PARRESHÍA

Extraño enemigo

Extraño enemigo

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Sin representación tampoco tributación.

“No hay tributación sin representación”, fue la razón de la independencia de las colonias inglesas en el continente americano, a quienes cobraban impuestos sin tener voz ni presencia en la toma de decisiones que les afectaban. Hoy la misma condicionante aplica perfectamente a México, y sí, para independizarnos de la Chaira: sin representación tampoco tributación. ¿Alguien se siente representado políticamente hoy?

Es por eso fortalecieron al SAT y a la UIF, por miedo y en detrimento de los ciudadanos, por eso continúan apropiándose de espacios de participación política con similar daño, pero bien dijo un presidente, de aquellos de los de a de veraz: “Un pueblo con hambre no perdona”.

El himno habla de un extraño enemigo, no necesariamente de un extranjero. La extrañedad es entre los propios y es más cercana que la extrañeza, propia del extranjero que deriva de extrarius, qui extra focum sacramentum, iusque sit: "quien está fuera del ¡hogar!, del sacramento y del derecho", por ser ex altera terra, quasi exterraneus, "de otra tierra, casi sin tierra" (Agamben). El extranjero no es propio del hogar, el extraño sí lo es pero distinto, singular, excepcional. Luego entonces, el extraño enemigo también puede ser de casa pero inusitado, y como al extranjero profanador del suelo patrio, que hoy tanto gustan decir, un soldado en cada mexicano encontrarán.

Tengo que coincidir hoy con ellos, en eso sí no son iguales, son extraños e inauditos.

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Luis Farias Mackey

Luis Farias Mackey

Ser o no ser, preguntó Hamlet. ¿Soy éste que soy?, preguntó Quetzalcóatl. ¿Vivo yo todavía?, preguntó Zaratustra. La primera es una opción binaria: sé es o no sé es. La segunda es la trama de la vida misma: ser lo que sé es. La tercera es descubrir si, siendo, efectivamente aún sé es. Vivir es un descubrimiento de lo que sé es a cada instante. Porque vivir es hurgar en el cielo y en las entrañas, en los otros -de afuera y de adentro-, del pasado y del presente, de la realidad y la fantasía, de la luz y de las sombras. Es escuchar el silencio en el ruido. Es darse y perderse para renacer y encontrarse. Sólo somos un bosquejo. Nada más paradójico: el día que podemos decir qué somos en definitiva, es que ya no somos. Nuestra vida es una obra terminada, cuando cesa. Así que soy un siendo y un haciéndome. Una búsqueda. Una pregunta al viento. Un tránsito, un puente, un ocaso que no cesa nunca de preguntarse si todavía es.

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