PARRESHÍA

Ya les llegará su Núremberg

Ya les llegará su Núremberg

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La ley y su cumplimiento no son obligaciones del encargo público, sino conductas opcionales al criterio, cálculo o sandez de quien detenta el poder como propio, caprichoso y omnímodo

Lo que la presidente nos dice con el “no cumplas con la norma”, es que el funcionario público tiene el derecho y la capacidad para determinar qué norma sí se cumple y cuál no, según su entender, circunstancia e interés, más eso no dispone la Constitución: todo funcionario público es un sujeto, por ende, alguien sujetado, al encargo de una función pública que, por serlo, no queda a su albedrío, sino que ella y él están normados en su cumplimiento. La función pública y la norma que la regula son obligatorias, no quedan al arbitrio, capricho, humor, cálculo, ignorancia o estulticia del funcionario público.

Lo que muestra Sheinbaum con esta actitud y manifestación es una visión patrimonialista del poder, para ella el poder es un bien para usarlo como propiedad y explotarlo en beneficio propio, no una capacidad para llevar a cabo acciones normadas por el derecho con impactos de carácter público y, por ende, con autoridad y responsabilidad igualmente públicas.

La norma rige a la función y al funcionario, no éste a aquélla.

En otras palabras, para Sheinbaum la ley y su cumplimiento no son obligaciones del encargo público, sino conductas opcionales al criterio, cálculo o sandez de quien detenta el poder como propio, caprichoso y omnímodo, ergo, del tirano.

No cumplas con la norma” es una patente para delinquir en el poder, no para que el poder prevenga y castigue el delinquir.

Ya les llegará su Núremberg.

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Luis Farias Mackey

Luis Farias Mackey

Ser o no ser, preguntó Hamlet. ¿Soy éste que soy?, preguntó Quetzalcóatl. ¿Vivo yo todavía?, preguntó Zaratustra. La primera es una opción binaria: sé es o no sé es. La segunda es la trama de la vida misma: ser lo que sé es. La tercera es descubrir si, siendo, efectivamente aún sé es. Vivir es un descubrimiento de lo que sé es a cada instante. Porque vivir es hurgar en el cielo y en las entrañas, en los otros -de afuera y de adentro-, del pasado y del presente, de la realidad y la fantasía, de la luz y de las sombras. Es escuchar el silencio en el ruido. Es darse y perderse para renacer y encontrarse. Sólo somos un bosquejo. Nada más paradójico: el día que podemos decir qué somos en definitiva, es que ya no somos. Nuestra vida es una obra terminada, cuando cesa. Así que soy un siendo y un haciéndome. Una búsqueda. Una pregunta al viento. Un tránsito, un puente, un ocaso que no cesa nunca de preguntarse si todavía es.

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