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La perversidad y la discordia social

La perversidad y la discordia social

Me refiero a las anomalías en el comportamiento crítico, no propiamente a las parafílias sexuales, como en la obra de Sade, aunque desde luego, unas y otras pudieran nutrirse y relacionarse mutuamente.

El primer axioma de este trabajo es, siguiendo a Thomas Hobbes, que la naturaleza humana es perversa por definición.

Todos sabemos que a lo largo del tiempo ha habido conductas que ejemplifican este comportamiento de perfidia, desde Hitler, Calígula, Nerón, Gengis Kan; hasta Stalin, Pinochet, Castro, Chávez …y Truump. Cada uno con distinto grado de perversión y afectaciones desde el poder.

Modelos en la siembra de discordia social han sido capaces de provocar rupturas, grietas y divisiones entre personas y países, donde las clases sociales y su conformación influyen en el tránsito frente a la escasez, la discriminación, el progreso, la calidad de vida, la educación y la cultura.

Bajo la égida de la diosa griega Eris se promueve el desacuerdo, las opiniones divergentes, las diferencia irreconciliables y las pendencias; mientras que Harmonia, hija de Afrodita, es la diosa de la concordia y armonía, que por el cúmulo de su destino, siempre anda del tingo al tango, de prisa, de un lugar a otro, a matacaballo.

Hoy en la sociedad mexicana, la crítica y la discordia social están en su apogeo. No sólo por el espíritu y proyección del nuevo régimen y la 4T que se plantea reducir la pobreza y acabar con la corrupción, así como lograr otros objetivos que indefectiblemente afectan el status quo y los intereses de empresas y personas físicas privilegiadas en regímenes anteriores.

No sólo por la pandemia que ya lleva entre 30 mil y 50 y tantos mil muertos y no parece controlarse pronto. No sólo por la caída en el crecimiento económico o la violencia que no se reduce. Sino por la forma, por la estrategia para enfrentar y tratar de resolver estos gravísimos problemas socio-económicos, entre otros. Es decir, por el ‘modito’ de hacerlo. Cosío Villegas se refirió al “estilo personal de gobernar”.

Es claro que mientras más dividida esté la sociedad, más complicadas y costosas serán las medicinas para curar las enfermedades y más difícil será cubrir las necesidades crecientes de la población, en un México que es un retablo muy diferenciado entre regiones, estados, ciudades, pueblos.

Retablo diferenciado con enormes carencias que reflejan la inequitativa distribución del ingreso y la riqueza que prevalece y que impacta los niveles generalizados de marginalidad e ignorancia.

En este marco, patético es que se insulte y golpee a médicos y enfermeras con el pretexto de ser portadores de contagios e infecciones.

También es absurdo que mexicanos ricos tengan depositados alrededor de 80 mil millones de dólares en el sistema bancario estadounidense, según la propia autoridad monetaria de los EUA, cuando la tasa de ganancia en México ha sido históricamente mayor, que con creces ha cubierto el precio del mercado de menor desarrollo y mayor riesgo relativos. Más aún, siendo tan necesaria en el país la inversión privada, sobre todo en tiempos de crisis.

Lo que también revela que el patriotismo parece de interés hueco o secundario para estos connacionales ahorristas en el extranjero.

En el mismo tenor, es incómodo que el pejePresidente se haya definido como el Ejecutivo más criticado e insultado en la historia de México, o cuando menos en los últimos cien años. Lo anterior es socialmente irresponsable y perverso, no sólo por la magnitud de insultos sino por el degradante irrespeto.

Sumamente ruin que no sólo a él mismo, sino que el insulto público alcance también a su esposa y a su hijo menor.

Lo que muestra también la decadencia de los agresores, el coraje y la perversidad social en el ambiente. El caldo de cultivo del desprecio y la discordia.

Estas conductas revelan, además, la enorme crisis que vivimos. La polarización y la separación creciente, el universo nacional antagónico.

Más aún, cuando las críticas y denostaciones al Ejecutivo Federal son en general más emotivas que racionales, es decir, faltan razones, aunque en cierta medida hayan sido provocadas por la propia actitud del insultado.

“No lo soporto, es comunista, no sabe hablar, es de familia pobre de Macuspana, quiere destruirnos, va a la Casa Blanca a arrodillarse, lleva a México rumbo a la balcanización entre el norte industrial y el sur de miseria, su posición es de supuesta izquierda, fomenta odios, no le cree ni el diablo…”

¿A quién soporta la crítica? ¿Sabe lo que es el comunismo? ¿Qué es hablar bien? ¿Por qué quiere destruirnos? ¿Qué tiene que ver el diablo? Y así hasta la náusea.

¿Cómo explicar y reducir estas disfuncionalidades que impiden o dificultan el consenso, que alejan el diálogo entre mexicanos? Desde luego, con la práctica común de la política y el arte.

Sin ello, parece que se prefiere un trato entre sordos, donde unos no escuchan al otro. Y el otro se echa cera en las orejas para no oír, para no encantarse con el canto de las sirenas.

Así, cada quien entiende lo que quiere, lo que conviene únicamente a sus propios intereses de clase.

Ni por asomo se argumenta, prevalecen los insultos que no resuelven el drama, no benefician a nadie, aunque en nuestro espíritu nacional los queramos celebrar con vulgares memés y risas.

El asunto de fondo es que, en efecto, hay un grupo muy poderoso de medios de comunicación, de periodistas y pseudo periodistas que creen poseer toda y la única verdad. Acostumbrados a las prebendas y al chayote, hoy muestran estar profundamente indignados, enojados no sólo porque sus intereses han sido afectados, sino porque el futuro no los favorece.

Y del otro lado en las mañaneras, se aprecia la participación de muy limitados y poco elocuentes periodistas mal preparados, donde el ejemplar Molécula se ha convertido en destacado vocero del ‘señor presidente de todos los mexicanos’. De regreso a la lambisconería abyecta.

Más aún, es la abyección en ambos lados de incomunicación, la expresión más acabada de la exclusión y también de desafío al poder. Es la suciedad, la basura interna para insultar como último recurso de incapacidad y de podredumbre.

Cuando el Congreso de Oaxaca declara persona non grata a Castañeda porque no le gusta un pueblo, se equivoca, le da más importancia del que tiene y tiene todo el derecho de expresar su opinión, por abyecta que sea. Cuando la CDH lo recrimina, está actuando perturbadoramente como insolente censor.

Cuando insultan a la Sra. Beatriz por escribir en Twitter su sentir, también se equivocan y se muestra el primitivo desarrollo de la perversidad social. Desde luego, ella perdió una oportunidad de mostrarse cortés y elegante, pero a ello también tiene derecho. El soez insulto es inaceptable y cuantimás expresa la miseria del indignado provocador, que es quien en realidad vive en la cloaca.

En este tiempo polarizado es urgente evitar la decadencia de nuestra sociedad que a todas luces se manifiesta más que incipiente en desarrollo sostenido.

Desde los insultos anónimos, hasta las columnas periodísticas, ejemplo de manipulación informativa y muchas veces pagadas, así como los programa de radio de payasos vulgares y risueños de acuerdo al obligatorio guion antes vomitado.

En contra, el desprecio oficial por los artistas y el arte que es históricamente el camino para unir, para provocar, incidir e inventar una mejor conducta social; para cuestionar la actitud de los poderosos, muchas veces alejados del pueblo, alejados del mundo de los demás.

El artista, en el teatro, en los escenarios, es fundamental para recuperar nuestra identidad como sociedad diferenciada pero única.

Sin embargo, hasta hoy, están pendientes apoyos para artistas que más allá de expresiones de políticos y de empresarios son quienes en realidad se disfrazan de traidores, de mentirosos, de criminales, de violadores, pero no lo son y, en cambio, retratan entre aplausos la conducta perversa de los otros, para construir un mundo mejor, para criticar la hipocresía y la venganza.

Cierto, un pueblo sin arte, es un pueblo sin memoria. El minusvalorado trabajo artístico es en cambio, la única forma de combatir la perversidad social. Ilustrarla, desnudarla, transformarla para progresar juntos, aunque con diferente ritmo.

Como escribiera Martín Franco, con referencia al México convulsionado en la Revolución: “Podrido en odio te revuelcas/ sin tregua, con dolor, sin esperanza/ Hoy el mañana se hizo ayer y sólo puedes comprender tu vesania/ Hoy maldices tu presente/ Y en lugar de abrazarte con la Patria amada/ esgrimes la baba purulenta y corrompida/ la execrable calumnia del autócrata e antes”.

Hacia lo sublime del arte, más allá de la animalidad del insulto que refleja.







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Arturo Martinez Caceres

Arturo Martinez Caceres

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