PARRESHÍA

De chefs y otras cosas

De chefs y otras cosas

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Derechos Humanos.

El tema es evaluar. Más bien dicho, evaluar la evaluación; porque muchas veces la vara con que se mide y los criterios con que se califica no son, ya no óptimos, sino ni siquiera apropiados y, por tanto, la evaluación, además de errada es injusta.

Voy a llevar el ejemplo al absurdo, si se juzga el desempeño de un maratonista con criterios propios de equitación, lo más seguro es que erremos de cabo a rabo.

Las experiencias son ampliamente conocidas en la administración pública. Muchas veces se valoran los programas de desarrollo social por el número de personas atendidas en el papel y no por los impactos objetivos y medibles que dicha atención tiene sobre la población. No es lo mismo decir que se visitaron diez mil hogares con violencia intrafamiliar, a acreditar que se solucionó esta dinámica de barbarie en un número determinado de hogares y cómo se logró. También se puede medir el ahorro en el gasto público sin considerar daños directos o colaterales en servicios, eficacia, eficiencia, alcance y oportunidad.

Pues bien, la Señora Piedra dio una entrevista a Rene Delgado, publicada en Reforma el día de ayer, en la que descalifica todo lo actuado por la CNDH desde su creación como inútil y fracaso. Duras palabras en boca de la primera responsable de dicha institución.

El argumento central para sostener su dicho es la presencia de un chef con un alto sueldo en la estructura de recursos humanos de la Comisión, sin hacerse cargo que hoy en día tal profesión implica una licenciatura regulada por el sistema nacional de profesiones y que muchas entidades públicas y privadas ahorran por esa vía recursos en gastos de representación. Pero ello es lo de menos. Lo importante es el argumento. ¿Se puede reprobar el desempeño todo de una institución pública por una o varias indebidas contrataciones? Ella habla de aviadores y nepotismo, lacras endémicas en las relaciones laborales -condenables sin resquicio-, pero que no necesariamente reportan la descalificación absoluta del desempeño sustantivo de una institución de esta envergadura, aunque sí acrediten irregularidades en ciertas franjas de sus tareas adjetivas en materia de administración de recursos presupuestales y humanos. Se pueden encontrar responsabilidades administrativas y hasta penales en la administración pública que no necesariamente impliquen demérito en el quehacer sustantivo de la institución de que se trate e incluso que, habiendo daño en la función pública, demeritan solo una parte de su desempeño, no todo.

La ausencia de inventarios médicos en el sector salud pudiera ser objeto de posibles responsabilidades, sin que por ello se pueda declarar la inutilidad total y el fracaso absoluto del sistema de salud nacional, incluidas todas sus instituciones y todo su personal. En el mismo sentido, juzgar al magisterio por las acciones de la CNTE o, mejor dicho, de ciertas expresiones radicales de ella, sería absurdo e injusto.

Regresando a la entrevista de la Señora Piedra, se le cuestionó si todo lo hecho por la CNDH antes de su llegada ha sido inútil y sostuvo que sí con los siguientes argumentos: la CNDH fue creada por Salinas, luego, entiendo, es un pecado de paternidad y, por tanto, una pena trascendente, expresamente prohibida por la Constitución. Bajo ese argumento tendríamos que cerrar el gobierno todo, habida cuenta que no hay institución pública hoy que no haya sido creada antes de esta administración y su paternidad, por ende, a sus ojos cuestionable.

Lo siguiente fue lo que más llamó mi atención: “Salinas de Gortari nos lo dijo a nosotros (nótese la primera persona del plural), a las madres del Comité Eureka (se entiende las madres de los desaparecidos que busca dicho Comité), iba(sic) a dar respuesta y que ya nos fuéramos tranquilas; las doñas, como le(sic) decimos (nótese la segunda persona del plural), se fueron ilusionadas y la respuesta fue la Comisión Nacional de Derechos Humanos y nosotros jamás (vuelve a primera persona del plural), jamás obtuvimos una respuesta satisfactoria.”

Salinas se comprometió, según dicho de la Señora Piedra, a dar respuesta y ésta fue la creación de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, institución autónoma y vigilante del propio gobierno. Tenemos que hacernos cargo, además, que la Comisión se crea para atender todo caso de violación de derechos humanos en México por parte del poder público, no los exclusivos de un colectivo en especial. Esa fue la respuesta de Salinas, hasta ahí podía llegar su injerencia y responsabilidad, habida cuenta que la Comisión, para ser y ser efectiva, debe ser autónoma del gobierno, principalmente de su rama ejecutiva, de otra suerte no faltaría quien ahora quisiera imputar a López Obrador el desempeño de la CNDH bajo la presidencia de la Señora Piedra.

Ahora bien, de la Comisión, dice la Señora Piedra, “jamás, jamás obtuvimos una respuesta satisfactoria”. Es decir, que respuesta sí obtuvieron, pero, a su juicio, “no satisfactoria”, con lo que entramos a subjetivismos jabonosos y difusos. ¿Qué entiende la Señora y el colectivo del que forma parte por satisfactorio? Pudiera ser que la respuesta que obtuvieron no fue la que deseaban o convenía a su causa, sin por ello ser falsa o errada. Pudiera ser que un 99% de los asuntos de su interés hubiesen sido atendidos y resueltos, pero no les fuesen satisfactorios por el faltante, o bien que resueltos todos los asuntos primigenios se hubiesen sumado y sumen cotidianamente nuevos. Puede incluso que haya asuntos sin solución -a lo imposible nadie está obligado-; ante ello, ¿es valido descalificar por alguna de estas razones todo el trabajo de esta noble institución?

Y quién iba a imaginar en aquel entonces que la respuesta de Salinas y la hasta la fecha no satisfacción de la Señora Piedra y su colectivo estarían hoy bajo la responsabilidad de ella, a quien le corresponde dar respuesta a sus particulares demandas, así como a toda violación de derechos humanos en todo México. Suponiendo sin conceder que hasta hace unas semanas la CNDH haya sido inútil y fracaso, toca a la Señora Piedra que no lo siga siendo. Y si, por el contrario, no lo fue, ni inútil ni fracaso, toca a ella no lo llegue a ser.

Por otro lado, ¿corresponde a la CNDH encontrar a todos y cada uno de los sujetos de interés de un colectivo en particular o proteger los derechos humanos y vigilar, investigar y denunciar cualquier violación de ellos por parte del poder público sin importar quien lo encabece?

¿Debe una institución pública evaluarse a la luz de una agenda política de un colectivo en particular, por más legítima que ésta sea?

¿Es la agenda de un colectivo vinculante para un organismo público “autónomo”?

Las legítimas causas familiares, colectivas y políticas de la Señora Piedra en su calidad de individuo y ciudadana tendrán que ajustarse a su esfera legal, que le permite hacer todo aquello que la ley no prohíba; pero sus atribuciones públicas (derechos y obligaciones) que como presidente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos le corresponden, tienen que ejercerse haciendo exclusivamente aquello que la ley expresamente le faculta y obliga.

Finalmente, no vaya a ser que por andar cuidando a la institución de Chefs desatienda su alta encomienda de cuidar los derechos humanos de todos y cada uno de los mexicanos.




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Luis Farias Mackey

Luis Farias Mackey

Ser o no ser, preguntó Hamlet. ¿Soy éste que soy?, preguntó Quetzalcóatl. La primera es una opción binaria: se es o no se es. La segunda es la trama de la vida misma: ser lo que se es. Mejor dicho, descubrir lo que se es, porque vivir es hurgar en el cielo y en las entrañas, en los otros -de afuera y de adentro-, del pasado y del presente, de la realidad y la fantasía, de la luz y de las sombras. Siempre somos un bosquejo. Nada más paradójico: el día que podemos decir qué somos en definitiva, es que ya no somos. Nuestra vida es una obra terminada, cuando cesa. Así que soy un siendo y un haciéndome. Una búsqueda. Una pregunta al viento.

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