al frente y participen políticamente, demanden resultados y exijan al gobierno cumplir la ley y actuar con la verdad…” y me acorde del pobre de Roberto.
Me explico, un buen día, por una serie de tropiezos del gobierno y la voracidad por el poder de los partidos de oposición, uno y otros se pusieron de acuerdo, y dada la nula credibilidad de que gozan se hicieron apadrinar por la academia, y decretaron que México ya era una verdadera democracia. Cambiaron leyes, crearon instituciones, se repartieron el presupuesto hasta cimbrar la Hacienda Pública, electorizaron toda la vida nacional y hartaron a la sociedad con sus publicidades y ridículos. Pero el niño seguía jorobado, nadie se ocupó de desarrollar en él su musculatura. Y le vistieron de democracia, transición y alternancia, y lo equiparon con tecnología de punta, y lo torturaron con sus interminables conflictos y propagandas, pero nadie pensó en hacer crecer su ciudadanía.
En otras palabras, crearon un esqueleto de ciudadano sin la musculatura necesaria para cargarlo y no dudo que lo hayan hecho adrede para que no se les volteara a exigirles.
Tan magra fue nuestra democracia que un desquiciado con una chusma vulgar y rencorosa se hizo de todo su edificio, cual horda furiosa de los Francisco Villa y ambulantes en la Alameda, y nuestra democracia moderna, ejemplar y épica resultó una pinche pastilla de clorato.
Muchos de los que de ella vivían hoy son caras que vociferan en las redes y una de tantas, cual Cristo ante la tumba de Lázaro ordenó a nuestra ciudadanía levantarse y seguirlo. O para el caso, como la mamá de Roberto: "enderézate niño".
Igualito hicieron en sus élites quienes convirtieron sus sueños de democracia en delirio, aparador mundial y tara.
Todos nuestros próceres democráticos sin calificativos son como la madre de Roberto, mandones, regañones y ajenos para con los ciudadanos, pero no los entienden ni se preocupan por ellos. Ayer decretaron “hágase la democracia”, pero se les olvidó que la verdadera democracia la hacen los ciudadanos, no sus vividores y menos sus estudiosos. Y en 38 años nada han hecho para formar ciudadanos más allá de cobrar prerrogativas públicas y esquilmar las privadas y entre ellas aún más las criminales, y hoy que su democracia ha dejado de existir pretenden comandar lo que jamás crearon y nunca han respetado.
Pobres Robertos.
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