PROHIBIDO PROHIBIR

Los olvidados en la pandemia

Los olvidados en la pandemia
Cultura.

Nunca nadie pensó que esto sería así, millones de muertos y contagiados en todas partes. Cuarentenas y encerronas imprescindibles. Casi nula actividad económica y falta de ingresos. Pobreza y un malestar generalizado que prevé la urgente necesidad de salir, de echar todo a andar en esta nueva normalidad, aunque sepamos que el virus no nos dejará para siempre, cuando menos hasta que las vacunas funcionen… y entonces con seguridad aparecerá otro invisible, microscópico, que tendremos que aprender a destruir o confinar.

En este tiempo ha habido actividades y sectores visibles, dramáticamente afectados por la pandemia, como el turismo, la aviación, hoteles, restaurantes y bares; micro, pequeñas y medianas empresas, todas ellas, más o menos, han recibido o recibirán estímulos, apoyos gubernamentales, créditos blandos, donaciones, …pero hay otros grupos sociales y actividades que son los olvidados de siempre, más aún en un país subdesarrollado como el nuestro, donde el rezago se vuelve consuetudinario, casi siempre permanente. Donde casi nos acostumbramos a la discriminación diaria.

Entre los activistas contra la mansedumbre, destaca la cultura, los artistas y artesanos en todas sus expresiones, los grupos indígenas que practican la danza y la poesía, la música y la difusión de relatos orales, muchas veces en lenguas autóctonas.

Los artistas y los técnicos que los acompañan en su diario batallar y que han sufrido in extenso en la pandemia, como si no fueran socialmente necesarios, y pudiéramos vivir sin música, sin teatro, sin danza, sin pintura y escultura sin lectura y poesía. Como si hubiéramos decidido por la urgencia olvidar lo más relevante, lo que somos. Como si la emergencia no fuera de todos.

La cultura no es sólo información, costumbres y valores. Es la forma cómo vivimos, la calidad de vida que escogemos y cómo resolvemos carencias y problemas. Un pueblo culto tendrá siempre mayor capacidad para ser feliz, para disfrutar la vida, para ponderar lo relevante y dejar de perseguir quimeras y mentiras.

El arte es la expresión más detallada de la cultura social en la obra individualizada del artista. Expresa apetencias y carencias, modas y expectativas, ilusiones, pecados, odio y amor.

Piense usted, por ejemplo, en la Capilla Sixtina que todos conocemos, en la Torre de Babel, la Piedad, la Novena, el Huapango, los murales de Orozco en el Hospicio Cabañas, los murales de Diego y Siqueiros, las pinturas de Sorolla, Picasso, Dalí, Miro y Van Gogh, el teatro de Shakespeare, o de Bertol Brecht. las novelas de Faulkner, de Huxley, de Cortázar, los escritos de Borges y de Dostoyevski, el teatro de Elliot, el Quijote de la Mancha. Los Tres Mosqueteros y el Cyrano de Bergerac.

Mi generación y otras estarían incompletas sin Sabines, sin el Gabo, sin Neruda, sin Paz. Sin Baudelaire. Sin mujeres maravillosas que nos dotaron de mejores perspectivas como Elena Garro, María Izquierdo, Rosario Castellanos, Tina Modoti, Pita Amor, Julia Kristeva y muchas, muchas más.

Sin actores como López Tarzo, Mastroianni, la Loren, Liv Ullman, Al Pacino, Alex Guinness y directores de cine como Fellini, Buñuel, Lelouche, Resnais.

Gente de teatro en México como Mario Ficachi, Jorge Rios, Marcela Sánchez Mota y Octavio Zeivy. Con artistas pintores, grabadores y escultores como Adolfo Mexiac, Patricia Salas y Roberto Chaudon. Músicos como El Potro, Gus Farías y Xavier Azali; triunfadores como Cuarón, del Toro, Blanca Marroquín, Salma Hayek, Gael García…

A todos agradezco su trabajo, su expresión, sus desvelos para crear, para expresar lo que yo he sentido. Lo que me identifica y mejora como ser humano. Lo que me eleva a la más sublime condición del simple animal erectus.

En realidad, nada trascendente seriamos sin el arte. Por ello los griegos, los mayas, los egipcios, los chinos, fomentaron la poesía, la danza, la pintura, la escultura, la música, porque en ello se reflejaron individualmente, porque el arte muestra lo mejor de nosotros. Porque es una buena opción para la crítica y la renovación, porque vemos ahí nuestros deseos y necesidades.

¿Quién no pensó en Lolita? ¿A quién no lo cambió el monólogo de Bloom?¿A quién no emocionó Pedro Páramo? ¿Y quién no enamoró con las canciones de María Greaver, del Flaco de Oro, de Álvaro Carrillo, de Manzanero? ¿Quién no bailó con Imagine, o con Los Rollings? ¿Quién no abrazo con la música de Raif Coniff, de Michel Legrand? ¿Quién quiso visitar París al ver Casablanca? ¿Y ver bailar a Ana Sokolov, a Amalia Hernández, a María Antonietta Caserio?

Durante el Renacimiento, los mecenas procuraron el bienestar de los artistas para que tuvieran la posibilidad de hacer su mejor oficio en el famoso “ocio creador” que produjo obras de arte que aún perduran para nuestro asombro y gozo.

Se sabe también que las dictaduras y otros gobiernos represores, lo primero que tienden a controlar y a prohibir son las expresiones artísticas, el teatro de crítica social que tanto ha sufrido, los periódicos libres, las novelas impublicables. Cuando la música se hace cartabón para agradar al poderoso. Y se asesinan a los poetas.

Un pueblo inculto se vuelve zafio, superficial, inconsciente, con pérdida de la memoria y manipulable.

Cree todo lo que la autoridad dice, se vuelve mecánico: de la casa al trabajo del trabajo a la casa, paga impuestos, ve tele todo el tiempo, hace lo que todos, se olvida de su individualidad, se comporta como masa gregaria y llega al extremo de justificar crímenes y locuras, quema de libros, censuras, gobernantes deificados, mientras en su cómoda sobrevivencia renuncia a su derecho a contradecir la manipulación informativa, el status quo y el bienestar de élites cuya único objetivo en la vida es acumular, hacer dinero de cualquier forma, mientras confiesan no haber leído nunca un libro o no acordarse de tres títulos que pudieron cambiarles la vida (y también a los sufridos gobernados).

Ante la pandemia no veo ningún programa viable que apoye a los artistas mexicanos, como sí lo hay en Francia, en los EUA, en Alemania y Japón, por ejemplo.

Se conoce que a Winston Churchill, alguien le preguntó en pleno bombardeo alemán que porqué destinaba recursos para la promoción del arte, el teatro principalmente en tiempos de guerra. Se dice que contestó, entre sorbo y sorbo de whiskey, ¿entonces para qué peleamos, sino es para preservar nuestra cultura, nuestros valores, nuestra identidad ?

La identidad de los pueblos está directamente vinculada a sus expresiones artísticas, cómo nos comunicamos, cómo cantamos, cómo reímos, es al final del día lo que somos y será nuestra historia.

Por todo lo anterior es inadmisible que a esta comunidad artística mexicana, de muchos y muy buenos artistas se le vilipendie, se le trate de marginar y no respetar con la dignidad que merece. Requiere apoyos y estímulos urgentes para pagar la renta, para acceder al ocio social de la creación. Para enfrentar la emergencia.

Simplemente porque es fundamental su labor en nuestro presente, pero también en nuestra historia y no tendremos futuro como nación sin cultura, sin reflejarnos, sin trascender y disfrutar las manifestaciones artísticas que hacemos.

Es inaceptable que, desde la Secretaria de Cultura en México, se conteste con un vulgar “no desesperen” a las necesidades urgentes de artistas independientes.

Se requiere un programa de pies a cabeza de estímulos, apoyos y oportunidades para todos los artistas mexicanos que están sufriendo en la pandemia. Es urgente recordar que los trabajadores de la cultura, no son más pero tampoco menos que otros grupos vulnerables, que nuestro país necesita de todos.



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Arturo Martinez Caceres

Arturo Martinez Caceres

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