PARRESHÍA

Gobernar y becar

Gobernar y becar

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Ayuda o sumisión.

Vayamos a lo básico.

Gobernar es mandar con autoridad.

Becar es subvencionar para realizar estudios o investigaciones.

Mandar con autoridad… Veamos qué entender por esto. Lo que hace al mando es la obediencia. Uno manda porque lo obedecen y hasta que lo dejan de obedecer. Autoridad, a diferencia del simple poder o dominio, conlleva un carácter de legitimidad y reconocimiento en quien manda, otorgados y confirmados por quienes le obedecen. Por eso se habla de dos tipos de gobernabilidad; una de origen, que es la forma de acceder al poder; y otra de desempeño, que responde a cómo se ejerce aquél, de manera tal que gobernar es siempre un diario plebiscito de hecho. No se gana de una vez y para siempre, se gana el poder sí, en un momento determinado, pero cotidianamente se legitima con un desempeño efectivo o simplemente se esfuma en lo inefectivo.

Mandar con autoridad no es otra cosa que capacidad de ser legítimamente obedecido en el tiempo.

Quizás se entienda mejor el concepto diferenciándolo de sus opuestos. Hay mandos sin legitimidad ni reconocimiento; mandos por opresión, dominio, uso desbocado de la fuerza, el terror y el miedo. Hitler mandaba, pero carecía de autoridad. Stalin era temido, pero nadie veía legitimidad ni autoridad en su fuerza, solo poder. Hasta sus colaboradores más cercanos vivieron bajo terror y casi todos terminaron muertos o asesinados bajo su poder sin auctoritas.

Hay otras formas de poder sin autoridad. Por ejemplo, los medios de comunicación masiva crean popularidades y llegan a implantar fenómenos de alienación ciega y sumisa. Aquí estamos ante un poder con fuerza psicológica y emotiva, que puede bien tener legitimidad de origen, pero difícilmente de desempeño. Quod natura non dat, popularidad non præstat.

Ahora bien, ¿qué es subvencionar?. Es la acción o el efecto de subvenir. Venir en apoyo, acudir en auxilio. No es ésta una relación directa de mando y obediencia, pero puede derivar en dependencia y postración. De entrada, puede ser una acción de solidaridad y hasta de justicia, pero mal entendida y usada puede terminar en sujeción. Hay quien ayuda para que uno salga adelante y quien lo hace para que no, de suerte de implantar en el "ayudado" indefensión y dependencia.

Mandar con autoridad no es otra cosa que capacidad de ser legítimamente obedecido en el tiempo


A diferencia de la sujeción, la subvención no puede ser duradera. No se puede acudir siempre y en todo momento en ayuda de alguien. Aún del hijo querido se busca que vuele por sus propias alas.

Sólo se puede subvenir mientras se puede. Aunque suene tautológico. La duración de la subvención está sujeta a las capacidades del subventor. Cuando éste deja de estar en capacidad de subvenir requerirá ser subvenido. De allí que tenga que ver por ayudar al otro a salir adelante para aligerarle su carga y la propia. Condenarlo a depender de su subvención es auto condenarse a siempre subvenirlo, lo que va en contra de toda lógica y naturaleza.

Si la subvención tiene límites, qué pasa cuando acaba. Sólo queda la indefensión y la dependencia. Ya nadie viene en su ayuda, ni se está en capacidad de ayudarse uno mismo, pero quien antes lo hacía aún conserva su dominio, secuestro y sumisión. No podrá ayudarte, pero sí someterte. Poder, dominio, no autoridad.

Gobernar es resolver los problemas que a todos agobian: salud, hambre, casa, vestido, sustento, libertad, seguridad, armonía. Becar es ayudar, sin solucionar nada de fondo, problemas individuales.

Concluyo, gobernar no es a becar. La primera responde al reconocimiento y legitimidad constantes en el tiempo de quienes obedecen para con quien manda en base a su desempeño diario. La segunda, cuando no es verdadero auxilio ni desinteresado apoyo, termina en esclavitud.




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Luis Farias Mackey

Luis Farias Mackey

Ser o no ser, preguntó Hamlet. ¿Soy éste que soy?, preguntó Quetzalcóatl. La primera es una opción binaria: se es o no se es. La segunda es la trama de la vida misma: ser lo que se es. Mejor dicho, descubrir lo que se es, porque vivir es hurgar en el cielo y en las entrañas, en los otros -de afuera y de adentro-, del pasado y del presente, de la realidad y la fantasía, de la luz y de las sombras. Siempre somos un bosquejo. Nada más paradójico: el día que podemos decir qué somos en definitiva, es que ya no somos. Nuestra vida es una obra terminada, cuando cesa. Así que soy un siendo y un haciéndome. Una búsqueda. Una pregunta al viento.

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