PARRESHÍA

Los gobernantes que hacemos

Los gobernantes que hacemos

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Necesitamos crear nuestros propios héroes y heroínas, pero que jodidos nos han salido.

Se dice que los pueblos merecen los gobernantes que sufren, me temo pueda ser algo más que simple maleficio.

¿Qué si nos fuese algo consubstancial, una necesidad? La experiencia de nuestras transiciones y alternancias es negativa e incremental. ¿Quién en su sano juicio piensa hoy en el 2030 y no prefiere la cicuta?

¿Conoce a usted un pueblo que soporte tan beatíficamente al más trastornado de los sátrapas, atrevido de los corruptos y pervertido de los réprobos?, ¿no nos cautivan los bandoleros y desvergonzados, no abrazamos al mentiroso, envidiamos al corrupto y seguimos al miserable? En México se desprecia la pobreza explicable y admira la riqueza inexplicable.

Pepe Newman sostiene que nuestros dioses son deformes, enfermos y estériles, cual cabeza Olmeca: inexpresiva, mutilada, disfuncional, sobredimensionada, inmóvil. Nuestra fe es a máscaras tarascas, extasiados tropicales, personajes de telenovela, futbolistas delirantes y cancioncitas bobas.

Una y otra vez hundidos en el desencanto y desesperación apostamos compulsivamente al nuevo salvador sin jamás cuestionar nuestra reiterada minusvalía.

Tan urgidos estamos de figuras semidivinas y eventos homéricos que nos postramos ante el primer escarabajo que brilla y entonamos ilíadas a ratoncitos que juegan a reinar. Construimos monumentos, mausoleos, catedrales y mitos a seres y acciones intrascendentes; como el cavernícola ante el fuego, desfallecemos ante el cínico, vitoreamos al loco, tememos al cobarde, creemos al falsario. Mi amigo Agustín dice que necesitamos crear nuestros propios héroes y heroínas, pero que jodidos nos han salido.

Hoy no hay ni papel para escribir un acuerdo de trámite en tribunales, gasas en los hospitales, maestros en las escuelas, seguridad en nuestras vidas, gobiernos en estas tierras; lo que sobran son muertos, desparecidos, corruptos, desvisados y narcos, pero la popularidad de la presidente es inconmensurable y su adoración ecuménica.

Nuestros ídolos no son de barro, son de algo peor: de nosotros. No los tenemos ni sufrimos, los hacemos, los crecemos, los gozamos, los adoramos; en el fondo son nuestros idénticos y por eso siempre terminamos odiándolos.

A veces sueño en distopía para despertar en una sin salida, fétida, guinda, chorreada, vulgar, pringosa, altanera. Todo huele a baño de estadio y a fosa clandestina, la mañanera no calla jamás y el mundo se pinta de noroñas y citlalis. Lenia es rectora de la UNAM, Salgado Macedonio secretario de Defensa y Nahle de Cultura. Lo paradójico es que todo mundo es feliz, la presidente adorada y el mexicano solo espera la elección del 27 para votar en un 674 por ciento por el humanismo mexicano.


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Luis Farias Mackey

Luis Farias Mackey

Ser o no ser, preguntó Hamlet. ¿Soy éste que soy?, preguntó Quetzalcóatl. ¿Vivo yo todavía?, preguntó Zaratustra. La primera es una opción binaria: sé es o no sé es. La segunda es la trama de la vida misma: ser lo que sé es. La tercera es descubrir si, siendo, efectivamente aún sé es. Vivir es un descubrimiento de lo que sé es a cada instante. Porque vivir es hurgar en el cielo y en las entrañas, en los otros -de afuera y de adentro-, del pasado y del presente, de la realidad y la fantasía, de la luz y de las sombras. Es escuchar el silencio en el ruido. Es darse y perderse para renacer y encontrarse. Sólo somos un bosquejo. Nada más paradójico: el día que podemos decir qué somos en definitiva, es que ya no somos. Nuestra vida es una obra terminada, cuando cesa. Así que soy un siendo y un haciéndome. Una búsqueda. Una pregunta al viento. Un tránsito, un puente, un ocaso que no cesa nunca de preguntarse si todavía es.

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