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Top 10: los mejores artistas del rock (aunque escoza y duela)

Foto: lfmopinion.com


Ventanas directas a los años mozos y, a veces, hasta mohosos.

Pocas cosas tan atemorizantes y a la vez divertidas de hacer como los Top Ten. Atemorizantes, porque uno nunca da lo que se espera y cuando lo hace resultan ser listas decepcionantes por estar atascadas de lugares comunes. Divertidas, porque dan cabida a rememorar aquello que tanto nos fascinó. Son ventanas directas a los años mozos y, a veces, hasta mohosos. Pues bien, esta lista con los mejores solistas de la historia del rock tiene un poco de todo. Está pensada para sorprender, divertir y hasta indignar. Vengan pues los rocazos, rock and olders.

10. Robert Fripp: No nos engañemos. A pesar de la enorme cantidad de músicos y súper músicos que han pertenecido a las filas del Rey Carmesí, no hay duda de que King Crimson es Robert Fripp, y no es complejo de Luis XIV, es un hecho. Fundadores del rock progresivo, puede que en un inicio y dado su contexto King Crimson se postulara como un grupo de alcances y magnitudes sin precedentes en el rock, no obstante, después de In the Wake of Poseidon se pudo percibir quién tenía la batuta y la dirección del proyecto, un proyecto que siempre se ha caracterizado por evolucionar. Sin temor de perder, Robert Fripp y su maquinaria colorada siempre han apostado por los valores más altos de la música. Nunca han perdido.

9. Patti Smith: Puede que la mujer más popular del rock sea Janis Joplin, pero no es la más importante. A casi 44 años de haber grabado su impresionante disco debut, Horses, las palabras pronunciadas al inicio de su versión de “Gloria” siguen calando hondo: “Jesus died for somebody’s sins but not mine”. Ninguna canción grabada antes o después por mujer alguna viste la radicalidad de “Gloria” ni ostenta su nivel de emancipación y empoderamiento. Horses representa una visión de la cosmogonía femenina prácticamente inédita en el ámbito musical. Digamos que es metafemenina y si algo necesita la música en general es plasmar las perspectivas y prospectivas de la mujer moderna. Hacia allá va la evolución de la música y Patti Smith es decana de estas glorias. Además de poetisa, también es excelente intérprete. Busquen su álbum Twelve, es una joya.

8. Jimi Hendrix: Cada vez que se compara a Jimi Hendrix con Eric Clapton siento un retortijón en el canal pilórico. Hay cosas que no se pueden comparar. No se puede comparar “Layla” con “Little Wing”. Como tampoco se puede comparar a “Crossroads” con “Wild Thing”, ambas reconstrucciones de autores ajenos. No se puede. Es imposible saber qué pasaba por la cabeza de Hendrix cuando compuso ese orgasmo con todo y su abstracta eyaculación sonora que es “Voodo Child (Slight Return)” o qué sintió exactamente durante ese duelo con Steve Windwood en “Voodo Chile”. Ambas canciones parecen el soundtrack jamás usado para Viaje a Ixtlán de Carlos Castaneda. Lo vuelvo a decir, no hay nada que sea comparable a Hendrix.

7. Eric Clapton: Existen buenos guitarristas. Personajes como Mark Knopfler o George Thorogood, que tienen el sonido exacto para sus canciones y a quienes nadie podría demeritar. También hay guitarristas virtuosos. Personas como Joe Satriani o Yngwie Malmsteen, quienes son auténticos atletas de sus instrumentos y que han perfeccionado su técnica a niveles sobrehumanos. Hay guitarristas que simplemente no son de esta dimensión como Steve Vai, a quien Frank Zappa le asignaba las “partes imposibles de guitarra”. Sin embargo, entre toda la fauna de las seis cuerdas, existen unos pocos que destacan porque cincelaron un estilo propio en pedestales inmemoriales. Esos se hacen llamar West Montgomery, Andrés Segovia, Stevie Ray Vaughan, Jimmy Reed, Muddy Waters, Robert Johnson y, por supuesto, Eric Clapton.

6. Otis Redding: Algo tienen los cantantes incendiarios. Aquellas criaturas de largas alas que no temen arrojarse al vacío. Algo tienen esos artistas que uno jamás termina por saber cómo le hacen, como si ese fuera su chiste, que uno nunca los entienda del todo, pero que no por eso dudemos en amarlos. Tú sabes, artistas como Aretha Franklin o Janis Joplin, gente que encontró algo y que guardaron para ellos; el secreto de la musicalidad misma. A lo mejor no son los artistas sino sus canciones. Más o menos como los Rolling Stones con “I Got the Blues”. ¿De dónde habrán sacado ese sonido tan bello? ¿Alguien sabe?

5. Frank Zappa: Los seres humanos necesitan más tiempo de vida sólo para disfrutar de la obra de Frank Zappa. Porque cuando uno se zambulle de lleno en las aguas sinuosas de este artista estadounidense no hay marcha atrás. Ya sea divirtiéndose en complejos juegos armónicos como “Brown Shoes Don’t Make It”, o en el perfecto caos que es “The Little House I Used to Live In”, o en la excelsitud y belleza sin parangones que es “Watermelon in Easter Hay”, la brillantez de Zappa no tiene ni una partícula supersimétrica en este universo. Es único. Puede que Frank Zappa jamás vaya a ser adorado por las multitudes, pero mientras exista un gramo de buen gusto habrá quien lo escuche. Proyectos y bandas como The Residents, Primus, The Fugs, Butthole Surfers y un no tan largo etcétera, serían impensables sin el influjo zappiano.

4. David Bowie: Puede que algunos de sus más recientes seguidores ya puedan aceptar el hecho trágico de su desaparición, pero los más fervientes admiradores, los que crecimos con su música atemporal, los que nos emocionamos con la salida en 2013 del sencillo “Where Are We Now”, pensando que se venía otra época de grandes discos, los que cuando se dio la noticia no creímos cumplida la profecía hecha hace casi 47 años en la canción “Five Years”. Algunos todavía creemos que es parte de un acto, de una elaborada mascarada, y que un día cualquiera emergerá vuelto otra vez Ziggy Stardust. De verdad, nunca creímos que llegaría el tiempo en que no habría más David Bowie. Sin duda, el artista más completo que ha dado el rock.

3. Neil Young: Se dice que este cantautor canadiense siempre ha dividido a su público en dos claras tendencias: la estridencia y la calma. Esta su proto-punk profético, su hard rock rasposo lleno de feedback en álbumes como Rust Never Sleep o Ragged Glory, pero también su folk introspectivo, de poesía sencilla pero profunda en obras como After the Gold Rush y Harvest Moon. Puede que la bipolaridad de Neil Young no sea tan radical como se cuenta y que sólo sea una exageración para incrementar su aura mística. No obstante, lo valioso de Neil Young (y de su música) es que no le importa un pepino. No se engaña a sí mismo y no engaña a su público. He ahí la importancia de la honestidad en la música.

2. Chuck Berry: ¡Ya! No hay más. Se esculpirán en el Monte Rushmore del rock&roll los rostros de Elvis Presley, Little Richard, Jerry Lee Lewis y, sin duda alguna, el del verdadero padre de todo: Chuck Berry. Todo palidece ante el riff inconfundible de “Johnny B. Goode” y no hay dios musical en la tradición del 4/4 que compita y le gané la partida. Incluso la voz nasal de Lennon suena como la de un escandaloso advenedizo cuando entona junto a Berry, “Memphis, Tennesse” (sin mencionar los horribles berridos de Yoko).

No es para menos. Basta recordar la maravillosa frase de Michael J. Fox en Back to the Future tras interpretar ante una alucinada audiencia la ya mencionada Johnny B. Goode”: “I guess you guys aren’t ready for that yet, but your kids are going to love it”. Tal cual.

Podrá ser Elvis al que llamen rey, podrán haberse grabado en los estudios Abbey Road los álbumes más legendarios, podrá hincarse la academia musical y cinematográfica ante la extravagante efigie de Freddie Mercury, pero nunca nada será equiparable al shock generacional de aquellos ya antiquísimos años 50, de los que Chuck Berry es piedra angular.

1. Bob Dylan: Si algo define a Robert Zimmerman es la lucidez y esas ganas malditas de no dar nunca lo que se espera de él. Intuir su dirección, su camino, es francamente imposible. Nunca se sabe si volverá al franco surrealismo de Blonde On Blonde o si su siguiente álbum va a estar lleno de villancicos tradicionales.

Pese a los dolores y quebraderos de cabeza que conlleva intentar explicar a ese ente autonombrado Bob Dylan, debemos reconocer que es ante todo un valiente, un bravo. Porque se necesitan agallas e inteligencia para apreciar lo que ama y denostar lo que aborrece. Su no tan lejana premiación al Nobel no sólo lo avala a él, sino que garantiza una futura revalorización de otras grandes plumas del rock.

Simplemente no es posible adivinar qué sería hoy de este género sin el autor de “Like a Rolling Stone”, “Blowin’ in the Wind” y “Tangled Up in Blue”. He ahí su siempre omnipresente influencia.

Y un extra:

Jeff Buckley: Mientras vivió lanzó un solo disco. Con ese disco se ganó la admiración de gente como Bob Dylan, Robert Plant, Chris Cornell, David Bowie, Thom Yorke, Chris Martin, Bono, PJ Harvey, Paul McCartney, Jimmy Page, Rufus Wainwright, Elizabeth Fraser, entre otros. El disco se llamó Grace, el año era 1994 y la voz fue el hijo de un excelente cantautor de los sesenta, Tim Buckley, de quien heredaría no sólo sus aptitudes musicales, sino su espíritu bohemio y su trágico final. Jeff Buckley merece ser más conocido y reconocido.





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