PARRESHÍA

Pavor colérico

Pavor colérico

Foto Copyright: X

El paisaje se viste de lúgubre y puebla de sepulturas de lo anónimo.

El lugar del canto está vacío” (Agamben): los personajes continúan en su deriva de happy ever after, en tanto olvidamos, incluso, que somos. Caminamos como espectros, sin contornos, sincronía, ni destino.

Lo que ayer fue revolución hoy es efímera y exacerbada afición, mientras dure.

Privan los antivalores: lo vulgar, la ignorancia, el desprecio, la mentira, lo infame, el sinsentido, lo cloacal, lo chorreado, lo payo, el sarcasmo, lo patán, lo canallesco. Hay una especie de fruición por lo fúnebre, la voluntad y el esfuerzo no son por ser más, sino por menos y peor, hasta el paisaje se viste de lúgubre y puebla de sepulturas de lo anónimo: ni siquiera ya la muerte nos pertenece.

Espectros en vida o desaparecidos, avanzando en tinieblas hacia la nada: entropia y en el poder pavor colérico, vacío.



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Luis Farias Mackey

Luis Farias Mackey

Ser o no ser, preguntó Hamlet. ¿Soy éste que soy?, preguntó Quetzalcóatl. ¿Vivo yo todavía?, preguntó Zaratustra. La primera es una opción binaria: sé es o no sé es. La segunda es la trama de la vida misma: ser lo que sé es. La tercera es descubrir si, siendo, efectivamente aún sé es. Vivir es un descubrimiento de lo que sé es a cada instante. Porque vivir es hurgar en el cielo y en las entrañas, en los otros -de afuera y de adentro-, del pasado y del presente, de la realidad y la fantasía, de la luz y de las sombras. Es escuchar el silencio en el ruido. Es darse y perderse para renacer y encontrarse. Sólo somos un bosquejo. Nada más paradójico: el día que podemos decir qué somos en definitiva, es que ya no somos. Nuestra vida es una obra terminada, cuando cesa. Así que soy un siendo y un haciéndome. Una búsqueda. Una pregunta al viento. Un tránsito, un puente, un ocaso que no cesa nunca de preguntarse si todavía es.

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