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PROHIBIDO PROHIBIR

Espíritu de Cuerpo

Policía Federal.

La policía federal, conocida como “los federales”, se fundó en 1931, su última modernización, enésima reorganización, fue durante la administración del expresidente Calderón. Más de cien mil mexicanos murieron durante ese sexenio.

Los federales han sido históricamente un cuerpo represor, temido en la mayor parte del territorio nacional. Su corrupción generalizada y desprestigio es de tal magnitud que los ciudadanos nos cambiamos del otro lado de la acera al ver venir frente a nosotros a esos uniformados.

Antes no era tan notorio el descrédito, el DF era un pañuelo y dicen que los mafiosos respetaban cierto código de conducta, incluso que hacían trabajos sucios de interés político promovidos desde Los Pinos, Gobernación o la propia Regencia o Jefatura del Departamento, sin mayores aspavientos.

Se sabe que la violencia en el país ha crecido en gran medida por la incapacidad de la propia policía por cumplir su responsabilidad y por luchar sin éxito contra los criminales, a los que se han asociado en multitud de ocasiones. En lugar de combatirlos los protegen, se unen en un verdadero Espíritu de Cuerpo, que teóricamente debiera expresarse como el ambiente solidario que los animara a actuar con base en los mismos buenos propósitos e intereses. En la realidad, es la justificación para actuar unidos y cubrir mutuamente sus tropelías y excesos, para taparse los unos a los otros.

En 2009 cuando se realizó con bombo y platillo su nueva configuración y organización actual, había alrededor de seis grupos o carteles de narcos en México, que se disputaron la distribución de drogas, materialmente calle por calle, con infiltrados y protección policiaca, muchas veces desde los altos mandos, y que originó una re configuración geográfica del crimen organizado con nuevos actores y lucha a muerte entre un sinfín de bandas y grupos. Hoy el ambiente está tan desgastado, que los federales propusieron a Calderón como su representante, ¡hágame usted el favor!

Desde la época del sonorense Arturo Durazo (a) El Negro hasta Genaro García Luna y los mandos recientes, el desprestigio de la policía ha sido mayúsculo y creciente. Primero como tragedia folklórica y luego como tragedia de horror de inimaginables proporciones. Desde los cuerpos anónimos encontrados en el Río Tula de supuestos malandrines hasta sofisticados especialistas profesionales en represión, tortura y fabricación de delitos.

Era común explicar que México era principalmente sólo ruta de paso de drogas, hasta que un día, empezaron a pagar con droga colombiana y aprendieron como cocinar aquí mismo bajo nuestras propias narices y creció exponencialmente el consumo nacional de estupefacientes.

A la luz de esos hechos cotidianos la policía en México a sido catalogada como una de las instituciones públicas de menor confianza e identidad social, con alto desprestigio popular ganado a pulso.

En México, no hay forma de matizar su mala reputación y ni hablar de caer en un Ministerio Público, que las más de las veces es una experiencia dantesca.

En cambio, los Boobys de Gran Bretaña no llevan armas y son generalmente respetados por los ciudadanos, aunque Sherlock Holmes los ridiculice de tarde en tarde, los ciudadanos confían en ellos.

Los Flicks de Francia son temidos y respetados, en una relación ambivalente de contención imprescindible de la delincuencia. La burguesía francesa sabe que son necesarios ante la expansión de nuevas manifestaciones y necesidades sociales; en ocasiones han servido de cómplices cuando llevan al presidente, en secreto, desde el Palacio del Eliseo a ver a su novia a un segundo piso. Vive la France.

La Guardia Civil española, aunque heredera del franquismo, ha logrado conquistar una suma de respetabilidad entre la mayoría de los ciudadanos gracias a que se han contenido abusos y malas prácticas antes comunes, a pesar de los excesos en Cataluña.

Por su parte, en los EUA los cuerpos policiacos son temidos, respetados e incluso admirados por grandes sectores de la población, a pesar de que se han documentado muchas actitudes racistas, abusivas y excesos en el uso de la fuerza y falta de intervención adecuada en áreas de alta criminalidad como en Los Ángeles, Miami, Baltimore y Chicago, por ejemplo.

Personalmente he confirmado las características a que hago referencia, y aunque sea como mínima muestra anecdótica, tal vez pueda servir de guía a considerar en el próximo encuentro policiaco de algún amable viajero lector.

En Londres fui detenido por exceso de velocidad. Después de explicar el motivo, de extrema urgencia pues llevaba conmigo a un compañero estudiante a quien le notificaron el grave estado de salud de su padre, el Booby me regresó mis papeles, me dijo que manejará con cuidado y nos escoltó unas cuadras hacia el hospital.

En Normandía rumbo a Inglaterra, mientras yo dormitaba en el asiento trasero, después de una memorable cata de calvados, mi hermano manejaba y zas, detrás de un árbol, escondido, salió un Flick y nos paró, el motivo fue que no tenía el carro la calcomanía actualizada del Mot y las placas francesas. Después de enseñar los papeles en regla y presumir nuestra admiración por el paisaje francés, habiendo leído antes a Pierre Daninos, “Les Derniers Carnets du Mayor Thompson”, se me ocurrió decirle “ya sabe cómo son los ingleses, no ha sido posible cubrir el impuesto por las placas francesas y no me facilitan el trámite por no haber pagado el Mot” M. Le Flick coincidió conmigo en que el espíritu inglés es cuando menos obsesivo, extraño, insular, aún antes del Brexit y después de recomendar manejar con cuidado nos deseo suerte del otro lado del Canal y nos recomendó regresar pronto a Normandía pero con todos los papeles en regla.

Rumbo a Sevilla con mi mujer embarazada cruce una doble línea y el Guardia se apareció de la nada. La misma rutina, de enseñar licencia y seguro. El señorito, dijo, se da cuenta que aquí no es Méjico, y se requiere cumplir con normas y reglamentos. Aguanté la perorata y dije aloof, “señor oficial, la verdad es que no me di cuenta de la doble línea, además venía yo manejando absorto porque viene mi primer hijo y en Sevilla haremos una celebración”. Pues bien, señorito: no lo vuelva hacer (nunca supe en realidad a que se refería) y felicitaciones a la señora su esposa. Me devolvió mis papeles y alcance a decirle: no se crea todo lo que dicen que pasa de México.

En los EUA hace un año me paro la oficial Sanchez, sin acento, me pidió licencia y seguro y me indicó que no había hecho alto total en una calle anterior con luces intermitentes. Aquí no conviene discutir ni pelear, con mi mejor sonrisa le sugerí que hiciera lo que debiera hacer. Me tuvo 20 minutos con la potente luz de halógeno a mis espaldas, mientras ella iba y venía, le daba vueltas a la Escape y consultaba quien sabe qué datos. Acto seguido me entregó el ticket con la multa respectiva. Dije buenas noches y agregué con mi mejor sonrisa: tal vez nos veamos después… (lo que en el argot local se conoce como “see you at Court”. Total, que jamás proceso la multa y yo caminé después de arriba abajo la calle anterior y nunca encontré las luces intermitentes. Cuando he comentado lo anterior a conocidos avezados, coinciden en señalar que la oficial seguramente buscaba a alguno sin papeles o alguien acalderonado con varias cervezas encima.

En Grecia me preguntaron en la frontera norte rumbo a Agion Oros si había ido a Turquía y en Holanda las fechas de vigencia del seguro.

En Tijuana al salir del recinto fiscal la Policía Federal le cobró a mi hija $100 dólares (¿se suman al total de remesas que mandamos?) disque por no detenerse en una inexistente señal de alto, en Otay.

De acuerdo con la Ley, en 18 meses deberá desaparecer la Policía Federal y sus actuales miembros podrán incorporarse a la Guardia Nacional, a Migración, Aduanas a otras corporaciones; o ser liquidados de acuerdo con su antigüedad. Que así sea por el bien de México.

Sin embargo, nunca hay que olvidar que policías federales estuvieron involucrados en muertes y desapariciones en Ayotzinapa, Nochixtlán , Apatzingán y Tanhuato, entre otros lugares sinónimo de prepotencia y muerte.

Hay que recordar siempre que secuestros y otros crímenes que lastiman enormemente a la sociedad se han ejecutado en coordinación entre policías federales y hampones ex policías.

Y que para la pacificación del país urge un cuerpo policiaco diferente al actual y una Comisión Nacional de Derechos Humanos que no defienda su cinismo.

Acabar con la corrupción, abatir la pobreza y reducir la violencia no es tarea fácil, habrá grandes obstáculos promovidos por quienes pierden privilegios. Hay periodistas consagrados antiPeje de su lado, que manipulan la información y venden batidos de desprecio, llanto y coraje. Algunos hasta neopromotores de la Policía Federal se han vuelto los últimos días.

¡Cosas verdes Mío Cid!





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