Acacio

Genocidas por ineptitud

Genocidas por ineptitud

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¿Y dónde chingaos están todos los medicamentos que te robaste en treinta años de trabajo, ¡Carajo!?

María Damasia había cubierto dos turnos por falta de personal, el riesgo de muerte de neonatos en incubadora por deterioro de protocolos de higiene, equipamiento e instrumental, y, sobre todo, por la suspensión de limpieza y mantenimiento de aíres acondicionados ya por tres años consecutivos cargaba a su fatiga física la emocional.

Tomó su ligero bolso del casillero y se despidió de Adela, amiga y enfermera con quien compartía antigüedad, aunque ella como cirujana pediatra.

Con cansados pasos y sobrados kilos bajó las escaleras; los elevadores permanecen fuera de servicio desde el temblor del 2017. No obstante la hora, esa media mañana había amontonamiento del personal para salir del hospital. Damasia no le dio importancia mientras contestaba mensajes en su celular. Ya en la puerta vio una mesa atravesada frente a la salida y a policías revisando bolsos y cateando de médicos, enfermeros, personal administrativo e intendencia.

-¿En serio, Camilo?, preguntó al viejo policía más flaco que un muerto que cobraba como jefe de seguridad del nosocomio.

-Son ordenes, doctora.

-¿Y qué buscan, bombas, armas, drogas?

-Medicinas, doctora, ¡medicinas!

-¿Qué?, preguntó confundida.

-Al subsecretario Clark se le ocurrió hoy en la mañanera culpar del desabasto nacional de medicamentos al robo hormiga en hospitales de médicos, enfermeros y empleados de los hospitales, y de inmediato se dictó una directiva nacional de revisar a todos a su salida.

Damasia calló, su mente era asaltada por la imagen de la sietemesina Andrea de la incubadora 9 con membrana hialina a la que tuvo que operar de emergencia horas antes casi con cuchillo de pedernal, sin personal de apoyo completo, en condiciones de absoluta precariedad y en la oscuridad de quirófanos sin focos. Pero la mente es maldita y siempre suele jugarnos las contras y le trajo inmediatamente después la escena del gemido desgarrador, casi salvaje, de la madre de Jacinto cuando le comunicó su muerte, mientras el padre de desplomaba como saco de papas.

-A ver, no nos aumentan el sueldo, le dijo a Camilo, contratan médicos cubanos y les pagan varias veces más que nosotros y nadie sabe dónde están ni qué hacen; nos tienen sin equipos, condiciones, elementos ni medicinas para trabajar, estamos abandonados en el frente de guerra y sin mando, y ahora… ¿nos acusan de rateros?

-No te enojes, Damasia, dijo Camilo ya en plan de compañero de trabajo de tantos años, a nosotros también nos llevan entre las patas: o robamos o dejamos robar.

-Pinches genocidas por ineptitud. ¡Miserables! O sea, robamos las medicinas para que se nos mueran los pacientes en los brazos. No nos están acusando de ladrones, nos están acusando de asesinos seriales, ¿es que no se dan cuenta? ¿Son tan pendejos? ¿O solo son miserables?

-El policía al lado de Camilo la interrumpió, dicen que robamos las medicinas para vendérselas afuera del hospital.

-Otra tremenda estupidez, se cuentan por millones las medicinas y suplementos faltantes, y a nivel nacional somos de 150 mil y 185 mil médicos y enfermeras, tendríamos que robarnos miles de unidades cada día y tener miles de farmacias para deshacernos de ellas; además, si así fuese, habría una gran oferta de medicamentos en el mercado que no veo por ningún lado. ¿O tú sí?

Ambos policías movieron la cabeza en silencio.

-Ocho años después de darle en la madre a México, continuó Damasia, siguen culpando a todos: son incapaces de asumirse incapaces.

Tras de ella se empezó a gritar: “Luego platica doctora, avance por favor”.

Damasia volteó a verlos. Todos callaron, todos la respetaban.

-Tenía que llamarse Clarck, dicen que no son racistas, pero se apellidan Sheinbaum, Kershenobich Stalnikowitz, Clarck y los ladrones Morales, García, Hernández, González, Lara. ¡Malditos! ¿Sabes qué, Camilo?

-¿Qué?

-No voy a dejar que revises mi bolso ni a mí. Y háganle como quieran.

-No me chingues, Damasia, vas a armar un pedo.

-¡Pedo es que se nos mueran los niños por falta de higiene, mantenimiento y medicinas; pedo es tener pacientes en los corredores y curarlos en las salas de espera; pedo es trabajar entre goteras y cubetas, pedo es operar a oscuras, pedo es tener un gobierno incapaz.

-No nos hagas esto Damasia, no ves que no te puedo dejar salir.

-Siempre ha habido robo de medicamentos en los hospitales, pero somos nosotros los doctores y el personal de enfermería los que los denunciamos porque afecta nuestro trabajo, pero nunca hacen nada los directivos. ¿A cuántos de los que yo personalmente te he señalado han corrido o metido a la cárcel, Camilo? ¿Cuántos, carajo? Y, a ver, dijo alzando la voz, ¿quién sabe qué estudió este pinche subsecretario Clarck que nos acusa de ladrones?

Todos se vieron sin saber responder.

-Este acusador de médicos y enfermeras estudió ciencias políticas, ¿sabrá lo que es atender una emergencia en riesgo de vida, o una infección contagiosa, o ver morir niños con cáncer por falta de medicamentos? ¿O es que solo sabe leer estadísticas y acusar a los demás de sus pendejadas? ¡Qué chinguen a su madre!, a mí no me va a llamar ladrona.

María Damasia, cirujana pediatra con 30 años de experiencia fue cesada ese mismo día sin la liquidación por el IMSS y sin que por meses avanzaran sus trámites de retiro. Tiempo después, aún con las cirugías pediátricas suspendidas, murieron en su hospital por una infección en incubadoras once niños neonatos que a la fecha nadie ha podido explicar y que, como tantas atrocidades, fueron olvidados en unos cuantos días.

La semana pasada Damasia sufrió un evento cardiaco, viejos y queridos compañeros suyos acudieron a salvarla, apenas cabían en su pequeño departamento, en él solo encontraron unos cuantos frascos de medicinas de uso común. Mario, el cardiólogo que le aplicó las maniobras de resucitación, gritó al darla por muerta: “¿Y dónde chingaos están todos los medicamentos que te robaste en treinta años de trabajo, ¡Carajo!?”

El subsecretario Clarck contrató a Epidemio un multimillonario videorreportaje del surtimiento de medicinas en hospitales, públicos. Epidemio filmó una serie de tres entregas en un moderno, lujoso y rechinando de limpio hospital de zona donde comprobó un inventario del 98.76 por ciento de medicamentos y equipo, el hospital se llama “Hugo López Gatell Ramírez," fue inaugurado a mediados del 24 y está ubicado en Paliacates; su derechohabiente único es Acacio Pirado.


Todos los personajes de esta serie son ficticios, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia

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Serie Acacio

Acacio Pirado
Estampas de La Chingada
Cuando Ariel le copió a La Beatrix
Funerario Adams
Acacio siendo Acacio
La insomne


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Luis Farias Mackey

Luis Farias Mackey

Ser o no ser, preguntó Hamlet. ¿Soy éste que soy?, preguntó Quetzalcóatl. ¿Vivo yo todavía?, preguntó Zaratustra. La primera es una opción binaria: sé es o no sé es. La segunda es la trama de la vida misma: ser lo que sé es. La tercera es descubrir si, siendo, efectivamente aún sé es. Vivir es un descubrimiento de lo que sé es a cada instante. Porque vivir es hurgar en el cielo y en las entrañas, en los otros -de afuera y de adentro-, del pasado y del presente, de la realidad y la fantasía, de la luz y de las sombras. Es escuchar el silencio en el ruido. Es darse y perderse para renacer y encontrarse. Sólo somos un bosquejo. Nada más paradójico: el día que podemos decir qué somos en definitiva, es que ya no somos. Nuestra vida es una obra terminada, cuando cesa. Así que soy un siendo y un haciéndome. Una búsqueda. Una pregunta al viento. Un tránsito, un puente, un ocaso que no cesa nunca de preguntarse si todavía es.

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