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Utopía y surrealismo

Foto: lfmopinion.com


Trump y mañaneras.

En Voluptas Mors, Salvador Dalí, juega con siete cuerpos femeninos desnudos. Se trata de una imagen cadavérica ‘a tableau vivant’ de placer, deseo, muerte, gracias a la fotografía de Philippe Halsman, acusado a los 22 años de la muerte de su propio padre, encarcelado y liberado por un perdón presidencial después de la intervención de Freud, Einstein, Mann, From y Wassermann, entre otros, en los años treinta del siglo pasado, entre guerras, un lustro antes del inicio formal de la Segunda Guerra Mundial.

Es una foto histórica sobre el mundo surrealista. La expresión se refiere a la fugacidad de la vida y el placer, a lo inevitable de la muerte… y a la vez, la celebración de la voluptuosidad, hija de Eros y Psique, y, por extensión, instalada en Utopía, un lugar imaginario donde todo es perfecto. En el Silencio de los Inocentes, con Judy Foster y Anthony Hopkins, se usará esta imagen como marca de casa.

La Utopía se conoce también como lugar ideal, el paraíso, el cielo en la tierra, el Edén, Shangri-La o Nirvana; es quimera, fantasía, ficción; es perfección y justicia, un lugar armónico e idílico.

En la Biblia, el paraíso es originalmente el hábito de la desnudez de Adán, donde vive en gracia divina con Eva, hasta que Satanás en forma de serpiente los tienta para desobedecer a Dios y cambiar para siempre su destino al ser expulsados de la Utopía; que sin embargo, podrá recuperarse gracias al sacrificio de Jesúss de Nazareth y el perdón de los pecados. Él mismo le dice al buen ladrón “acuérdate de mí, hoy estarás conmigo en el paraíso”.

El escultor Miguel Ángel Buonarroti pintó al fresco en la Capilla Sixtina su célebre ‘Caída del hombre, pecado original y expulsión del paraíso’, que es referencia artística incomparable y ejemplo del Renacimiento.

Tomás Moro (Santo Tomás para los católicos), pensó en el siglo XVI en una isla llamada Utopía con la organización ideal de la sociedad, regida por la razón, con ciudadanos de alta calidad ética. Seres felices, dedicados al trabajo productivo, a la lectura, la contemplación, el misticismo y el placer. Contiene en su propio nombre un destino limitado; significa ‘lugar que no existe’. Esta sátira política plantea que no habrá pobreza, nadie morirá de hambre y no imperará la avaricia. E. Bloch escribió que Utopía ‘es posiblemente la primera descripción en la edad moderna del sueño democrático-comunista’.


En Un Mundo Feliz, Aldous Huxley se refiere a la distorsionada organización social clasista del futuro, que ya es el presente, donde el Estado es el gran controlador, en una sociedad jerárquica de prácticas reproductivas inflexibles hacia la Utopía con matrices artificiales y adoctrinamiento generalizado, en una absurda sociedad clasista, desde Alfa hasta Epsilon todos son aparente y selectivamente felices gracias al soma. Hasta que aparece el Salvaje y como en otro cuento menos parecido a la realidad, es disruptivo del sistema y tiene el valor de decir: ¡yo no! ¡Tengo derecho a sentir y decirlo de otra forma, a romper las reglas, incluso a ser infeliz! Ciertamente cuando se escoge vivir a contracorriente el precio suele ser costoso. Ni siquiera la neumática Lenina lo entenderá verdaderamente. Norte, noreste, este, sureste, sur, suroeste.

Entonces, ¿por qué fascina tanto socialmente la Utopía? ¿Será acaso porque estamos más cerca históricamente a la chocante distopía? Al clásico ‘1984’ o a La Granja de los Animales de George Orwell, que leímos en secundaria.

Parece que necesitamos del ideal del paraíso para combatir la desesperanza y no perder conscientemente la razón al avanzar día a día en la azarosa transformación del mundo y de nosotros mismos, para afrontar los costos del progreso, la soledad, la desesperanza, el trabajo enajenante.

Tal vez sirve como recompensa futura para portarnos con civilidad, con respecto a los demás y con nuestra propia conciencia y, a la vez, ser socialmente aceptados, reconocidos, ser parte del llamado éxito social y ejemplo del adoctrinamiento moderno al cumplir casi sin rechistar normas legales, éticas, religiosas, familiares, que nos definen y limitan.

Habrá, sin embargo, algunos cuestionamientos, aunque generalmente estériles, intrascendentes, para convivir en sociedad en relativa paz y armonía, pertenecer y explicar los abusos, la corrupción, las diferencias, las injusticias, el racismo, la pobreza, la violencia y las guerras. Como una vacuna que a muchos protege y no prende en los salvajes.

En fin, para no terminar prematuramente muertos, en el manicomio o en la cárcel. Y al mismo tiempo, aún sin saberlo, contribuir a la reproducción del capital, a su concentración y a la desigualdad intrínseca del modo de producción dominante, casi sin darnos cuenta a cabalidad, inconscientemente, de forma surrealista.

Se trata en realidad de una estrategia de dominación, de acciones de los sistemas de gobierno y opresión para controlar a la población, principalmente a los disidentes, a los peligrosos artistas y científicos, a los revolucionarios; es una mercancía como otra cualquiera, en el mejor de los casos envuelta en esperanza repetida, distractora y consustancial para apoyar la viabilidad política de los gobiernos y gobernantes de todos los tiempos.

Algunas escenas:

El proyecto de reelección de Trump que ya está instalado en la realidad, sin una verdadera oposición coherente hasta ahora, se basa en la venta al respetable, aunque sea en verdad irrespetable, del peligro migrante y la construcción del mentado y obsesivo muro, el combate comercial sobre todo contra su rival chino y amenazas e insolencias a México y los mexicanos, por el aumento de ‘hordas’ de migrantes (centroamericanos principalmente), el creciente consumo de drogas en amplios sectores de la población de la élite de jóvenes WASP (blanco, anglosajón, protestante), ya no sólo en comunidades marginales de negros, asiáticos, blancos desadaptados y latinos. Más la relevancia e influencia de capos-narcos y su perfil e imagen social en los medios modernos de comunicación, que reflejan aspiraciones contrarias a la Utopía, a valores sociales y que son contaminantes de comportamientos criminales.

Además, el reforzamiento y puesta en práctica de políticas francamente retrógradas y peligrosas como, por ejemplo, la legislación prohibicionista de abortos y otras prácticas médicas e higiénicas de derechos reproductivos, así como el cierre de clínicas de salud y eliminación de programas educativos y de asistencia que, sin duda aumentarán, las enfermedades y muertes femeninas de la población más vulnerable a nombre de un puritanismo decimonónico ramplón y anticuado, con la complacencia de grupos conservadores extremistas y económicamente poderosos, que apoyarán monetariamente, como antes, la campaña naranja de reelección.

En su bipolaridad, este presidente, siempre majadero, envió al Congreso el inicio del trámite de aprobación del nuevo tratado trilateral con Canadá y México y asumió al mismo tiempo una estrategia de imposición de aranceles progresivos del 5 al 25% a todas las exportaciones mexicanas a los EUA, lo que de entrada afectó el tipo de cambio del peso, el nivel de ganancias en las bolsas de valores y su tendencia, algunos precios internacionales de bienes consumibles, la competitividad mundial de ambas economías, su crecimiento, los programas de inversión, creación de empleos y el bolsillo de los consumidores mexicanos.

Paradójicamente también los mercados y agentes estadounidenses se verán afectados en la guerra comercial, ya que al demandar ciertos productos, nacionales, principalmente agropecuarios y de las ramas automotriz, metal mecánica, turismo y otros servicios, pagarán el costo de los berrinches insolentes de quien incluso juega con el proceso de destitución o ‘impeachment’ desde la Cámara de Representantes, porque cuenta con mayoría republicana en el Senado y tiene garantizados los votos que en el extremo impedirían el proceso.

En su campaña de reelección vende la Utopía de un país que requiere terapia intensiva, para lograr un mundo mejor, aunque en realidad contribuye surrealistamente a su deterioro y destrucción.

Por su parte, probablemente André Breton aplaudiría las conferencias mañaneras del famoso Andrés Manuel, donde machaconamente insiste en contra de la corrupción, la pobreza y la violencia. Pareciera que le aconsejó decir: ‘no pierdan la fe’, sueñen en grande. Sí se puede. Ánimo’.

En efecto, en estas representaciones superrealistas todo se vale, cuando algo es levemente incómodo, queda el recurso de las variables de reconstrucción de la Utopía: no mentir, no robar, portarnos bien, ser felices a partir de la honestidad; mientras que los malandrines que están identificados y que merecerían la cárcel de ser culpables, son surrealistamente ignorados.

En este marco, al beligerante Trump, se le contesta y muy bien, ‘‘su lema de campaña, le dice, es una falacia, no convierta a los EUA en un gueto” Y añade para consumo nacional: ‘‘primero los mexicanos’. Lo que a mí me parece francamente maravilloso. El anaranjado contesta a twittazos y muestra su limitada capacidad sarcástica y nula ironía política. Es un adversario peligroso por irracional.

Al mismo tiempo, el famoso AMLO logra con esta reacción el apoyo abrumador de millones de ciudadanos, incluso de algunos de los grupos que hasta antier eran críticos recalcitrantes, por decir lo menos, los conocidos antiPeje: el ticher, por ejemplo, antes bien recompensado por su conocida manipulación informativa, se refiere a la oportuna reacción frente a las amenazas del insolente vecino y subraya cualidades, ‘se queda con algo’, dice.

En contra, los de siempre siguen vociferando, aunque en la coyuntura son menos los que les creen. Parece que hoy pudieran importar menos que ayer las diferencias… e incluso el monto de los aranceles.

La patria está en peligro y salvarla es lo primero. La reconstrucción de la Utopía en nuestro país está en marcha, aunque la 4T contenga toneladas de sal surrealista.

¡Viva la voluptuosidad mexicana, que nos salvará (respetuosamente) de cualquier mentecato, por más poderoso que sea!







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APOSTILLA

Mi inteligencia, todo aquello que me hacía ser el Doctor Salazar se he perdido entre los años. Cada vez me parezco más a estas bestias chimuelas y de fealdad exagerada con las que comparto vida y celda.

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