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Las relaciones en el Nuevo Mundo

Las relaciones en el Nuevo Mundo

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Hacia lo inédito.

1.- Después del coronavirus Covid19, después del recuento de daños. De la pérdida física de muchos, enfrentaremos una profunda crisis económica-financiera e intelectual de orden mundial. Millones de desempleados y un aumento de generalizada pobreza en zonas caracterizadas por índices de marginalidad crecientes y de necesidades apremiantes de servicios básicos: alimentos, agua potable, salud, habitación, empleo, educación. Reducción del producto interno y menor desarrollo. Además de retos adicionales de salud emocional y valores.

Sabemos que el mundo y nuestras relaciones no serán iguales al antes de Covid19. No tendrán el mismo ritmo, ni serán idénticas las formas de interactuar con nuestros semejantes y la naturaleza, o el resto de ella. Nuevas expresiones de comunicación entre personas y sexos, entre empresas y naciones prevalecerán. Nuevas formas de hacer las cosas, más allá de la subsistencia, muchas cosas cambiarán para vivir plenamente en armonía social.

Recuerdo que el maestro Puente, en la clase de Biología en secundaria, con voz grave recitaba: “jóvenes, aprendan, el ser humano nace, crece, se reproduce y muere”. Naturalmente, nosotros que gozamos del nacimiento, asumimos por descontado el valor de la vida y en pleno crecimiento físico y hormonal, el asunto de la reproducción era lo que más nos interesaba; la muerte era lejana, incomprensible, a pesar incluso de haberla sufrido cerca.

Los más pícaros sonreíamos con eso de la reproducción, (¿cuándo llegaremos ahí? La práctica nos entusiasmaba), sobretodo al ver de reojo a algunas de nuestras compañeras que mágicamente se sonrojaban y parecían adquirir de pronto en las mejillas un maravilloso color entre durazno y melocotón.

Así que después el mundo fue cambiando y nosotros con él. Crecimos. Ya en la universidad, nosotros privilegiados, nos comprometimos a buscar la verdad, nos comprometimos a comprender, a luchar por causas justas, muchas veces imposibles, románticas, todas para mejorar el mundo, para transformarlo. Como el poeta dijo, lo importante es la aventura, la vida misma, sin limitación alguna. Leímos textos malditos, a los marginales, a los excluidos, casi a todos. Leímos a Sartre, por más que no agrada ahora a las élites burguesas, precisamente por describir un estilo de vida siempre vinculado a La Libertad. Por protestar, por buscar nuevos caminos. Por predicar con el ejemplo, aún equivocadamente. Por tener derecho a volver a intentarlo.

Nos emocionamos con Ladrones de bicicletas, con La Edad del amor y Cinema Paraíso, por ejemplo. Fuimos a todas las reseñas y muestras cinematográficas en el Cine Roble; disfrutamos, aprendimos, lloramos, reímos y discutimos con 81/2, Blow Up, Darling, Repulsión, La Dolce Vita, La Strada, el Jardín de la Doncella, Fresas silvestres, Persona, Escenas de un matrimonio, Gritos y susurros, entre muchas otras obras de arte. Además de los clásicos: Casablanca, Breakfast at Tiffany, An affair to remember, El cartero llama dos veces, Easy raider, One flew over the cuckoo’s nest, La vida es bella, Emmanuelle, Last tango in París, La historia de O y Stars Wars, entre otras muchas. Recitamos los versos de Sabines, de Pellicer, de Manrique, Cervantes, López de Vega, Quevedo y Lorca; cantamos y aplaudimos música de protesta en el Coyote Flaco y leímos con avidez todo lo que caía entre nosotros. De mano en mano era la consigna. Recuerdo que me entusiasmó un grueso libro que descubrí en la magnífica biblioteca paterna de Camelia, Volupté, lo descubrí leyendo palabra por palabra con la esperanza de encontrar lo más admirable e intrincado de la descripción amorosa. Motivado para leerla en francés, decidí inscribirme en la Alianza de San Ángel en busca de otros títulos prometedores, prohibidos, subversivos; además de mis queridos Tiempos Modernos. Pues, les cuento, esa voluptuosidad resultó un fiasco aburrido. Una vez más en carne propia aprendí que no siempre debemos de juzgar sólo por el título, por la envoltura y la editorial. Sin embargo, en la Alianza conocí gente maravillosa, inspiradora, amorosa, una en especial que me cambió y mejoró la vida. Además de comprender mejor a M. Proust: del tiempo perdido, al tiempo recobrado.

También tuvimos la suerte de viajar, de amanecer frente a la Torre de Pisa con la cabeza torcida y admirar el Olimpo. El mundo de entonces era una nuez. Y México una experiencia luminosa, inspiradora. Recuerdo que en ese entonces, colaboré en la edición de las Guías Turísticas con el Dr Gutierre Tibón, inflexible en la buena redacción y la Sra Yurén, un encanto de jefa.

En ese tiempo, sería acaso también por mi juventud, las relaciones con los demás eran relativamente fáciles, nos abrazábamos, nos besábamos, nos preocupábamos juntos, nos acercábamos. En fin: era un mundo táctil y no virtual.

2.- Después de la pandemia será tiempo de reencontrar nuevas manifestaciones para nuestras relaciones. Nuevas expresiones de amor y sexo. Me explico: antes una minifalda era un acontecimiento social.

Hoy las redes están inundadas de fotos, invitaciones, clubes, historias de hombres y mujeres que buscan lo inimaginable y lo encuentran. Nada se esconde. A partir del mundo virtual, se accede a veces, a la realidad.

Un famoso productor hollywoodense está condenado de por vida por violación y abuso, un par de ejemplares motivacionales, un líder religioso y otro de disque superación asociados a mexicanos de élite en programas religiosos y de lavado de cerebro, están acusados y esperando la decisión de la justicia por promover prácticas de pederastia, violencia y abuso.

Mañana, después de la pandemia revaloraremos nuestras relaciones, nuestras prácticas amorosas, desde la seducción hasta la aceptación, que ahora tiene que ser expresamente consensual, a riesgo de acabar en los tribunales o en #metoo. Nada que ver de cuando el pavo real se pasea ufano y despliega sus mejores galas para motivar a la pava. Ya no será para nada suficiente, aunque prevalezcan, en ocasiones, los llamados “free”. No memories at all.

En la soledad del mundo de consumo, nos hicimos más egoístas: compre, compre, compre.

Sea lo que tiene.

Espero sinceramente que cambie la rutina y revaluemos el aire limpio, el respeto por la naturaleza, por los vecinos y por nosotros mismos. Ojalá haya más empatía en este planeta que nos cobija y logremos ser más consecuentes con lo que somos y el deber ser.

He oído rezos que agradecen la tragedia. Otros que repiten convencidos que ¡por fin!, se portarán bien. Que prometen bajarle al ruido y a la contaminación. Que dejarán de golpear, de abusar. Que repartirán con mayor equidad las ganancias. Que el mundo será mejor sin tanto egoísmo de los “Baby Boomers”, que podemos ser teóricamente prescindibles.

En cuanto a la pandemia y el sexo, ya abundan terapistas, especialistas en adicciones, consejeros, clínicas y promotores de prácticas de sana sexualidad, medicamentos cura todo, educación en diferentes poses, posiciones y artilugios, deseos y tratamientos de disfuncionalidades, estabilidad emocional y asistencia para mejorar las relaciones incluso… en la distancia.

Otra modalidad creciente en el nuevo mundo postCovid19, es la vida en solitario donde el mercado ofrece robots y aparatos diseñados para todas las apetencias. Los de última generación son de ondas magnéticas que garantizan en dos minutos total satisfacción en la privacidad de su hogar o su oficina. Lo privado en público y lo público en privado, mientras el mundo sigue rodando. Fiel a su naturaleza, China los exporta.

3.- Con nostalgia, anacrónicamente, escucho en el nuevo Macintosh, es decir, el teléfono celular, la sinfonía número 9 en Mi Menor, la sinfonía del Nuevo Mundo de Dvorak. Muy a propósito para este renacer mundial, hacia una mejor sociedad. Otra nueva oportunidad.
En el nuevo mundo, los mexicanos podríamos empezar por abandonar la ignorante incuria , la discriminación y la estupidez, y dejar de agredir a médicos, enfermeras y otros trabajadores de la salud. Un primer paso hacia el cambio. Hacia lo inédito.







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Arturo Martinez Caceres

Arturo Martinez Caceres

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