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El Super Tazón

Foto: lfmopinion.com


Siguen los Oscares.

Mientras las tropas aliadas avanzaban hacia las goteras de Berlín y se consumaba la victoria, se reunieron en Yalta, febrero de 1945, los victoriosos Churchill, Stalin y Roosevelt con el propósito de negociar la reconstrucción del mundo de la posguerra y subrayar sus respectivas áreas de influencia en la división del mundo.

Las contradicciones, el poder y la fuerza de las potencias provocaron durante años la inevitable Guerra Fría y la confrontación entre el Este (Unión Soviética y Pacto de Varsovia) y el Oeste (EUA y OTAN), que se caracterizó por ser un tiempo de tensión y confrontación política e ideológica y significó, vergonzosamente también, la división de la capital alemana en 4 sectores y el levantamiento por parte del gobierno soviético del muro de Berlín, ejemplo de intolerancia e incultura (como todos los muros, by the way).

Con el bombardeo atómico a Hiroshima y Nagasaki en agosto del 45 por parte de las fuerzas estadounidense comandadas por el presidente Truman, se consuma la derrota del Eje Tokio-Berlín-Roma y el mundo se apresura a la reconstrucción y al fomento del moderno modelo de negocios dominante que contribuiría en los años de la década de los noventa, a la propia disolución de la URSS.

Para la consolidación del nuevo modelo de organización mundial, en octubre del mismo 45 se fundó la organización de las Naciones Unidas como entidad internacional para mantener la PAZ y las relaciones de cooperación internacional entre las naciones. Como se sabe, su sede es Nueva York, donde goza de un régimen de extraterritorialidad y se dirimen controversias diplomáticas para evitar guerras y enfrentar hambrunas, invasiones, discriminación e intolerancia.

En el mismo año también se fundó el Fondo Monetario Internacional para promover la cooperación global, la estabilidad financiera, el empleo, el crecimiento económico y la reducción de la pobreza y, en 1948, se estableció el Plan Marshall para la reconstrucción de Europa, que evolucionaría más tarde en el llamado Banco Mundial que ofrece créditos competitivos, asistencia y recursos personalizados.

De esta manera, a principios de los años cincuenta quedó integrado el modelo de negocios planeado con el objeto de fomentar altas tasas de ganancia y, en consecuencia, alta concentración del ingreso a favor de los jugadores dominantes del mercado.

Actualmente se sabe, por ejemplo, que 26 multibillonarios alrededor del globo poseen el equivalente al ingreso de la mitad de la población mundial en pobreza extrema. Esto es, el 1% de la población más rica posee el equivalente al total del 50% de los más pobres.

En tanto, la mayoría de los políticos y teóricos del capitalismo y de las instituciones académicas del sistema fomentaron y justificaron como principal y única responsabilidad del capital la obtención de la máxima tasa de ganancia posible. Su creciente participación en el mercado fue su leitmotiv y los mejores gobiernos, desde esta óptica, fueron los que fomentaron la seguridad, la estabilidad y el óptimo clima de apropiación; dando facilidades para el crecimiento del capital frente al trabajo, tanto en términos fiscales, como con concesiones, devolución de impuestos, subsidios, control de la inflación, apoyos a fondos perdidos como Fobaproa y controles sindicales, por ejemplo. En efecto, “se privatizan las ganancias y se socializan las pérdidas”.


En el marco de la Doctrina Monroe de 1823, que establece: “América para los americanos”, los gobiernos de países que contradijeron, discutieron o combatieron el modelo nuclear de apropiación y expansión capitalista fueron invadidos o intervenidos por las fuerzas norteamericanas, “los policías del mundo”.

He aquí una cronología al respecto:

1846: México; 1854: Nicaragua; 1855: Nicaragua, Honduras y El Salvador; 1898: Cuba; 1903: Segregación de Panamá de Colombia; 1903: Canal de Panamá; 1904: República Dominicana; 1906: Cuba; 1908: Panamá; 1910: Nicaragua; 1911: México; 1912: Nicaragua; 1914: México; 1915: Haití;1916: República Dominicana; 1918: Panamá; 1924: Honduras; 1925: Panamá; 1926 al 33-34: Nicaragua; 1941: Panamá; 1952: Cuba; 1954: Guatemala; 1961: Cuba; 1964: Brasil; 1965: República Dominicana; 1966: Guatemala; 1967: Bolivia; 1973: Uruguay; 1973: Chile; 1976: Argentina; 1980: El Salvador; 1981: Nicaragua; 1983: Granada; 1989: Panamá; 2000: Colombia; 2002: Venezuela.

Es hasta los años sesenta del siglo pasado que, para mitigar en parte la desigualdad y seguramente por la influencia de la Guerra de Vietnam y la generación de ‘amor y paz’ con mayor consciencia social que en la inmediata posguerra, y después de habernos asombrado con los horrores de los conflictos bélicos, que se empieza a reconocer la responsabilidad social del capital.

Entonces, como una estrategia lateral para enfrentar las enormes desigualdades sociales y eventualmente, las revoluciones que son cambios violentos que alteran el orden establecido, lo que contraviene el modelo de progreso para los menos, es decir: la necesaria estabilidad. Entonces desde los mismos centros académicos se promovió la inversión socialmente responsable, que persigue un nuevo equilibrio entre los factores de la producción.

La responsabilidad social es hacer negocios éticos y apegados a la ley, significa adoptar una política activa y responsable en torno al impacto de las operaciones. Es una práctica en beneficio de trabajadores y entorno social que trata de ‘relajar’ la contradicción inherente capital-trabajo y reducir las desigualdades. En este sentido se mira la lucha por mejores condiciones laborales, mejores salarios, prestaciones, pensiones y planes de jubilación, así como participación en el desarrollo y bienestar de la comunidad.

En el siglo XXI, con la moderna tecnología y plataformas interactivas de comunicación, la nueva geopolítica y la emigración de sur a norte, con el antecedente de la liberación de las repúblicas exsoviéticas, la disolución de Yugoslavia, la consolidación y ampliación de la Unión Europea hasta el Brexit, el surgimiento de China como potencia global, el crecimiento de los Bircs y el impacto trumpista, además del surgimiento de nacionalismos y enclaves antes impensables, la permanente lucha contra la discriminación y el resurgimiento de la ancestral confrontación religiosa musulmana-judeocristiana, el modelo de negocios se moderniza y se pone al día: lo que impera hoy como ingrediente principal de éxito, además de la responsabilidad social, es el adicional espectáculo: el domingo fue obvio, en el Súper Bowl, donde la relevancia está tanto en el juego y su resultado, como la fiesta del medio tiempo y la propaganda de anunciantes, donde se especula y apuesta por casi todo, hasta el color del Gatorade celebratorio que bañará al coach principal en la victoria.

Hoy en día, poco a poco se consolida el nuevo modelo de hacer negocios donde los espectaculares shows marcan la agenda y las tendencias de consumo. Tendencias no exentas de adormecimiento crítico para el respetable y de un lenguaje tecnológico de difusión especializado, solo para iniciados o población objetivo que debe moverse al ritmo del mismo espectáculo, para ser incorporada y ser incuestionable sujeto-objeto, participante-consumidor-integrado, i.e. pertenecer, absorber los dictados de las grandes empresas que hoy son religión y que garantizan comunión en el anonimato.

El nuevo modelo de negocios y gobierno se consolida también en México, aunque con menor desarrollo relativo y paso más lento, véase lo que ocurre en la lucha contra el huachicol, contra la corrupción. Se niega la espectacularidad, pero está ahí, todas las mañanas.

El negocio es exhibir y provocar, justificar a los pobres rateros y distribuir dosis de amlodiplina para comunicar, contener y adormecer, mientras las calificadoras de riesgo a quienes les importa un pepino el deber ser y que son unas fieras imperiales sacan las garras y amenazan, en tanto que los empresarios se incorporan poco a poco al proyecto, por la proyección de seguras altas ganancias y ante el riesgo de alejarse del tren.


Mientras tanto, los supuestos verdaderos culpables del desastre gozan de buenaventura: Fox y Martita, entre Prozac y mota, abrevan de los negocios bribiéscos, Calderón y Zavala quieren a México Libre de su ausencia, pues la nostalgia se cura con ¡salud! y el presidente Peña se pasea por España con su nueva novia pintada de güera y disfruta de la hospitalidad de sus socios y constructores preferidos.

Todo es un show en la modernización del modelo, siguen los Oscares, donde la reputación nacional depende de Roma. ¡Venceremos! (parcialmente).


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Poco a poco se consolida el nuevo modelo de hacer negocios donde los espectaculares shows marcan la agenda y las tendencias de consumo. Tendencias no exentas de adormecimiento crítico para el respetable y de un lenguaje tecnológico de difusión especializado, solo para iniciados o población objetivo que debe moverse al ritmo del mismo espectáculo, para ser incorporada y ser incuestionable sujeto-objeto, participante-consumidor-integrado, i.e. pertenecer, absorber los dictados de las grandes empresas que hoy son religión y que garantizan comunión en el anonimato.

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