PARRESHÍA

Brillo y consecuencia

Brillo y consecuencia

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Envoltura.

Al animal, sostiene Montaigne, se le juzga por sus cualidades, al caballo por su vigor y destreza, no por su arnés; pero al hombre se le califica por sus pertenencias: riqueza, servidumbre, blasones. Y va más allá: nadie, dice, compra un gato dentro de un saco, pero al hombre se le valora “envuelto y empaquetado”.

“Nos exhibe sólo aquellas partes que en absoluto le pertenecen, y nos esconde las únicas por las cuales puede enjuiciarse de verdad su valía.”

Y de eso se tratan hoy las campañas políticas y a ello se reducen las democracias. De allí su desdoro y desafección.

“Buscas, dice Montaigne, lo que vale la espada, no lo que vale la vaina; acaso no darás un céntimo por ella cuando la desenvaines.”

Pero la partidocracia y la propaganda en que derivó la democracia nos da gato por liebre.

Cuando se mira al hombre de poder sin los holánes de su investidura “detrás de la cortina: no es otra cosa que un hombre común, y tal vez más vil que el menor de sus súbditos (…) La cobardía, la indecisión, la ambición, el despecho y la envidia lo agitan como a cualquiera. (…) ¿Le evitan la fiebre, la migraña y la gota más que a nosotros? Cuando la vejez le caiga sobre las espaldas, ¿le librarán de ella los arqueros de su guardia? Cuando el terror a la muerte le paralice, ¿se serenará con la asistencia de sus gentiles hombres de cámara? Cuando le aquejen celos y caprichos, ¿le reestablecerán nuestros sobresaltos? Un dosel henchido de oro y perlas no posee virtud alguna para calmar los ataques de un cólico vigoroso.”

El Conde de Aranda ilustraba así a quien sería Carlos IV de España: “Los hombres somos una arca cerrada, en la puede haver diamantes, estofas ricas, paños burdos, y hasta estopa; y solo se sabe su valor quando abriéndose se hace público; y así en las elecciones que no se conocen bien de antemano sucede que el chistoso para la sociedad no entiende palabra de otros asuntos; que el vivo en una conversación se vuelve irresoluto en los negocios; que el moderado en su vida privada se hace rajatablas desvanecido en su imperio; que aun el austero en sus costumbres cede a las lisonjas de sus alrededores, y con ellas lo llevan por donde quieren.”

De allí que a los gobernantes sólo se les conoce en el ejercicio del poder, antes de ello son promesa, brillo, envoltura, como los chocolates de Forrest Gump.

Pierde su tiempo el gobernante que corre contra el reloj, queriendo llevar de nuevo al brillo y promesa de la envoltura y el empaque lo que ya solo puede ser acción y resultados. Así como no hay cortina que calme cólicos, no hay distracción que libere de consecuencias. La flecha lanzada por el arco no puede regresar a él.

Ya lo dijo Erasmo: “Cada cual forja su fortuna con su comportamiento.”



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Luis Farias Mackey

Luis Farias Mackey

Ser o no ser, preguntó Hamlet. ¿Soy éste que soy?, preguntó Quetzalcóatl. La primera es una opción binaria: se es o no se es. La segunda es la trama de la vida misma: ser lo que se es. Mejor dicho, descubrir lo que se es, porque vivir es hurgar en el cielo y en las entrañas, en los otros -de afuera y de adentro-, del pasado y del presente, de la realidad y la fantasía, de la luz y de las sombras. Siempre somos un bosquejo. Nada más paradójico: el día que podemos decir qué somos en definitiva, es que ya no somos. Nuestra vida es una obra terminada, cuando cesa. Así que soy un siendo y un haciéndome. Una búsqueda. Una pregunta al viento.

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