PARRESHÍA

Y sin embargo se mueve

Y sin embargo se mueve

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Morena tampoco será eterna.

Yo siempre soy el mismo, pero no lo soy. Cuando me veo de niño, joven, adulto o ya de salida, me aprecio siempre yo, pero el tiempo ha variado mi físico, volumen, cabellera, agilidad, entendimiento, pero no eso que llamo mi ser, que ha sido desde que nací y será hasta que muera.

Quisiera pensar que eso es México: por más malos gobernantes que hayamos sufrido lo seguimos percibiéndolo en un modo de ser que es sin importar sus infortunios.

Pero quizás yo como perceptor no percibo mis constantes cambios, o me niego a percibirlos, así como el devenir implacable; puede ser que nos enseñaron a ver instantes estancos y no concatenarlos en devenir. Soy el mismo, pero diferente. El hecho es que Grecia feneció, Roma cayó, el medievo dio paso al renacimiento y éste a la modernidad, la Francia de Napoleón aún no cesa de gozar sus glorias ni de pagar sus fallas, de la Alemania de Hitler no quedó piedra sobre piedra, más sí sus lecciones de odio, el México de hace 30 años perdió su encanto y lustre tan pronto dio inicio el nuevo siglo.

Para nuestra fortuna Morena tampoco será eterna, aunque nos lo parezca. Sheinbaum no es López y López es ya casi un fugitivo; tampoco los mexicanos cegados por su demencia mesiánica son los mismos, de tiempo atrás los costos de aquella borrachera nos son a todos cada vez más gravosos. Sheinbaum misma se boicotea todos los días inmisericordemente.

Me podré sentir el mismo, pero mi percepción me engaña, eppur si mouve.


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Luis Farias Mackey

Luis Farias Mackey

Ser o no ser, preguntó Hamlet. ¿Soy éste que soy?, preguntó Quetzalcóatl. ¿Vivo yo todavía?, preguntó Zaratustra. La primera es una opción binaria: sé es o no sé es. La segunda es la trama de la vida misma: ser lo que sé es. La tercera es descubrir si, siendo, efectivamente aún sé es. Vivir es un descubrimiento de lo que sé es a cada instante. Porque vivir es hurgar en el cielo y en las entrañas, en los otros -de afuera y de adentro-, del pasado y del presente, de la realidad y la fantasía, de la luz y de las sombras. Es escuchar el silencio en el ruido. Es darse y perderse para renacer y encontrarse. Sólo somos un bosquejo. Nada más paradójico: el día que podemos decir qué somos en definitiva, es que ya no somos. Nuestra vida es una obra terminada, cuando cesa. Así que soy un siendo y un haciéndome. Una búsqueda. Una pregunta al viento. Un tránsito, un puente, un ocaso que no cesa nunca de preguntarse si todavía es.

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